PSICOLOGíA › EL SABER HACER DEL GOCE FEMENINO EN EL PASAJE DE NIñA A LA MUJER OTRA

Sin medida y sin comparación

Freud enseña el recorrido de una niña para advenir mujer. Debe pasar por el falo, pero también admitir que no lo tiene.

 Por Carolina Rovere*

Quiero invitarlos a hacer un recorrido por la dimensión "mujer Otra". Concepto que siempre me resultó tan enigmático como difícil y que hoy considero fundamental para la clínica femenina. También me interesa puntualizar junto a ustedes, el valor fundamental y fundacional que tiene un hombre en la vida de una mujer.

Freud nos enseña con mucha claridad el recorrido que una niña debe hacer para advenir mujer, y nos explica que el punto de partida es la fase fálica o masculina, la niña debe pasar por el falo, pero también deberá admitir que efectivamente no lo tiene para poder ir a buscar al padre que se lo dé, o más bien que le dé su sustituto: el hijo. En ese momento la niña es una pequeña mujer enamorada de su papá.

Yo planteo en Caras del goce femenino (Libro Letra Viva 2011) que el encuentro con el goce femenino se da en la niñez de la mano del goce fálico, pero sucede que la niña no sabe aún qué hacer con eso. Lo fálico es un terreno acotado, medido, simbolizable. El goce femenino es ilimitado, extraño, desmedido, extranjero, inconmensurable. Los efectos en el cuerpo, de arrebato, ruborización, desorientación, extravío que existen en las niñas, dan cuenta de esto. La niña preferirá quedarse cómodamente en un lugar fálico identificada al varón durante algún tiempo, algunas por mucho, otras, toda la vida.

El goce femenino es que hace a una mujer Otra. Otra sin medida y sin comparación. Admitir esto para una mujer es todo un recorrido, un camino que lleva mucho tiempo y que es la esencia femenina. Se es femenina si se es Otra.

La adolescencia es un momento de resignificación estructural. Se produce el pasaje de niña a mujer que también es inaugurado a partir de un hombre, porque la niña se convierte en mujer en un momento exacto: cuando se ve siendo mirada con los ojos del deseo, en ese preciso instante, la niña cae en la cuenta que es una mujer. Luego, el tercer momento, es la elección de su pareja, el hombre que ella elija para gozar, quien le aporte el falo. Pero sabemos que junto con el falo, él es quien también la conecta con su goce femenino. La mujer en una duplicidad abierta entre el goce fálico y el goce femenino conectados. Entonces podemos concluir diciendo que no sólo se es mujer a través de un hombre sino que es a través de un hombre que una mujer se hace Otra.

Escuchemos el relato de una paciente que tiene dos recuerdos: uno de los 4 años y otro de los 12, que nos muestran claramente la dificultad de admitir la dimensión Otra en ella.

A los 4 años, al ver un día a su maestra en un auto con su marido, se ruboriza. El rubor que invade todo su cuerpo es la respuesta frente a lo que ella capta de goce en su cuerpo No﷓todo. A los 12 con el florecimiento sexual comenzaron a aparecerle ideas de acostarse con distintos hombres, causándole tanto malestar y espanto que pensaba esta frase "maten a la colorada", esta mujer es pelirroja y además se pone colorada, se enciende. La voz del superyo como goce ilimitado viene a mostrar lo ilimitado del goce: lo ilimitado contra lo ilimitado tratando de defenderse de ella como Otra, de lo que despertaban los hombres y no podía soportar. Es una mujer que quiere estar bien con un hombre pero el exceso de goce que le dispara hace que no pueda acercarse al hombre que quiere. Por eso podemos decir que la mujer de hoy es la niña de ayer. Es necesario desbaratar esa defensa que no le permite asumir que ese exceso es exactamente la dimensión femenina, eso es lo que hace que ella sea Otra para sí misma. "Hay que matar a la colorada" es sinónimo de "Hay que matar a la Otra".

Pero no se trata de eso, se trata del saber hacer con el goce femenino. El saber hacer es enlazar el goce femenino con el fálico, es decir: lo ilimitado con el límite. Produciendo un movimiento similar al de la danza en la soltura de los movimientos, pero la belleza está en la armonía que le brinda al goce femenino el enlace con el goce fálico. El saber hacer con el goce femenino se demuestra en una estética singular que en el fin de un análisis de una mujer podría decirse así: existir como Una mujer Otra.

*Psicoanalista. El enigma de la femineidad desde la niña a la mujer Otra. Capítulo del libro La palabra que falta es Una mujer, Letra Viva, escrito con Sergio Zabalza. Será presentado mañana por Nora Silvestri y Osvaldo Delgado, psicoanalistas, en la Alianza Francesa de Buenos Aires, Billinghurst 1926. De próxima presentación en nuestra ciudad.

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El goce femenino es ilimitado, extraño, desmedido, extranjero.
 
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