CIUDAD › DUDAS SOBRE UNA MUERTE

Qué pasó con Joana

 Por Lorena Panzerini

La jueza Marcela Canavesio ordenó la libertad de cuatro integrantes de la familia de Joana Aquino, la adolescente que murió el lunes por la noche de un disparo en la axila, en villa La Bombacha; pero no los desvinculó. "Cada uno pudo haber realizado el disparo", dijo la fiscal Mariana Prunotto al imputarlos como autores de homicidio, encubrimiento y tenencia de arma. Todavía queda por resolver la situación del menor involucrado. Según declaró la madrastra a Joana, su hijo --a cargo de la jueza de Menores María del Carmen Mussa-- estaba al lado de la jovencita de 16 años cuando ella entró a la habitación, tras oír el disparo. "La acariciaba, mientras ella estaba tendida en el sillón, con el arma. Cuando pregunté qué pasó dijo que `nada' y empecé a gritar y llorar", relató la mujer. Agregó que minutos antes, sus dos hijos acusados estaban en el living. Además, reconoció haber comprado el arma secuestrada, por seguridad, y dijo que solo Joana sabía de la existencia de la misma, ya que era "quien limpiaba la casa". Estaba guardada en el fondo del sillón donde murió la víctima. Aun no se descarta la hipótesis de un suicidio. El forense dijo que "es extraño (que se haya disparado) por el lugar donde ingresó el proyectil".

La historia de la muerte de Joana es triste por donde se la mire. La chica había llegado a Rosario desde Calchaquí, al norte de la provincia, hace seis meses. "Yo la fui a buscar, porque la madre no estaba con ella y sus hermanos. Ella los extrañaba, pero dijo que quería ir en las vacaciones", relató Ricardo, el padre de la nena.

Todos coincidieron en que la chica tenía buena relación como recién llegada a la familia compuesta por su papá, la pareja, tres hijos de ésta y una novia de ellos, que está embarazada. "Ella siempre se preguntaba por qué su mamá no cambiaba; decía que quería una madre como yo", señaló la madrastra, que no dejó de llorar tras contar cómo vio el cuerpo de la nena tendido en el sillón y con el arma que ella le había dicho dónde guardaba. "La compré porque yo siempre dije que si alguien hacía algo contra mi familia, yo los iba a defender", relató. La mujer compró el arma de fabricación rudimentaria, con dos proyectiles y aseguró que la guardaba descargada.

Los relatos dieron cuenta que cuando se oyó el disparo, todos estaban en una parte distinta de la casa: Claudio S., dijo que estaba con su hermano (el menor involucrado) viendo tele en el living; el padre, en el patio, realizando una carpeta (con materiales de obra); Verónica P., la novia de Claudio, dijo estar recostada; y Alicia O., la madrastra, acababa de llegar de su trabajo como empleada doméstica y le había pedido a Joana que fuera a la pieza a cargar el teléfono que usaba también ella. Dijo que en el living estaban sus dos hijos, los acusados. Cuando estaba en el baño, escuchó el estruendo, se subió el pantalón y salió al pasillo. Parado sobre la puerta de la habitación "de los varones" dijo ver a Claudio; cuando se asomó, el menor estaba acariciando a la chica, parado delante del sofá.

Una de las dudas en torno a causa tiene que ver con el arma secuestrada, que es tal como la describió Alicia O., quien la compró y dijo verla sobre el sillón donde encontraron a Joana. Sin embargo, la fiscalía recibió un informe de balística que indicaba que esa pistola no estaba apta para el disparo y que probablemente se había usado otra. Sin embargo, ayer los peritos le indicaron que la secuestrada pudo haber funcionado. Pese a ello, el padre de la víctima pidió que se revisara de nuevo su casa. "Quiero que se sepa la verdad", pidió el hombre que trabaja en la construcción y que está acusado de homicidio agravado por el vínculo.

Ahora "conocen el hecho por el que están siendo investigados y así pueden defenderse", dijo Prunotto a término de la audiencia, que dejó varias dudas. Es que la fiscal imputó a los cuatro integrantes como autores del homicidio. "La imputación aparece contradictoria", dijo la jueza Canavesio, antes de resolver la libertad de los acusados; pero rechazó el planteo de la defensora pública Nora Gaspire para que se anulara la imputación. Lo que no quedó claro es cómo cuatro personas pueden haber disparado el único balazo que mató a la nena.

Ahora, se esperan varias medidas, como el resultado del estudio de dermotest (que da cuenta de la manipulación de un arma) practicado a todos los acusados y a la propia víctima. Además, en la autopsia se logró extraer la bala que atravesó el pecho de la adolescente y ahora se peritará para determinar de qué arma partió.

Según se pudo reconstruir, Joana quería dejar la escuela y el lunes se quedó cuidando al bebé de su hermanastra. Cuando llegó la esposa del padre, saludó a todos y le pidió a ella que cargara el celular. Joana se fue a una habitación y al rato se escuchó el disparo. Un vecino trasladó en su auto a la menor, con su padre y la pareja de éste, pero los médicos no pudieron hacer nada. La muerte continúa siendo dudosa.

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