OPINIóN › SIETE DIAS EN LA CIUDAD

Crisis, dengue y emergencia

¿Por qué el gobierno provincial y el municipal tuvieron criterios tan distintos al enfrentar la enfermedad? El estado de la relación entre el gobernador y el intendente.

 Por Leo Ricciardino

Fue difícil de entender esta semana que pasó por qué el gobierno de la provincia y el de la municipalidad de Rosario, tuvieron tamaña diferencia de criterios respecto de la lucha contra el dengue que sigue sumando casos en la ciudad. Mientras el intendente Miguel Lifschitz repetía sobre la necesidad de que se declare la emergencia sanitaria; el gobernador Binner sostenía que ese trámite no era importante. Es más, aseguró que "si quieren declararla, que lo hagan. Aquí en la provincia nosotros no lo haremos porque no nos hace falta. Tenemos los medios y tomamos las decisiones sobre cómo aplicarlos para combatir al dengue".

Si uno tiene en cuenta que Binner es médico y Lifschitz ingeniero, lógicamente, tiende a ubicarse más cerca del análisis del gobernador que además fue secretario de Salud Pública de la Municipalidad. Pero, si se busca un poco más uno puede suponer cuál es el interés y la urgencia del intendente. Lifschitz sabe que una proliferación desmedida de casos en su ciudad serían un duro golpe político por más esfuerzo que se ponga desde las áreas correspondientes. En ese entendimiento supone que la declaración de una emergencia extiende responsabilidades a todo el país y además, otorga líneas de financiamiento directo. Un respaldo que hoy la municipalidad no tiene y que encuentra a duras penas en el erario provincial, fuera de los fondos ordinarios que deben llegar periódicamente.

El razonamiento lleva a otro punto crítico que excede el área de salud y la coyuntura urgente del dengue. La municipalidad de Rosario ya no puede disimular los inconvenientes financieros que tiene. El intendente y sus colaboradores se encuentran frente a una disyuntiva para nada sencilla: Si hablan todo el tiempo de los problemas de dinero de la administración local, pueden ser acusados precisamente de malos administradores. Pero también, si ocultan totalmente la situación liberan al gobierno provincial de la presión necesaria como para acercar más ayuda concreta a la principal municipalidad santafesina.

Lo que empezó como un tema tabú apenas iniciado el gobierno de Hermes Binner, continúa figurando en la parte más compleja de abordar en la agenda de la relación inédita de gobierno provincial y municipio de Rosario, con el mismo signo político. Las cosas no han ido mejorando, a pesar de que los funcionarios locales comprendieron rápidamente que no sería una situación de privilegio la que tendrían en ese nuevo mapa.

Las demandas han ido creciendo en la ciudad, pero no al ritmo de las respuestas que esperaban desde la Casa Gris. Binner está concentrado en su gestión y no parece querer distracciones políticas. Sabe que es responsable por todo el territorio y que debe administrar -una vez más- en medio de una crisis profunda. En este punto tiene una ventaja sobre Lifschitz, que es un debutante a la hora de lidiar con un escenario complejo desde el punto de vista económico.

Además, el gobernador no está dispuesto a que nadie le señale algún tipo de preferencias por Rosario, de donde emergió su poderío político. Pero en este punto debe hallar el equilibrio necesario, ya que no son pocas las voces que le indican que debe prestar más atención a la ciudad que gobernó por dos períodos.

Esta semana, el anuncio de recortes presupuestarios en la Maternidad Martin, fueron más que una muestra del estado de situación. Si bien el secretario de Hacienda Gustavo Asegurado se empeñó en minimizar la situación y negó que la maternidad "esté cerrada por las noches". Otra cosa decían las enfermeras que denunciaron el recorte de la seguridad privada y el peligro que eso les acarreaba para desempeñarse en los horarios nocturnos.

Con todo, la municipalidad ha comenzado a reordenar partidas con el fin de poder cumplir con los servicios esenciales. No mucho más que eso puede hacer, cuando los gastos suben sin cesar y el financiamiento se estanca sin posibilidad de ser incrementado. Aumentos a municipales, a choferes de las líneas estatales, incremento de la demanda social, una sangría enorme para los recursos que alcanzan para lo mínimo indispensable en el funcionamiento del Estado, pero que impiden proyectar mucho más allá. Es decir, congelan eso que en Rosario también forma parte de una demanda sobre todo de los sectores medios que imponen sus condiciones políticas de forma más que gravitante.

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