OPINIóN

El cambio para que nada cambie

 Por Jorge Ruescas *

Desde la vuelta de la democracia, la Universidad sigue gobernada por los mismos sectores políticos. Los que aceptaron los créditos del Banco Mundial a cambio de reformar las currículas vaciándolas de contenido crítico, implementaron la Ley de Educación Superior, disminuyeron la representación estudiantil en el cogobierno y aplicaron modalidades restrictivas del ingreso como en Medicina y Derecho, son los que hoy están al frente de la Universidad Nacional de Rosario. Y en todos estos años, más allá de consignas y discursos aggiornados, no corrieron una coma del concepto elitista y privatizador desde el que siguen diseñando sus "proyectos de gestión". Por eso decimos, "las dos grandes opciones" que se presentan como candidatos a Rector no expresan más que la fractura de la alianza política que gobernó la Universidad durante todos estos años y representan la continuidad del modelo de Universidad: uno, privatizó y mercantilizó cuanto espacio pudo de la Facultad en la que fue Decano. El otro, es Decano de una de las dos facultades de la Universidad de Rosario que tiene mecanismos restrictivos al ingreso y a la permanencia en la carrera de grado.

Dicen que apuestan a formar un nuevo gobierno de "consenso y diálogo" o que la Universidad tiene "una deuda con la sociedad" y para eso plantean "una nueva política de extensión". Decimos: cuando el año pasado exigimos la realización de la obligatoria Asamblea Universitaria anual que fija el artículo 6 del Estatuto para analizar la situación institucional y, a la vez, debatir la necesidad de una nueva política que redefina la orientación de la Universidad de Rosario; ninguno de los dos candidatos fue la excepción respecto a la posición del resto de los decanos y la mayoría de los consejeros superiores, de no convocar, un año más, a Asamblea Universitaria. Mucha voluntad, hasta ahora, de querer cambiar las cosas, no mostraron.

El Movimiento Universitario Martín Fierro no nació para dirimir la interna en la Universidad de la amalgama de derechismo y progresismo que es el "Frente Progresista Cívico y Social". Tampoco creemos que una Universidad nacional y popular se construya en alianza con lo peor de la política universitaria. Agregamos: la práctica política de agrupaciones estudiantiles que se definen de "izquierda" y autoproclaman representantes de la voluntad de cambio de los estudiantes, no habilita a recrear el debate ausente en la política universitaria. Las más de las veces no terminan más que haciéndole el juego a los sectores políticos a los que dicen oponerse.

La ausencia de un proyecto de Universidad alternativo; la práctica violenta injustificada como sinónimo de impotencia política; la política de la mentira sobre la realidad de los hechos para legitimarse; la afirmación de algunas reivindicaciones que no ponen en cuestión el modelo de Universidad vigente; es lo concreto de un oposicionismo ciego, poco dialéctico y sin propuestas superadoras. La ecuación es previsible: a la ausencia de un debate en serio sobre política educativa y proyecto de Universidad, no le cabe otro resultado que la continuidad del modelo de Universidad implementado desde la vuelta a la democracia y profundizado en los años '90.

* Consejero directivo de Ciencia Política por el Movimiento Universitario Martin Fierro.

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