OPINION › SIETE DIAS EN LA CIUDAD.

Los unos y los otros

En el socialismo Binner desactivó el operativo "ancho de espadas" y confirmó públicamente que no será candidato a gobernador. Lifschitz respira aliviado. María Eugenia Bielsa condensa todas las esperanzas de un peronismo desgastado por todos estos años en el llano.

 Por Leo Ricciardino

Fue necesario que lo hiciera, a esta altura, para despejar cualquier tipo de especulación política que aún subsistía: Hermes Binner confirmó públicamente que no será candidato a gobernador de Santa Fe. Desde el partido Socialista ya se había proclamado la candidatura de Miguel Lifschitz, pero los rumores en torno a "jugar el ancho de espadas" a último momento no se habían disipado. No sólo operó allí el temor que generan los votos de Miguel Del Sel, sino también el aparente desequilibrio en la interna socialista. Con Lifschitz gobernador, ¿qué papel le cabe a todo el sector de Binner? Antonio Bonfatti candidato a senador nacional ¿con qué candidato a presidente y con qué posibilidades reales? Se sabe, Lifschitz nunca enfrentó abiertamente a Binner, pero siempre tuvo aspiraciones de construir su propio sector político. ¿Qué clase de acuerdos previos hay con el actual gobernador y con el diputado nacional y máxima referencia del PS? ¿Qué espacio de poder mantendrán y cuál será el destino, por ejemplo, para Rubén Galassi que no es precisamente un amigo de Lifschitz?

Las preguntas son innumerables, más teniendo en cuenta que Lifschitz era un número puesto para las elecciones de 2011 y supo guardarse todo el rencor de la postergación muy adentro suyo a la espera de que por fin llegase su turno. En esas elecciones, Binner impuso a su amigo y hombre de máxima confianza al frente del Ejecutivo. Bonfatti tuvo dos primeros años con viento a favor y pudo sorprender con la impronta negociadora de su gestión. De ahí en más, la narcocriminalidad y la inseguridad en general comenzaron a operar fuerte en el desgaste de la administración aunque todas las encuestas lo ubican al gobernador con muy buena imagen. Tanto que si hubiese reelección para el cargo, ahí sí Lifschitz tendría serios problemas para definir su futuro.

Otro dato a tener en cuenta es la postulación para la reelección de Mónica Fein en Rosario. La intendenta es "fichada" en el sector de Lifschitz porque fue él quien la impulsó para el cargo a manera de compensación porque le arrebataban la posibilidad de ser gobernador. Con lo cual, el espacio socialista del actual senador provincial se queda con todo el territorio en caso de triunfar arriba y abajo en los comicios del año próximo. A muchos les parece demasiado poder para un hombre acostumbrado a ejercerlo y que sabe muy bien cómo no desperdiciarlo.

Finalmente, está el tercer sector socialista. El senador nacional Rubén Giustiniani no se queda quieto y sabe que sus ex compañeros de ruta pretenden borrarlo del mapa por su osadía de enfrentar a Binner en las internas de 2011. Su corriente está diezmada, con cada vez menos cargos, pero con mucha vocación política y ﷓lo que es más peligroso para el resto del socialismo﷓, sin nada que perder.

Binner, Bonfatti y Lifschitz hacen como que Giustiniani no existe, pero en privado se sacuden con cada declaración pública suya y temen a sus arreglos con aliados comunes, como los radicales. "Vamos a presentar candidatos en todas las categorías", insiste Giustiniani que analiza en qué lugar estará él para competir en 2015. Aunque amaga como precandidato a intendente de Rosario, no decide todavía y habla con todo el arco del Frente Progresista Cívico y Social. Una sola cosa es segura: Competirá por adentro en las primarias abiertas y simultáneas.

A sabiendas de lo que puede generar, la semana pasada el diputado nacional Mario Barletta declaró que "sería un honor integrar una fórmula con Giustiniani". No importan demasiado las posibilidades reales de que esto suceda o no, pero el radical sabe que eleva su poder de negociación con el resto del socialismo, que deberá esforzarse más para cerrar filas.

Todos los caminos

En el peronismo santafesino, todos los caminos conducen a María Eugenia Bielsa. La arquitecta está en calma y juega de pizarrón, con movimientos estudiados, como su hermano Marcelo. La presidenta la quiere en Santa Fe pero no la presiona (sabe que sería inútil), el peronismo en general la ve como la única posibilidad de triunfo y los dirigentes de mayor gravitación en el territorio esperan ansiosos sus definiciones.

Ella aspira a nuclear a todos los sectores y hasta ha hecho gestos concretos para que se entienda que está dispuesta a dejar de lado antiguas y recientes rencillas con sus compañeros. Como todos los precandidatos, sabe que esta vez es con Carlos Reutemann adentro o por lo menos cerca, para retomar el adn del peronismo santafesino y esmerilar a Del Sel que cosechó sus votos en esa franja electoral que no supo o no pudo ocupar el kirchnerismo en la provincia.

Sabe también de su potencial electoral (le ganó las elecciones al Frente Progresista en 2011 en la categoría de diputados provinciales) y está dispuesta a hacerlo valer: Esto es tomar todas y cada una de las decisiones de aquí en más.

Omar Perotti y Alejandro Ramos son los que siguen de cerca sus movimientos pero con muy pocas chances de interactuar con la ex diputada provincial. Perotti apareció nuevamente a su lado de la mano del dirigente que ha sabido juntarlos: el precandidato a presidente de la Nación Julián Domínguez, un hombre que respeta y conoce a ambos dirigentes. Pero sin la intervención del presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Bielsa y Perotti han mostrado muchas dificultades para mostrarse juntos en público. Para muchos dirigentes esto es "un desperdicio, porque cuando aparecen juntos, son capaces de meterle miedo a cualquier candidato de cualquier fuerza política", razonó un experimentado dirigente del PJ santafesino.

Se pudo saber que Bielsa quiere determinadas garantías. Pretende que se terminen las negociaciones cada vez más evidentes de los senadores provinciales del peronismo con el Ejecutivo y pide un mayor grado de oposición en el territorio. Pero para el PJ estos años fuera del poder han hecho estragos. La atomización deriva de que ya no es el peronismo el que puede garantizarle la continuidad en sus cargos, sino que son ellos mismos a nivel personal los que deben encargarse de la tarea. Y para eso necesitan fondos y esos fondos los obtienen de las negociaciones con quien comanda el Estado provincial. Es un tome y daca que en muchos casos ha transformado a las bancas en pymes políticas a las que hay que sostener.

Sólo un proyecto peronista ganador podrá volver a encolumnar a todos detrás de un objetivo. Dicho así suena sumamente pragmático, pero es parte de una realidad muy usual en la política de estos días.

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Imagen: Andrés Macera
 
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