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Viernes, 8 de enero de 2010

Fútbol, sexo y villa

La nueva novela de Dalia Rosetti aporta sangre, sudor y algunas cuantas lágrimas a esas historias de amor que nunca llegan a mayores y a esas canchas de fútbol de las que no se habla.

 Por Liliana Viola

Dame pelota
Dalia Rosetti

Editorial Mansalva
160 paginas
Precio: $ 37

Varias veces habrá tenido que escuchar Dalia Rosetti aquello de que las mujeres no sirven para eso, que no les da. Y habrá que admitir, a esta altura de su joven trayectoria, que aquellas frases hechas que insisten en los oídos de esta escritora son capaces de despertar a sus personajes, esas sonámbulas, un equipo de mujeres ajenas al realismo, que en este caso además son futbolistas, y que siempre están dispuestas a chocarse de frente con la realidad.

Que las mujeres no sirven para el fútbol, ni para mirar, ni para jugar. Que las que juegan al fútbol son todas lesbianas. Y que si por alguna casualidad alguna sirve, estará allí siempre acechante, cada 26 o 30 días, el asunto ese de la menstruación. El impedimento es la materia gris de esta escritora. La menstruación entendida al modo tradicional, es decir, como en el siglo XIX y como en las publicidades actuales. Que las mujeres no tienen tanto sexo como los hombres. Con estas máximas como material detonante en sus manos y con la Villa Fiorito como edén argentino —¿no es acaso el lugar donde nació Dios?—, la escritora inventada de Morón arma esta novela de amores entre chicas, de deseo flotante, que trafican un lenguaje fraguado en lo inverosímil, con el vuelo bajo que la caracteriza a la hora de pensar escenas, diálogos y conflictos.

Así es que Dame pelota comienza con el relato de un partido de fútbol. Un partido crucial entre los equipos femeninos de Boca e Independiente al cual la arquera y narradora de esta historia asiste indispuesta. Con ese recurso tan suyo, el de la “constante coincidencia” —que en su anterior libro de cuentos, Quisiera que gustes de mí, permitió que sus chicas ardientes se encontraran en playas, calles y negocios donde los hombres parecían borrados del planeta—, aquí arranca con un regodeo hilarante, sanguinario y escatológico. La arquera indispuesta describirá como un clásico juego de gags todas las inconveniencias de estar, justo ese día del partido, “en uno de esos días”. El candor casi infantil que la caracteriza permite que los límites del buen gusto se venzan a fuerza de humor, de disparate y de una promesa de que algo más hay detrás de todo esto. Eso consigue Dalia Rosetti: sostener una promesa durante un tiempo suficientemente largo. Escena siguiente, todo el equipo, el de las menos hábiles, está indispuesto. Lo que parece ser una calamidad se vuelve cábala. Lo que alguien diga que es una asquerosidad se ha vuelto pretensión realista. Acto seguido, la arquera y la delantera del equipo contrario se entienden en una gambeta y comienzan una historia de amor. Desigual, imposible, con dificultad para expresarse y hasta una dificultad para pensar: una definición de relaciones amorosas que la escritora va llevando hasta su más exagerada expresión. Rosetti se queda con el doble sentido que anunciaba en el título de su novela. El fútbol de pronto ha quedado como música de ambiente. Si se ha documentado sobre la jerga, los gajes y las especificidades del oficio, Dalia Rosetti los ha desechado al entrar en el encuentro entre dos chicas que no terminan de encajar una en la otra. La historia se instala en los pasadizos misteriosos de la villa, donde ojos sin rostros acechan, exigen o venden droga, matan si se da la ocasión, y espían el espacio para el sexo para regodeo e ilusión perdida de la ardiente burguesía. Con un final donde la maternidad viene a dar un corte —tal vez demasiado— abrupto a este sueño de goles, Dalia Rosetti acaba de demostrar que es capaz de producir una novela típica de Dalia Rosetti.

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