CONTRATAPA

Tierra de sueños (II)

 Por Irene Ocampo

En el sueño de ella había agua. Mucha agua. Subía y mojaba todo lo que encontraba a su paso. Tal vez era una gran lluvia. O tal vez era algo roto que inundaba la casa. Todo lo que había en el piso se mojaba. Y nadie se desesperaba. No era una tempestad. Y por lo tanto no era una tragedia. Y el sueño seguía siendo un sueño. No era una pesadilla. El agua no estaba sucia, era transparente. No era fría. Sólo mojaba. Lo que hace el agua en un balde. Llenaba un vacío. Pero acá aparecía prolijamente en un lugar donde no tenía que aparecer. ¿Quiénes estaban ahí con ella? No lo sabía. Tal vez otras personas que le ayudaron. No veía a nadie más, pero no se sentía sola. Entonces se acordó de que su esposo había muerto. Entonces se dio cuenta de eso. Pero en el sueño no era así. En el sueño nadie moría. Nadie se entristecía. Las cosas sucedían y nadie corría desesperada a pedir ayuda. A cerrar el paso de agua. A buscar baldes para sacar el agua. El agua llegaba y también el agua se iría. El agua calma, recordó. Por eso habían ido al mar a tomar unas vacaciones. Y el mar se había llevado a su esposo. O algo así. Quedaba su pena sobre el mar. Yendo y viniendo sobre las olas. Subiendo y bajando con las mareas. No bastaba con ser quien seguía viva. Debería seguir, hacerse cargo de su vida y de todo lo que le tocaba por herencia. Y ¿qué era lo que quería realmente? Alguien le había dicho que en las cartas veían a una mujer. ¿Otra mujer, o era ella misma? Ahora no podía ver a nadie. Sólo veía sus pies en el agua del sueño. Inmóvil, mirando cómo el agua mojaba lo que tenía delante suyo.

Mascando chicle se llega a Tahití

Desde que se puso a tirar las cartas del Tarot la cajera del supermercado no había dejado el cocotero en el que se había acomodado en el sueño anterior. O mejor dicho, el cocotero parecía el mismo, pero el mar ya no era el Caribe, y no le hablaban más en esa mezcla de español, creole y vayaunasaber qué otra lengua. Ahora sólo sentía un fraseo muy cantarín, y unas palabras sueltas que ella podía reconocer varios minutos después de haberlas escuchado. (Todo esto en tiempos oníricos serán segundos, tal vez menos.) Cuando fue a pedir otro trago, se dio cuenta que hablaba y balbuceaba pero no se hacía entender, y lo que es peor no tenían esa bebida, le ofrecían otras... No conseguía entender qué pasaba, miró su reloj y tampoco entendía, porque marcaba un horario inverosímil. Se sentó cerca de la barra y tomó un poco de agua fría, lo que pudo al final lograr que le dieran. Sentada en la mesa empezó de a poco a entender. No estaba en el Caribe, estaba en una isla que se parecía mucho. Hablaban francés y les llamaba la atención su mazo de cartas con los nombres en otro idioma. Finalmente le preguntó a una turista que hablaba un poco de español y le confirmó que estaban en Tahití. No se sorprendió, pero quiso visitar la casa de Gauguin, y aprender a pedir chicles en francés.

¿Sueños o fantasías?

En el sueño la habitación se transformaba en otra. En su sueño o en lo que llegaba a recordar una vez que despertaba y le ponía nombre a las sensaciones y a las imágenes que vio en ese otro estado de conciencia. Tal vez la secuencia no era esa, y ¿qué era el tiempo en todo caso?, mientras su cuerpo no se movía y su mente veía cosas que se movían y cambiaban de color. Parecía que hablaba de algo que vio en el cine o de un programa en la tele. Pero la diferencia en este caso era que la protagonista era ella, con otro color de pelo, con otro cuerpo incluso, pero era ella. ¿y cómo estaba tan segura de que era ella y no era otra? Y al ser un sueño lo podía ver desde su punto de vista, como en primera persona, como en el cine ¿no? No se trataba de otra persona. Era ella misma, lo sentía en el cuerpo. Lo sabía. No había otra forma de explicar esas imágenes y lo que ella había sentido al vivirlas/verlas/soñarlas. Entonces ¿soñar es vivir otra realidad? ¿tener otra vida? No, solamente tener la sensación de que podés vivir otra cosa, viajar o conocer a otras personas o tener las relaciones que quisieras, pero que en la realidad no son posibles. ¡Ah, las fantasías! ¿Las podés vivir y concretar en los sueños? A veces se puede, no siempre. Y hay otras veces en que te das cuenta que son fantasias que ni sabías que tenías.

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