PSICOLOGíA › UNA MIRADA SOBRE LOS ADOLESCENTES EN LA ESCENA PúBLICA

Espejos de la ciudad vivida

Donde no hay palabras ni escucha atenta, sólo queda el mercado. Los jóvenes son, entonces, convertidos en objetos, a menudo expulsados. Es entonces cuando sus formas de decir "¡Aquí estamos!" replican el conflicto.

 Por Esther Tocalli

¿Estamos distraídos? Marginación simbólica y afirmación correlativa.

La pregunta hace referencia a nuestros jóvenes adolescentes y a poder pensar tratando de no patologizar o judicializar rápidamente, asumir la responsabilidad que tenemos como comunidad, y cada uno de nosotros en nuestra cotidianidad.

Estamos viviendo desde hace más de una década fenómenos de violencia, actos marginales y una progresiva segregación, exclusión. "A medida que nuestro mundo se mundializa, paralelamente vemos crecer los fenómenos segregativos, los conflictos étnicos, religiosos e incluso en las células elementales de la vida, por ejemplo la familia, vemos aparecer el conflicto de una forma nueva. Entonces, a medida que crece esta aparente unificación del mundo, inmediatamente se producen fenómenos de pulverización creciente. No es una pura hipótesis, la cosa está confirmada en el mundo entero", dice Marcel Czermak.

Aparece la paradoja de que aparentemente estoy en relación con los otros sin límite, pero por otra parte y por las mismas razones no soy nada más que un objeto que puede ser arrojado a la basura en función de la coyuntura del mercado. Pero trataremos de detenernos en lo que podemos llamar junto con muchos analistas que vienen trabajando, el cómo estos temas afectan fundamentalmente a la niñez y a la adolescencia.

Lo que denominamos síntoma social dominante ha ido mutando. Desde Freud hablábamos de que el síntoma social dominante era un síntoma neurótico, que nos subjetivaba desde un lugar central simbólico, donde los ideales que nos guiaban eran significantes que tenían que ver, para decirlo muy rápidamente, con el amor y el trabajo.

Desde la singularidad, qué es ser un hombre, qué es ser una mujer, un padre, una madre, eran preguntas que nos ordenaban a partir de un deseo inconsciente. Circulábamos en relación a una referencia simbólica que nos permitía realizar actos reales.

Cada uno, con nuestras diferencias y recorridos individuales. Calligaris (Contardo) utilizaba una metáfora de la ciudad con sus referencias históricas, su pertenencia a un país, a una lengua, como lugar central de significaciones en lo que denominaríamos Síntoma Social Dominante, mapa transubjetivo. Y pequeñas ciudades que seríamos cada uno de nosotros, los que vivimos en esta comunidad con nuestras referencias en relación a esa ciudad o país, nuestra casa, la de nuestros padres, la de nuestros amigos, el lugar de trabajo, etc. Normalmente nos dice la ciudad individual de cada uno, se organiza en un modelo que es homólogo a la ciudad o país, o sea al mapa transubjetivo.

Respecto de la adolescencia como edad de rebeldías, lo que siempre hemos verificado es que existían formas de oposición con ideales que aparecían firmes como puntos de referencia establecidos y aparentemente inquebrantables. Seguíamos en la normatividad neurótica.

¿Qué cambió para que nuestros jóvenes adolescentes estén en sus actos realizando conductas marginales, delictivas, toxicómanas? En lo que coinciden muchos psicoanalistas es que cuando hay un rechazo en la filiación simbólica -y por lo tanto los lazos sociales no serían lazos simbólicos, sino reales- esto daría como resultado actos en el sujeto que intentarían ser simbólicos.

Pensemos qué pasó hace unos días en nuestra ciudad cuando un grupo de jóvenes crearon una situación de "terror" (descripto así por alguien que lo vivió), en el Parque España. ¿A quién dirigían su acto?, ¿Ese es el efecto que deseaban producir? ¿Cuál es su condición subjetiva? ¿Cuáles sus referentes en su pequeña ciudad individual? ¿Es desde el mapa transubjetivo donde los lazos sociales pasaron del ser al tener, de simbólicos a reales, que están relacionados? Es desde ese lugar donde hay un lugar real que rechaza, margina, expulsa. Entonces ellos tratan de "marcar el terreno" y realizar un acto de afirmación simbólica, que podría decir "¡Aquí estamos!". Y como justamente desde ese lugar referencial no hay más palabras, ni una escucha atenta, sino que es un lugar acéfalo de mercado, finanzas, objetos, que expulsa y margina se produce este acto que quizás puede ser leído como simbólico.

Este análisis quizás pueda ser llevado a otros ámbitos donde se patologiza la infancia y parece más tranquilizador pensar en la genética.

Creo que estamos distraídos y propongo desde los distintos ámbitos de nuestra comunidad abrir y mantener un espacio de palabra, de escucha atenta a nuestros niños y jóvenes, a partir de una reflexión sobre como ocupamos nuestras pequeñas ciudades individuales.

*Psicoanalista. Profesora Adjunta Psiquiatría Niños, UNR.

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La adolescencia marca la mutación del síntoma social.
Imagen: Alberto Gentilcore.
 
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