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Bonfatti y la patrulla infernal

El gobernador resistió el amotinamiento de los patrulleros del Comando Radioeléctrico a un costo menor al que se esperaba. Ahora estudia como mostrar más dureza en la conducción de los uniformados sin generar nuevos espacios de rebeldía. El aviso político de Lifschitz y los preparativos de los partidos para el 2013.

 Por Leo Ricciardino

Más allá de que el gobierno de Antonio Bonfatti haya decidido que iba a llevar las cosas al límite para convencerse y convencer de que la policía estaba protagonizando el primer y último amotinamiento de la gestión; para todos es claro que algo se quebró. Algo entre los mandos políticos y los policiales no es igual. Algo entre los jefes uniformados y los agentes tampoco es lo mismo. El paro de las patrullas de Rosario que dejó a la ciudad sin protección prácticamente durante casi todo un día fue un hecho grave, a no dudarlo, pero permitió ver ciertas cosas. La primera de ellas es la escasa gravitación de Apropol. El pretendido sindicato de Martínez llegó tarde y se quedó sin nada al final del día. No pudo extender la protesta hacia otras demandas y el predicamento de estos ex policías sobre los jóvenes agentes es prácticamente nulo.

Segundo. La no aparición de funcionarios políticos hasta bien avanzado el conflicto fue una estrategia muy arriesgada, pero no menos planificada. El ministro Raúl Lamberto sabía con exactitud los límites de la protesta y hasta dónde podía llegar. Se jugó al desgaste de los amotinados que después, tuvieron que incluir en la negociación la posibilidad de no ser sancionados. Pero sin garantías. El objetivo que tenían se cumplió: La policía no abandona el turno de tercios de 9 horas por 31 de descanso pero se compromete a intensificar los patrullajes.

También quedó en la superficie la precariedad laboral de los agentes que reclamaron como bravos por su tiempo de descanso pero, obviamente, no para pasarlo con sus familias sino para acumular adicionales que engrosen el magro sueldo que tienen. También, en ocasión de reunir a casi 50 patrulleros frente a la sede de gobierno (una ocasión que no abunda) se pudo observar claramente el estado de los mismos. Una cosa es ver a una patrulla deteriorada y con las gomas lisas y otra muy distinta es observar un lote completo de autos que en su gran mayoría necesita urgentes mantenimientos.

La siempre mencionada interna policial también asomó por un momento. Hasta dónde los jefes Miranda y Brest mantienen diferencias, nadie lo sabe con exactitud, pero el segundo es conocido como un duro de acción que mantiene su respeto entre los agentes. Mientras que el número uno ha hecho una carrera diferente y no es de los que son seguidos por grandes grupos. Con todo, los dos se encargaron de bajar la orden del poder político. Claro que muchos suponen que lo hicieron para que si había equivocaciones, éstas quedaran en evidencia.

La oposición en la provincia, en general, eligió no agregar leña al fuego pero algunas cosas se dijeron. Lo más destacado y reiterado es que Bonfatti está pagando las consecuencias de lo que no hizo su antecesor y mentor Hermes Binner. Lo mismo que con el gasto público y los ingresos, para un vasto sector del peronismo la mayor parte de los problemas del actual mandatario tienen su origen en la gestión que heredó. Y muchas veces es difícil oponerse a esa situación cuando se observa que en lugar de Lamberto estuvo Alvaro Gaviola cuya experiencia más fuerte en seguridad había sido sellar documentos en el Registro Civil. Claro que para ser justos habría que recordar que Bonfatti era el ministro de Gobierno y que muchas veces se lo escuchó defender al propio Gaviola y su no-gestión. De todas maneras hoy la realidad es otra y ya sea por mérito propio o por necesidad, la actual gestión socialistas logró mostrar otras dotes. Primero con Leandro Corti, quien cayó por exceso de carácter pero aún se lo extraña; y ahora un hombre del riñón político que puede conducir sin levantar la voz y mostrar una lealtad a prueba de todo.

Pero la policía sólo cambia de perfiles. El blando por el duro, el dialoguista por el autoritario, y -cuando se puede- el insospechado por el sospechado. Siendo este último perfil el más difícil de encontrar. Los uniformados no son pocos ni muchos, lo importante es que son un actor clave en la película de la inseguridad, se le den las vueltas que se le den. Y cuando los standards son rebasados las cosas empiezan a salir mal, como sucede ahora en Rosario donde a los delitos menores que más molestan a la gente, se le agregan los complejos con nuevas características que desorientan a las autoridades.

El que avisa.

Esta semana el senador provincial Miguel Lifschitz salió a marcar la cancha para el 2015. Avisó para propios y extraños que no tiene el menor interés en integrar una lista de candidatos a diputados nacionales por el Frente Amplio Progresista y que prefiere reservarse para una candidatura a gobernador para 2015.

Cuando se le pregunta a Lifschitz qué cree que perdió cuando todos lo señalaban como el sucesor cantado de Hermes Binner en la Casa Gris, y en su lugar el líder del FAP se decidió por Bonfatti; el ex intendente de Rosario usa -como muchas veces lo hace- una fórmula invariable para decir poco y evitar hablar de lleno del asunto: "Yo nunca me imaginé que iba a llegar a intendente, por lo tanto uno tiene deseos personales pero está convencido de un proyecto y ahí va donde lo necesitan". Claro que no es tan así, pero en política nada lo es.

Con todo el senador quiere cumplir su mandato y salir de la disputa. Además sabe que está Binner que para diputados las encuestas lo muestran cortado sólo en Santa Fe.

El que volvió a relanzarse, por cuarta o quinta vez como candidato a encabezar una lista de diputados en Santa Fe es Miguel del Sel. El cómico mira de reojo los números y en su entorno cada vez están más convencidos de que el batacazo inexplicable de 2011 está cada vez más lejos. Los zondeos actuales lo ubican tercero cómodo en la preferencia de los santafesinos. Pero todavía falta mucho.

Agustín Rossi ya está lanzado desde hace tiempo y en las encuestas empezó a trepar en las últimas semanas. Esta candidatura es totalmente distinta de la anterior suya a gobernador donde se jugaban otros factores. Rossi es ahora identificado como una carta fuerte del oficialismo en el Congreso y ahí en ese núcleo duro es en donde cosecha votantes. Su papel destacado en temas clave como la reestatización de YPF lo ubican como una pieza central del gobierno en el parlamento y no es otro el perfil que debe mostrar en esta elección.

En el mismo sector, muchos peronistas ahora dicen que "hay uno que se apuró a probarse el traje" en referencia al ascendente intendente con licencia de Granadero Baigorria y secretario de Transporte de la Nación, Alejandro Ramos. Su participación en las negociaciones por la reforma tributaria lo dejaron un tanto en falsa escuadra y no son pocos los que recuerdan aquel reto vía satélite de la presidenta cuando dijo "yo no tengo voceros en Santa Fe que hablen por mí", a lo que añadió "me contaba Agustín (Rossi) que...", con lo que dejaba aclarado que la reprimenda no era para el jefe de la bancada de Diputados del Frente para la Victoria. Habrá que esperar, aunque por las dudas dicen que el joven abogado baigorriense prepara un colectivo para largar la campaña, para el año que viene o para el 2015. Se verá.

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