OPINIóN › SIETE DIAS EN LA CIUDAD

Autos viejos y descangallados

Los primeros pasos de la Revisión Ténica Obligatoria Vehicular arrojó en el Gran Rosario cifras para nada alentadoras respecto del estado de los vechículos. Nadie puede oponerse a este tipo de controles en pos de
la seguridad, pero ¿quién se preocupa por el estado de calles y caminos que, en gran medida, son los que contribuyen al deterio de los autos?

 Por Leo Ricciardino

Casi el 12 por ciento de los primeros vehículos que en la zona del Gran Rosario se acercaron a la Revisión Técnica Obligatoria, no pasó la prueba de tren delantero, frenos y amortiguadores; entre otros muchos puntos que los mecánicos autorizados miran con detenimiento. El dato aportado por el sitio de noticias Rosario3.com puede mirarse desde dos lados al menos. Uno indicaría el grave estado en que se encuentran muchos de los autos que habitualmente circulan por las calles de Rosario y la región, lo que en una proyección indicaría que existen alrededor de 70 mil vehículos del parque automotor de esta parte de la provincia que no estaría en condiciones de circular. Y el otro lado indica, indefectiblemente, que esta revisión técnica cae nuevamente como un impuesto sobre los sectores que más dificultades tienen para mantenerse arriba de un automóvil, si se tiene en cuenta además que aquellos que dispongan de un equipo de GNC deberán desembolsar un cifra extra para adecuar una válvula de seguridad que ahora será obligatoria.

No existe ningún argumento racional para oponerse a la puesta en marcha de la RTO pero está claro que más allá del aspecto económico (serán unos 60 pesos por año, más las inversiones que tenga que hacer el automovilista para poner su coche en condiciones); existirá una tortuosa gestión de parte de los propietarios de vehículos para hallar un lugar en el que cumplimentar con la norma. ¿Quién en su sano juicio puede pensar que cientos de miles de vehículos podrán ser revisados en sólo dos talleres de la ciudad de Rosario? Si se esperaron casi 10 años para poner en marcha una normativa que ya contemplaba la Ley Nacional de Tránsito, ¿por qué no esperar hasta contar con un buen lote de lugares donde dirigir a la masa de automovilistas que deberán conseguir turnos para hacerse de la codiciada oblea que exigirán los inspectores?

Hay otro punto que aún no fue debidamente analizado por la autoridad ni por los automovilistas: ya se habla de un posible aumento de los seguros de los automóviles y, por supuesto de un aumento de los controles de las compañías para acceder a tomar el seguro de un vehículo que no cumpla con los requisitos básicos de la RTO, independientemente de la antigüedad.

Algo sí está claro: mantener un vehículo será cada vez más caro, si se suma además el aumento en los estacionamientos y los constantes movimientos -siempre ascendentes- del precio de los combustibles. No es nada raro y, es más, en el mundo la tendencia es esa. Pero sucede que en Rosario, por poner un ejemplo cercano, no existen demasiadas alternativas de movilidad para los sectores medios que siguen sin verse tentados por un servicio de transporte que no satisface sus necesidades.

Aquel viejo sueño (Hermes Binner lo expresó cuando era intendente) de que cada vez menos automovilistas lleguen al centro de la ciudad, bajando la contaminación ambiental por emanaciones y la contaminación sonora, en síntesis, contribuyendo a una mejor calidad de vida para todos; está cada vez más lejano. La dependencia del automóvil en esta ciudad es cada vez más evidente y problemática.

Por otro lado, existe un aspecto que es responsabilidad del Estado que exige a los automovilistas pero que muchas veces no compensa en la misma forma. La seguridad en el tránsito no sólo depende del buen estado del vehículo, además de la responsabilidad del conductor. Sino que también depende -y en gran modo- del estado de las rutas y calles. Un automovilistas que circule diariamente por calle Baigorria (por ejemplo) desde Rondeau hacia el oeste, ¿cuánto puede tardar en destrozar su tren delantero y amortiguadores? ¿Cada año deberá invertir además de los 60 pesos de la RTO, unos 1.000 o 1.500 pesos para hacer estas reparaciones y cumplimentar lo que el Estado exige?. Y ¿quién le exige al Estado por su responsabilidad en las obras necesarias para mantener caminos y calles seguras y transitables?

Es más, si hoy se compara el estado y antigüedad del parque automotor provincial con el estado y antigüedad de los caminos y rutas provincilales, no es difícil determinar a quién corresponderán los mejores resultados de esta evaluaciòn.

Por eso, la RTO no será precisamente bienvenida pero tampoco puede levantar demasiadas oposiciones. Lo cierto es que habrá que equilibrar las cargas en materia de responsabilidad, segueridad y conciencia vial.

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