CONTRATAPA

Budas

 Por Miriam Cairo

I.

Llega a grandes pasos el buda de mis sueños y se sienta junto a Dios. A dúo hacen malabares con los planetas distantes. Qué seré yo. Qué seremos nosotros sino un espejo astral acá en la tierra.

Dios y el buda de mis sueños señalan un sol más alto que un reloj de péndulo. No sé cómo ni por qué, pero muchos de nosotros somos necesarios para el éxito del plan imaginado por el inmenso Dios y por el pequeño buda de mis sueños.

II.

La gente me hace preguntas en el lugar humano, en el lugar de los astros donde se metafisican las palabras. ¿Por qué? ¿Por qué existe el miedo? ¿Por qué se nos debilita el aura? ¿Por qué la extrema lentitud de las promesas? Yo les ofrezco bendiciones poéticas y medito ante la plantita de buda a cuyo existir he consagrado la vida, el amor y el humor.

III.

El pequeño buda pájaro se aproxima dando saltitos de calandria sobre la escritura rapsódica y recorre la salud psicosomática de las palabras.

No será aullido imprescindible,

voz de maestro,

lección de historia.

No será sueño,

ni pájaro que muere por morir.

Es sólo un pequeño buda dentro de cada célula, aquí, a pocos pasos de la simiente, donde la luna germina perfecta.

IV.

En el fin del mundo una plantita de buda germina en todo objeto,

árbol,

montaña,

luna,

en todo nacimiento

y en toda vida.

Deja huella sobre el polvo de lo que no existe, y al verse más hermoso y más imposible que antes, no sabe si el existir vegetal es una leyenda que nada tiene que ver con la realidad o si se trata de una cifra mística que siempre permanece oculta, es decir, de una realidad que nada tiene que ver con la leyenda.

V.

El pequeño buda de los espejos estira la manito redonda hasta corregir todas las medias horas. Dios se pone en cuclillas y lo observa. El pequeño buda transparente tiene en la boca la luz parpadeante de una antorcha de carbón vegetal. El mundo opaco le quema los ojos pero él se echa sobre el césped metafísico y, como todo niño, retoza en su intemperie.

VI.

El pequeño buda color celeste no olvida que siendo niño su madre trabajaba muy lejos y que al atardecer iba a esperarla a la parada del colectivo hasta que ella descendía de un platillo volador blanco como el azúcar. Cuando su madre no llegaba, se iba al río y Dios le encarnaba pensamientos de amor y alabanza en la caña de pescar.

VII.

Cuando va siendo la hora, el pequeño buda extraterrestre avisa, a viva voz, que hay suficientes astros para que todos comamos uno.

Dos astros para cada uno.

Todos los astros que deseemos para cada uno.

Dice el pequeño buda sideral que existen estrellas sobre las estrellas; y cielos por encima y por debajo de los cielos.

Dice también que el hambre astral es la utopía de los escépticos.

VIII.

Vamos todos de prisa, dice el pequeño buda de los libros.

Hombre es hombre.

Mujer es mujer.

Buda es buda.

Dios es dios.

Marguerite Duras es Marguerite Duras.

Bob Dylan es Bob Dylan.

El marqués es el marqués.

En mi mundo el marqués es mi mundo,

como un astro pequeño que reencarna en constelación.

IX.

El pequeño buda de las rosas anda al galope montado sobre un caballo inmaterial.

Rosas púrpuras para las amantes calvas.

Rosas grises para las ebrias de soledad.

Rosas crisantemas para los amores increíbles.

Rosas homosexuales para los asteroides hipnotizados por la luna.

Es el florista cósmico que florece en su rosa onírica.

X.

Siete gotas de flores por la mañana y siete gotas de flores por la noche, me da de beber el pequeño buda de Bach. Dice que los animales, y los astros distantes, y todo lo que existe está dentro de él. Y si está dentro de él está dentro de Dios. Y si está dentro de Dios está dentro de mí. Con un pigmento rojo.

Con siete gotitas de flores.

Tome usted siete gotitas de poesía y haga de sí mismo su nave espacial.

[email protected]

Compartir: 

Twitter
 

 
ROSARIO12
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2020 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.