CONTRATAPA

Contranatura (minificciones labiadas)

 Por Miriam Cairo

1. Bridas

Charolada la escarabaja, prendida en el manubrio del colectivero, invierte sus huesos y sus hoces, y se encalla. Tiene que sentirse vertebrada. Romana no es. Aguamarina tampoco. Ha estado sobre una Mac y ni siquiera pudo preguntar la hora. Con ademanes de pájara abre las alas y el colectivero ni se inmuta. Sube una señora y la escarabaja tiene que hacerse a un lado para no caer en el pie del acelerador. Recula primero y luego otra vez vuelve a ser guardiana del despojo: la última consigna escarabaja. Goza en plena vía pública, a toda velocidad, desafiando semáforos en rojo, manoteando las bridas de la histeria, parada en seis patas, resistiendo el burgués poder de los escarabajos con las escarabajas. En el 122, alucina diciembres con aguinaldo y vacaciones pagas, sobre la bragueta del 122, con tarjeta y cambio justo, la más desposeída escarabaja.

2. Follajes

A esto él lo llama hoja. Es una hoja dice, y a ese color lo llama rojizo. Es una hoja de color rojizo. Y dice que esa hoja color rojizo es para olvidar a todas las otras hojas de colores más frecuentes. El cree en las hojas rojizas como otros creen en los claveles verdes.

3. VIP

El tiene un enorme vientre de sapo enamorado. Las ranas blancas lo buscan para despatarrarse. Le mandan SMS a su Blackberry y él responde discrecionalmente. Las hace entrar al sector VIP del estanque y las para en dos patas. Les hace cosquillas en la panza de rana. Luego se echa de espalda y la rana de turno se solaza a más no poder. Panza de sapo contra panza de rana. Qué deleite. Las otras ranas quisieran ver pero no se aceptan en el VIP sapos de otro charco. Las ranitas solitarias juegan ta te ti con el dedo en el gladiolo, juegan al fideo fino desnudas como ranas, juegan a la mancha caracol y se dejan tocar llenas de baba. En el estanque nadie quiere dejar de ser feliz. Al diablo la procreación: sapo con rana no saca hijos. Rano con sapa, tampoco.

4. ORGANDI

Una ratona profetizó la lluvia y el gato, condenado a estar solo con su gata, comprende la chicana. La ratona hace pis en su orinal dorado y se recrea. Está el jinete que no tiene nada qué decir y está la mariposa oculta en una hoja de color poco frecuente. La ratona tornasol envuelta en una bata de organza, da pasitos de paloma sobre toda la raya del domingo. Sabe que el gato no puede más que ratonearse y contenerse, o bien hacer algún pipí de rutina en el agujerito de siempre. La ratona con los deditos de ratona vierte el licorzuelo en su pequeño vaso y baila una danza de belleza y soledad. Luego mete los bigotes del gato en su sueño y corre, amasa, bebe y dice yo cuando podría decir rana. Y toda su felicidad radica en que sigue siendo ratona en un edificio lleno de gatas.

5. Dice Candil dice

Soy mucho más que esto, dice, mientras pinta su piquito por delante y empalma una varilla de hierro con un garabato por detrás, que le sirve para colgarse. Se llena de aceite por las noches y de la punta le sale un ardor de luz. Está en mi naturaleza encenderme y alumbrar, dice, pero soy mucho más que esto. Tengo uno de los oficios más viejos del mundo, dice. En la calle o en el hogar hago la vida mucho más tolerable, dice.

6. Puro

Entre los hormigos hay uno que tiene cara y orejas de hombre, ojos de pájaro, cuerpo carmesí que se prolonga en una cola alta y peligrosa. Corre con la rapidez de un lobo y es muy aficionado a la carne humana. Su voz es una suma de trombones y reverberación de grandes arenas. Por su nariz sopla el espanto de las soledades y la imaginación popular le atribuye poderes afrodisíacos. Las noches de luna llena, usa pantalones ajustados color pardo y buzo con capucha. A diferencia de los hormigos comunes, tiene por misión custodiar y pulir los tesoros sexuales de las hormigas que tienen tesoros. En navidad, las luces de colores rebotan sobre su cuerpo que es el centro del pasado inmediato y quien lo mira puede verse a sí mismo si se anima. Pero por triste que sea lo mirado, quien se atreve a mirar, para redimirse, puede buscar los ojos del hormigo, que a fuerza de custodiar y lamer sexos a caudales, han adquirido una incomparable pureza.

7. Juegos tristes

No puede. Ella no puede sacarse la mujer que tiene dentro. A solas con su mujer percibe un descastado pudor de peristilo, cala, ágata, terciopelo. A solas frunce la imitación de seda y tilda vocales psicotrópicas, hasta espumar la cordura. Su mujer corre suavemente el himen y paga las cuentas. Ahogada en cerveza se apantalla con la mano de la mujer que tiene dentro y tantea en la cartera el gas pimienta. Con su mujer del brazo sale del bar y tambalea. El taxi lleva una mujer. Una mujer lleva a su mujer en el taxi hasta la casa. Ella no ha ido al carnaval de Río. Apenas si pasó los pies por la avenida costanera. Ella toma de la mano a su mujer y se la lleva a la garganta. Toma el peine con la mano de su mujer y se peina el pubis somnoliento. Ella le cuenta a su mujer cuestiones de un amor fronterizo. Y su mujer la entiende, la contempla en el espejo, amorosa la mano en la garganta. Ella habla de su amor a su mujer. Ah, si el amado fuera una mujer... Ah, si el amado tuviera el pene de amar como mujer... Y en un suspiro la mujer se quita la ropa sensualera. Qué feliz la mujer que está dentro de su mujer. Erótica.

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