CONTRATAPA

Los hilos de la luna

 Por Miriam Cairo *

a) Ya lo he dicho: tu memoria está llena de cosas: gente que fuma junto a la ventana, zapatos de gamuza, canciones, lobos inhibidos, muchachas pelirrojas, chicles Adams. Tu memoria de desván te incita a escribir injustificadamente, y a los asesinos les gusta matar tanto como vivir porque dicen que nadie los ha querido. No te avergüences si a vos tampoco te han querido y no has podido asesinar ni una langosta. Después de todo ¿a cuántos de nosotros verdaderamente nos han amado? Y sin embargo son tan pocos los homicidas. Sé bien que las aradas de tus sueños no están cubiertas de lavandas. No hay anémonas en el ancho terreno de tu despertar pero sí tantas palabras. Y todas dicen cosas que significan y que no. Dicen cosas que llevan hacia atrás, hacia abajo, hacia toda dirección, cuando van y cuando no. Yo lo digo siempre, tus palabras hacen caminar a las cosas que nacieron inválidas.

z) Desde mí ha de salir algún brote, algún resplandor o advertencia.

Ha de servir la mitad de mi sombra como pretexto para el crepúsculo.

Debajo de mis pies habrá de deslizarse alguna dirección, un recorrido, una avidez de ecos y ramajes donde caigan los sueños sucios de la noche.

De mí ha de salir un fruto,

piedra

o luna

con qué romper el transcurso de la oscuridad.

a) En todo momento tuviste la impresión de que estabas en la tierra: te mojaste los labios con saliva. Creíste que estabas en la tierra con tu bata de satén y que yo sólo existía si me tocabas con la lengua.

Creíste que no te habías movido de la tierra cuando arrastré las uñas por tus piernas y pulsé tu grosor. Te colgué de los hilos de la luna y aún así vos creíste que estabas en la tierra.

z) Es difícil hablar del espacio que estamos ocupando. ¿Hay amor aquí? Al menos se deja respirar el aire y contamos con un suelo donde apoyar los pies pero, ¿hay amor aquí? Afuera hay riesgos y hay indiferencia, hay frigidez y desbordes pero, ¿hay amor aquí? La extensión del andar es a la medida de los pasos. La luz es del día. De la noche, la oscuridad. Hay una luna grande y una penumbra. Hay cuerpos generosos y corazones atascados. Hay soledad. Hay miedo. Hay pena. Hay un crepúsculo atemporal. Hay sedientos en todos los bares. Hay ardores que se gastan, se degradan, se derriban. Hay seres que no despiertan la menor curiosidad. Hay predisposición al éxtasis y la melancolía, pero no consigo saber si es posible que haya amor aquí.

a) Es necesario que nuestro cuerpo esté ahí, adentro, medio agazapado, medio dormido, medio lúcido. El cuerpo siempre tiene que estar ahí y sacarse las medias del ciego. Después Cortázar dirá que despertamos y es domingo y es febrero, pero el cuerpo no puede irse. Tiene que estar perdido en los pasillos, caído en el foyer, sentado en la escalera. Si el cuerpo no está donde otro cuerpo lo llama, entonces llegará el momento en que la Callas cantará y se articularán sombras entre las sombras.

z) Tu gata sueña para nosotros una noche asentada sobre los techos bajos de la ciudad. Una noche de nervaduras anaranjadas y sin estirpe de sombra. Tu gata imagina todo lo que no alcanzamos a soñar. Se acongoja cuando nos detenemos como dos pájaros asustados sobre la ingravidez de nuestras almas. Tu gata es la divinidad de los silencios. De las palabras que no queremos pronunciar. Toda vez que transito por tu cuerpo, ella suma su mansedumbre y su mutismo. Hace un repaso sobre lo máximo y lo mínimo, sobre lo inabarcable y lo imprevisto. La alquimia de ese animal y los misterios, agrega dones al abrazo de nuestros miedos. Tu gata desaparece, complacida, cuando nos arrancamos una duración de mundos felices. Ella es más útil que la memoria, más oportuna que los milagros y más abierta que un libro.

a) Tan pronto me iniciabas, tan pronto decías penetrar, yo regulaba mis impulsos para no romperte. Tan pronto trepábamos el día con la escalera de la noche nos metíamos en las sensaciones con ideas que ya nadie piensa.

z) Hagamos de nosotros un tumulto. Una esperanza. Un sentimiento. Un poema.

a) Esto que tenemos es una cadena de explosiones. Un acto salvaje de aislarse del mundo para mejor vernos.

Es un estrellarnos contra almas viejas, tan livianas.

Es un andar más desnudo que la lluvia.

Esto que tenemos no aminora la marcha y levanta del suelo los caminos.

Circula por encima de los hombres y sus muecas.

Esto que tenemos carga nubes. Nos mantiene despiertos y nos llena las manos de estallidos.

z) Escribo porque no sé si lo que desciende del relámpago hasta aquí es un hueso de la esperanza o su colmillo. Porque adentro tengo algo que respira. Y al arrastrar mis caderas sobre el lino, prescindo de soñar con un mundo atado. Escribo porque sí. Porque sorprende.

a) Cuando la noche levanta sus caderas, letras desparramadas me atraviesan. Yo me equivoco de nombres y de rostros pero aún así te encuentro al final de todos mis suspiros.

z) Mientras las noches y los días preparan el complicado sistema del tiempo y sus poleas, yo no sé cómo morder los peces del insomnio, cómo desatarme las prisas de las manos, cómo tenderme, cómo borrarme del cuerpo las marcas de tus ojos.

zaz) Por favor no te descastes. No dejes de pertenecer a la elite de los sumergidos, de los peces que recorren el río en puntas de pie.

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