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Ingeniosos

La gente puede ser ingeniosa. Por eso muchos deciden ser igualmente ingeniosos y se presentan a la sociedad como excelentes todólogos. No discriminan si sus análisis se relacionan con sucesos en el servicio público: charlan con choferes de colectivo y con taxistas. Tampoco les molesta relacionarse con toda la fila del banco. Expresan su ideología y disconformidad en facebook, discuten en foros elevando su presión arterial. Es gente que se toma la vida demasiado en serio. Les preocupa muchísimo su clase social: las otras que se pudran, y si son más pobres, que revienten. A esta gente la horroriza el paupérrimo estado del actual sistema educativo, pero desconoce cada avance, cada logro. Eso sí, saben de las netbooks, y reniegan con ello mes a mes, cuando llega la cuota 13 de la compu comprada en 24 cuotas. Porque hasta el más estúpido sabe que es imprescindible que un chico se desarrolle en la informática para insertarse en el mercado laboral el día de mañana. Aún así el Estado les da una compu a los que no tienen dinero, en vez de aprovechar que no les alcanza y no fomentar más competencia laboral en el futuro de los nenes bien. Seguramente es una conspiración en contra de los que se pagan todo (menos los subsidios). Claro, la gente ingeniosa puede develar las conspiraciones ocultas en cada iniciativa del otro: ha decidido analizar la realidad sociopolítica como un verdadero policial. Y se invisten de detectives cada vez que algo pasa. Todo se pone en tela de juicio, hasta una beca universitaria llega a ser basura para los padres vagos, porque laburando se puede pagar la cuota de la privada. ¿Hay sequía? Seguro que el trigo no cotiza bien. La presidenta está enferma y no lo dicen para que no se le acabe el reinado. Se guían por palpitaciones, sospechas, comentarios de diarios berretas, intuición, pero nunca por la razón. De la verdadera crítica que se le puede hacer a nuestra realidad no se quejan ni un poquito, porque no les importa dónde está Julio López, quién mató a Silvia Suppo, qué pasó en Villa Moreno. Se preocupan por cualquier pichicho de la calle, pero les molesta cualquier pibe de la calle. Para resolver la inseguridad sólo piensan que se ponga más seguridad. No importa que se muera más gente en accidentes automovilísticos que en asaltos. El ladrón que mata asesina a propósito. El conductor que mata estuvo alcoholizado, se excedió de velocidad, pasó a un camión con doble línea amarilla. Y puede ser su hijo. Es gente que se mueve sin remordimientos porque en su bondad absoluta sabe que hace todo muy bien. En un rencor infinito, en la necedad del que no quiere recapacitar, del que puede ver la historia y los porqués pero prefiere no reelaborar nada porque no acepta su propio error, no existe bondad ni ingenuidad ni patriotismo. Allí sólo hay tiempo perdido y una uña filosa que araña, discrimina y sepulta.

Aimé Peira

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