CONTRATAPA

Retirada

 Por Sonia Catela

Los gritos, los huracanes de piernas, el humo; aquél que clama: "Benito Rosso, dónde estás, contestame". Benito Rosso se llama a él mismo; no se encuentra. En un hueco entre la gente que se bate, masa espesa, y trata de salirse del círculo para dejar de ser blanco de los cascotes de la metralla, sentado, Rosso se reclama a sí donde nada es lo que debe, colocada ahí la patria para que pasen los aviones rasantes y actúen en el parche verde al que cercan edificios céntricos, pelear por la Patria y por el comandante les dije en el ministerio, pero esa madre que flamea al sol y mete debajo de la falda a su niño, ¿de quién lo protege? ¿de la patria que la ataca? en la plaza, en la plaza. Cuadro que aprisiono en su integridad, un todo, desde el ventanal del séptimo piso, mirador que me acerca al sufrimiento pero me vuelve remoto, y me preserva, indemne. Soy el que mira lo que hace su responsabilidad, en lo alto; no siendo Dios, a garganta oprimida. Responsable. Observo la batalla como bajo un microscopio ¿Dije batalla? "Orlando Funes" también se requiere, se busca a sí, ojos tapados; el humo, qué día es hoy grita Funes, y se anota "16 de junio" en la pierna metiendo el dedo en el flujo que salta de su hombro herido; en arrebato consigna la fecha en el pavimento, en caracteres gigantescos, usando el dedo como pincel para avisarle a ¿quién? al mundo? El mundo entierra toda fecha en una fosa común, enterate Orlando Funes; seis meses de planes para esto que se pensó un triunfo, mientras Rosso se toma de los ojos, de piernas abiertas en medio de la estampida de la plaza, sentado entre las "víctimas", me atrevo a esta palabra cuando debiera decir "enemigos", pero no me alcanza el cuero para eso, ni para repetir la otra, la osadía de vocearlas "víctimas"; planea una avioneta que se acerca y me dirige piruetas de saludo, ya cumplida su misión de arrojar el trotyl sobre la casa de gobierno la gente la patria; el piloto se hace ver en su venir, signo "v". ¿Victoria, esto? Yo me llamo a mí mismo Benjamín Gargiulo y no me reconozco, me fragmento en esas piernas que abajo corren, no entienden pero huyen por su cuenta, haciéndose cargo; vamos a ganar, gesticula el aviador desde su aparato, qué, qué cosa vamos a ganar ... veintinueve pilotos precipitándose sobre el centro de Buenos Aires; ya no se preguntan los que escapan por qué tienen que huir, desaparecer y salvar la vida en un día normal de trabajo en los sitios comunes de trabajo, bombas, victoria, cuento dos horas, mido dos horas de esta batalla desorientada, tan distante de su cuartel, tres de la tarde, nada ha vuelto a ser lo que es en estos ciento veinte minutos, nada es lo mismo, Pereira se pone de pie y arroja su fusil contra el piso, es una ejecución, apunta fuego contra las órdenes recibidas, pelear por la Patria y por el comandante les dije en el ministerio, pero ninguno de los de allí abajo utiliza su arma; se discutirán los muertos, tantos y no tantos, se regateará, pujas, ofertas, no exageren, no eran trescientos, menos que menos cuatrocientos, dejémoslo en ¿doscientos?, no, demasiado, hagamos cien y cerramos trato; se pesará la sangre, tantos kilos, equis litros de civiles, no dramaticen, están mintiendo, mienten, pelear por la patria y por el comandante, yo, Benjamín Gargiulo, colocaré un tiro más en este remate de bandera roja, un balazo que tampoco valdrá en la cuenta, no se hace la cuenta de los disparos desparramados, un balazo en la sien o en el corazón, no se puede recontar cada munición de lo que se planeó ser y tan poco se parece a una pelea por la Patria, porque nada se halla donde debiera, ¿dónde éstas, Benjamín Gargiulo? me llamo, arma en mano, alzándola con lentitud hacia mi responsabilidad. Apunto.

...

* El comandante de la Infantería de Marina Benjamín Gargiulo se suicidó de un tiro la noche del 16 de junio de 1955, después de los bombardeos sobre Buenos Aires.

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