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Viernes, 12 de febrero de 2010

TEATRO

La rabia

Germán Tripel, protagonista del musical Hedwig and the Angry Inch, habla de cómo compuso a ese personaje rabioso creado por John Cameron Mitchell.

 Por Sonia Jaroslavsky

¿Cómo llegaste al mundo de Hedwig?

–El proyecto me lo presentó el productor Ricardo Manetti mientras realizaba funciones de Rent, el musical. Me preguntó si conocía la obra, si me interesaba y si me animaría a trabajar en ella. Pensé que me estaba hablando de interpretar el personaje del novio, Tommy Gnosis, pero no, me ofreció el papel de Hedwig. Lo pensé, me atreví y dije que sí. Y estoy feliz de la decisión que tomé.

¿Cómo fue el proceso para meterte en la piel de este personaje?

–A fines de 2008, y durante todo el verano, comencé a ensayar con Mosquito Sancinetto, mi coaching actoral para este trabajo. Abordé todo lo que tenía que ver con la feminidad del personaje, las coreografías, la música y la puesta en escena. Fue un proceso muy intenso donde Mosquito me ayudó a ver esta realidad tan distinta a la mía. Me presentó transexuales o que estaban por viajar a operarse o que se hormonizaban para generar lo mismo que genera la mujer en su cuerpo. Me marcaron si tal parte la hacía muy marica o muy macho. Estoy muy agradecido por cómo me han ayudado.

¿Qué cosas hacías además de ponerte los tacos y la ropa ajustada?

–Nos abocamos en la difícil tarea de sacar mi propia feminidad y resultó algo agradable y divertido.

¿Qué te atrapó de este musical?

–La historia de Hedwig tiene una carga sociológica interesante, ya que nació en Alemania en la época en que estaba levantado el famoso Muro de Berlín. Hedwig vive en un tiempo de mucha opresión. Es violado por su padre y se queda viviendo con su madre. Después conoce a un sargento americano y se enamora, pero para poder casarse y salir de Alemania tiene que operarse el miembro. Y se lo operan mal. Es así como le queda esta pulgada rabiosa, una angry inch. Se va a Estados Unidos y este sargento la abandona por otro, y tiene que enfrentar esta situación de ser mujer. Al tiempo se enamora de este chico adolescente Tommy, que le roba todas sus canciones.

¿Cómo pensaste el paralelismo entre lo occidental y lo oriental y esta mujer rota?

–La obra habla todo el tiempo de la dualidad. Oriente-Occidente, hombre-mujer, etcétera. Hedwig estaba bien en Oriente, pero siempre respirando el aroma de Occidente del otro lado del Muro. De pronto aparece el deseo en ella de pasarse al otro lado. Cuando logra pasar y se la ve cantar en los lugares más decadentes de Estados Unidos y sus canciones son robadas por otro, extraña a su madre y desea volver. Hedwig es intermitente y dual. De hecho, esta historia de amor y traición con Tommy Gnosis puede ser interpretada como el alter ego de Hedwig, por eso se enfrenta.

¿Cuál es tu interpretación del final, donde Hedwig se saca la peluca y se la entrega a su pareja?

–Creo en la concepción de que Hedwig al final se acepta como es. Ella se tapaba, se cubría. En definitiva termina diciendo: “Yo soy esto, ni hombre, ni mujer”.

Se conecta con la tradición de artistas como David Bowie, Iggy Pop y Lou Reed, y la androginia como una concepción más amplia del ser en el mundo.

–Sí, de hecho la obra y el personaje aquí en Buenos Aires, a diferencia de la película, son tratados desde ese costado más punk y rockero. Se decidió dejar de lado la propuesta tanto en el vestuario como en la forma de decir los textos, ligada a cantantes como Toni Tennille, Deby Boone o Anne Murray. El mismo John Cameron Mitchell, en un párrafo del texto de la obra, dice que si bien las letras y canciones deben ser exactas, deja al libre albedrío la decisión de otras cosas.l

Hedwig and the Angry Inch, viernes a las 23.30 y sabados a la 0.30. Metropolitan 2. Av. Corrientes 1343. Tel.: 5277-0500. Desde $ 30.

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Imagen: Sebastián Freire
 
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