CONTRATAPA

Déficit

 Por Sonia Catela

Camina, cava un profundo surco en Santa Fe, calle que emite salvoconductos al que le pertenece: "de los nuestros", y sentencias de culpabilidad contra el "otro", otro, morocho, obeso, pobre, bruto, él,

él camina abriéndose paso entre el repudio y el asco, camina impunemente desnudo con una hoja sobre su vientre, papel bandera, insignia ajena, despreciada, al aire los genitales, el pecho velludo, las piernas torcidas, descalzo, pies sucios,

lleva faja de luto en el brazo derecho,

sabe que van a detenerlo, que esos celulares en la oreja de los que circulan alrededor reclaman que el orden retorne la escena a lo que debe ser,

¡renegado!, ﷓le gritan﷓, la ley te golpeará con su martillo,

Los paseantes, cuerpo vivo de esa ley, exigen al agente de policía que custodia la Bolsa de Comercio la normalización inmediata, que ese tipo arríe su inmoralidad, una película porno metida en la cinta de lo normal. El documento que enarbola no interesa. Pero sí la invasión que comienza: vean, vean, al caminante se le suma un obsceno más, desnudo, el que replica gestos con un papel idéntico, y otro que llega desde calle Sarmiento, y ya se detiene ese ómnibus y escupe escoria, un basural en calle Santa Fe de cuarenta, cien hombres ventilando desnudos lo que debe callarse, cállense, ¡policía, actúe! se necesitan alaridos y se los multiplica,

la columna disolvente avanza, trastoca lo virtuoso en indecencia, apostasía,

pero a poco llegan las fuerzas del orden, que los disuelvan, que hieran a unos cuantos de los que usan como escudo el papel de cesantía, empleados despedidos por el "ajuste" económico, sobrantes, residuos, váyanse a sus casas a morirse de hambre, expulsados de un momento para otro, ñoquis, vagos,

"tenemos hijos que alimentar, y nos echan porque sí", desafían los que estrenan el luto de su desocupación, "ustedes son los que nos han dejado en bolas", ululan,

desempleo que demandan las cuentas, el presupuesto del gobierno, su déficit o superávit. Y ellos son el déficit.

los que saben únicamente protestar.

Garrotearlos, ya; el gobernador acaba de anunciar que no reprimirá con armas letales, ¿entonces? Entonces, los gendarmes a caballo: uno enlaza al hombre que camina desnudo, el cabecilla, el promotor del desmán, lo enlaza del cogote y lo arrastra por el pavimento hasta terminar amarrándole las muñecas al paragolpes de una unidad móvil, rodillas raspando el suelo, y así con los otros, ganado para el matadero, los papeles vuelan, vuelan los despidos, ensucian el aire con sus rasgones y manchones de sangre, rápido, una escoba, que los barrenderos actúen y recompongan la pintura clásica de nuestra calle con sus colores, gente sonriente, mujeres portando bolsas de compras, galerías comerciales relucientes, "mirá lo que trajeron de Prada", "¡vaya zapatos paquetes!", sacar el frasquito de perfume francés y vaporizar el ambiente, "che, pará, que vas a acabar la loción". "¿Y? Es "nuestra" calle... ¿no queda todo dicho?"

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