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Viernes, 14 de mayo de 2010

MEDIA SANCION

Dios está en todas partes, la Iglesia también

En los discursos de la Cámara de Diputados se escuchó la palabra “Dios” unas 40 veces, “Iglesia” unas 20, hubo varias citas bíblicas, se invocó a dos pontífices, Juan Pablo II y Benedicto XVI, además de breves y chispeantes polémicas acerca del amor en la tradición cristiana y la pertinencia de las creencias en este debate. ¿Por qué la Iglesia está en todas partes?

 Por Pablo Ben

A la Iglesia le preocupa que exista el matrimonio entre personas del mismo sexo porque socava su poder, no porque podría dañar a niños y niñas. El catolicismo se llena la boca con el “derecho superior” de la infancia, pero encubre las violaciones de menores por parte de sacerdotes. Las cortes de muchos países han comprobado decenas de miles de casos de abusos perpetrados por curas. Se ha probado que las autoridades eclesiásticas sabían de qué se trataba, pero nunca entregaron a un solo cura a la Justicia.

En Irlanda, el gobierno llevó a cabo un estudio disponible online en el que se entrevistó a más de mil víctimas que revelaron cómo las violaciones y el maltrato físico eran moneda corriente en las escuelas y orfanatos católicos. Las atrocidades ocurrían incluso a la vista de terceros, y la Iglesia coimeaba a la policía para que nada se supiera. Hasta llegaron a contratar un seguro por si saltaban escándalos y tenían que pagar reparaciones. En EE.UU., la Iglesia Católica lleva pagados 3 mil millones de dólares en compensaciones a miles de víctimas. Es aproximadamente la mitad del dinero por el que discutieron durante meses el Gobierno argentino y la oposición. En 2001, el cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos felicitó a un obispo francés que encubrió a un sacerdote. Según el cardenal, no se le puede exigir a un obispo que denuncie a un sacerdote porque es como si fuera su hijo. En 1985, Ratzinger se negó a apartar del sacerdocio a alguien condenado en 1978 en EE.UU. “Los argumentos a favor de esa expulsión son de grave importancia”, decía el futuro Papa, pero “el bien de la Iglesia Universal” debía estar primero.

¿Dónde está el “derecho superior” de la infancia con el que tanto insisten sólo cuando se trata de quitarnos derechos a los gays y las lesbianas? En la Argentina, la Justicia encontró culpables de violaciones de menores al cura Julio César Grassi y al arzobispo Edgardo Storni. La Iglesia no ha expulsado a ninguno de los dos. Se trata de la misma actitud que tiene con los curas torturadores de la dictadura como Christian von Wernich, que fue condenado por crímenes de lesa humanidad, pero tampoco fue expulsado. Fortunato Mallimaci, uno de los estudiosos de la religión más famosos de nuestro país, afirmaba recientemente en una entrevista en este diario que lo más probable es que en la Argentina no salten más casos de abusos porque la Iglesia tiene el poder de encubrirlos. Es evidente que a la Iglesia no le preocupa el bienestar de la infancia sino la progresiva pérdida de su influencia cultural y de su poder de injerencia en el Estado.

El Vaticano sostiene que Dios creó un “orden natural” perfecto que no está sujeto a modificación por parte de las personas. Si las costumbres y las leyes se modifican, eso significa que somos las personas quienes armamos nuestra propia realidad, y no una moral absoluta decidida por un ser divino. Si Dios no está involucrado, la Iglesia pierde poder porque ella supuestamente es la representante del “Creador” en la Tierra. El matrimonio entre personas del mismo sexo implica un cambio muy profundo, y por lo tanto socava la idea de una moral divina eterna que sería decidida por la Iglesia. Por eso la Iglesia se opone, no para abogar por la protección de niños y niñas. En EE.UU., varios estados están intentando aprobar leyes más duras contra la violación de menores, y la Iglesia trata de detener estos cambios. En Nueva York, por ejemplo, el crimen caduca cinco años luego de que la víctima llega a la mayoría de edad. La Legislatura de Nueva York quería extender el plazo porque a las víctimas les lleva mucho más tiempo resolver el trauma y realizar la denuncia, pero las conferencias de obispos católicos exigieron que no se cambie la ley. En un editorial del New York Times del 26 de abril se denuncia la presión de la Iglesia para que no se endurezcan las leyes contra las violaciones. El obispo de Brooklyn, Nicholas Di Marzio, incluso amenazó con cerrar las iglesias y escuelas católicas de su distrito si se dicta la ley.

Parecería ser que la Iglesia considera que está bien que los sacerdotes violen menores, pero está mal que dos personas adultas del mismo sexo que se aman puedan casarse. No se trata de una contradicción: en ambos casos, la Iglesia demanda un poder absoluto que se desentiende del daño que puede causar a otras personas, siempre y cuando la institución religiosa pueda prevalecer.

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