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Viernes, 15 de enero de 2010

4X

Trabajo físico

Cuatro autores dibujantes y autores de comics que eligieron héroes de músculos tan poderosos como capaces de entregarse a otros brazos, tan fuertes como los propios.

 Por Federico Sierra

Anabólicos vengadores
Jeff Jacklin

Hearts and Iron nace de la reacción. Es reflejo que tuvo el ilustrador Jeff Jacklin contra el estereotipo de los hombres gays frágiles, débiles y enclenques. Los protagonistas son Carl y John, dos moles amantes del gimnasio y los deportes de fuerza. “Dos hombres que se pueden defender a sí mismos y también proteger a los demás”, explica Jacklin. Eso contrasta fuertemente con toda la ternura y el amor que se profesan mutuamente. Entonces las noches pueden terminar revoleándose sillas y a las piñas en un bar de Arizona, o dándose besitos mirando un DVD en su casa, claro que después de haber comido todas las proteínas necesarias para alimentar esos músculos.

La belleza del judoca
Jiraiya

El autor de pequeños clásicos como Habitación para cinco y Querido profesor ilustró durante cinco años las tapas de la revista japonesa G-Men. Los hombres que dibuja Jiraiya tienen la belleza de los arquetipos. Allí están el judoca, el rugbier o el campeón de lucha libre, todos estilizados (o mejor dicho ensanchados) hasta la perfección. Las viñetas de Jiraiya (que significa “trueno joven”) también reflejan muchos de los aspectos de la cultura popular japonesa: seminaristas del templo budista, profesores de kendo y los festivales folklóricos que anuncian la llegada del verano, con jóvenes del interior que descubren el amor mientras buscan hacerse una carrera como luchadores de sumo.

Chicos de calendario
Go Fujimoto

Las leyes japonesas que prohíben la pornografía sumadas a la tradición del manga dieron como resultado una gigantesca industria del manga erótico en todas sus versiones. Delicado y brutal a la vez, Go Fujimoto es otro de los mangakas más populares del bara yaoi, el estilo que se dedica a las historias gay para osos. Desde la isla de Okinawa, Fujimoto ganó fama por los calendarios que cada año saca a la venta, donde refleja su estilo isleño, sureño y relajado. Cierta ingenuidad y simpleza en el trazo le permiten narrar las situaciones más bestiales de un modo delicadísimo: escenas de bondage, dominación o la dura vida cotidiana de un trabajador okinawense que puede convertirse por algunas páginas en un superhéroe sexual.

A su imagen y semejanza
Rodrigo

Manuel no está solo compila el trabajo de Manuel Muñoz Ballester, publicado en la revista La Luna de Madrid en el bienio 1983-1984 de modo mensual. Se trataba de historias de cuatro páginas, sin diálogos y en blanco y negro, que evocaban la técnica del grabado. Editado de un modo impecable y en grandes dimensiones, el libro también incluye seis historias cortas dibujadas por esos años. Imágenes de Madrid durante la transición española configuran un íntimo retrato de época en cincuenta páginas. Instantáneas de un tiempo de apertura de ideas y sentidos por donde un alter ego del autor —tan barbudo y taciturno como él— sale a la búsqueda por clubes, bares y saunas sin decir palabra.

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