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Viernes, 9 de abril de 2010

LGBTTI

Dame letra

 Por Silvina Maddaleno

Reunión de amigas en casa. Amaso yo. Pizzas de gustos mil. Las únicas en pareja somos nosotras, y somos la excepción. Sin acompañantes, por voto unánime. Ultima, llega Fer, el tsunami de mujer que tenemos como amiga. Cabellos largos y rojos con puntas violáceas. Exuberante hasta para decir buenos días. Siempre esperamos los encuentros para oír sus historias. Una chica Almodóvar. Siento amor y alegría cada vez que la veo. Nos dice que tiene que hablarnos en privado. Pasada la medianoche nos arrincona en la cocina.

—Ustedes que saben —nos aprieta fuerte una mano a cada una—, que la tienen clara en esto de las minas —arroja con la seriedad de un locutor de AM.

Soltamos una risotada las tres. Le digo que estamos juntas hace mucho, pero que eso no es garantía de tenerla clara.

—No, pará que no es joda, nena. Me parece que me encaró una mina y no sé qué hacer. Nunca estuve con una.

—¿Y vos qué querés hacer? —pregunta mi mujer.

—Ay, no sé... un poco me gusta, pero... –duda–. Sí, quiero, quiero, te juro que quiero, pero... ¡no sé bien qué quiero!

Nos cuenta las particularidades de la señorita y de la proposición. La madrugada nos toma por sorpresa. Fer se va sin las respuestas que esperaba.

Semanas después pide que mi mujer y yo conozcamos a la dama en cuestión. Aceptamos por mimarla.

Una noche llegamos al barrio, golpeamos la puerta. Nos abre Fer. Su flamante candidata está allí, la saludamos amigablemente. Me siento una madre esperando porque le pidan la mano de su hija. “C” nos hace saber de sus intenciones con Fer. Dice que son de todo tipo y todas buenas. Me da ternura.“C” pasa la prueba. Hay adrenalina en el aire. Las miradas que se cruzan entibian el living. “C” está embobada. Fer no se anima a quedarse a solas todavía.

Nos vamos las tres a la misma hora.

Por cinco días no tenemos noticias. Un sábado suena el teléfono. Atiendo. Pide que hablemos con altavoz. Le gustan las asambleas para tomar decisiones.

—“C” viene en media hora, y nos vamos a quedar a solas. Por favor, ¿me dicen?

Le preguntamos qué precisa saber, en tono burlón.

—Si hubiera un libro de cómo hacerse torta en dos semanas, ya lo hubiera leído. Pero no hay. ¿Cómo es, chicas? ¡Por favor! No me carguen.

Le decimos que se quede tranquila. No lo conseguimos. Le pedimos que pregunte con confianza. Lo hace.

—Necesito que me digan exactamente qué hacer después de que me saque la ropa. ¡Necesito detalles!

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