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Viernes, 20 de junio de 2008

ENTREVISTA > DANI UMPI

El cronista sin cabeza

Multiartista uruguayo inclasificable, a Dani Umpi se lo puede encontrar a través de tres sorprendentes e hilarantes novelas, o en Perfecto, un disco pop que acumuló seguidores por Internet y pegó especialmente en el circuito queer rioplatense.

 Por Natali Schejtman

¿Por qué te parece que Perfecto encajó tan naturalmente en el circuito gay?

—Y... era fetiche. Yo soy reconsciente de que fue así. No cuando lo hice. Pero igual era descaradamente gay en las letras —todo Dani Umpi como personaje lo es—, porque habla básicamente de toda la parte de relacionamiento y afectividad de boliche. No sólo por la música sino por los temas que trata, que son siempre como de dos amigas que se cuentan los problemas de los novios. Ocurre en todos lados, también en un vestuario de futbolistas heterosexuales, pero el mundo gay es el que lleva al fetiche eso. El disco fue hecho desde un lugar gay, pero no hablaba de “soy lo que soy”, digamos, ni de ese tipo de himnos. Y el plan divo es muy antidivo, ahí es diferente porque las cosas de fetiche a veces no son cosas gays sino que son mujeres y son heroínas siempre, o malas, villanas. Por eso es curioso, me parece, que haya pasado eso. Y estoy contento. ¡Igual trato de que los gays les muestren el disco a sus amigos!

En tus dos primeros libros, Miss Tacuarembó y Aun soltera, elegiste una primera persona que es una mujer, muy sensible y verosímil. ¿Cómo llegaste a esa decisión de género?

—Me sale medio natural. Cuando escribo siempre pienso que estoy escribiendo como mis amigas. No es que me inspire en ellas: a veces directamente les copio todo, textual, lo que me dicen por teléfono. En mi cabeza, siempre soy una de mis amigas. Es como la cosa femenina, uso esa mirada, pero no de manera idealizada, por eso tal vez lo de la sensibilidad. Son muy humanas, dudan, se equivocan, son imperfectas. No está esa mirada que las convierte justamente en fetiche. Además, a mí me encantan las conversaciones de chicas. Soy muy chusma, me gustan mucho los conflictos más cotidianos, esa cosa de charla coloquial, ese lenguaje y esa estética me fascinan; los problemas con los novios, toda esa frivolidad que al final ocupa mucho espacio. A veces la gente puede tener problemas de salud o económicos, pero un problema de amor tiene más discurso y pesa más. Todo lo que hago, por más soporte que use, siempre redunda en eso.

También solés dedicarte a los estereotipos...

—Me interesa mucho el estereotipo y los lugares comunes. Cuando tiene que ver con las tribus urbanas lo entiendo porque siguen un estilo de música. En el caso de la sexualidad me llama mucho la atención. Es como un corte cultural que traspasa lo económico, la educación, todo. Todo el tiempo uno está haciendo un esfuerzo por salir del estereotipo, por mostrar otras cosas, y el estereotipo se sigue dando perfectamente. Con los lugares comunes pasa algo parecido. A veces mis canciones terminan siendo una especie de recopilación de lugares comunes. Una amiga se separa del novio y usa las mismas palabras que otra amiga y eso viene de una educación. Me parece muy rico. Podría criticarlo, pero no me interesa, me gusta más lo anecdótico. No es una visión moralista o ética sobre eso sino una visión narrativa. Me parece que tiene un valor que se repita todo eso. Me gusta, siempre estoy atento. También a lo que se escucha: hay expresiones o palabras que se ponen de moda.

En lo que escribís en general hay mucho apunte de lo actual: los lugares que se frecuentan, algunos perfiles típicos, la noche. ¿Te interesa hacer una crónica mientras contás una historia?

—Siempre decía que no porque me generaba mucha responsabilidad, pero siempre la hice. Ahora estoy asumiendo todas esas cosas y la próxima novela es un exceso de eso. Me obsesiona mucho leer mails que me mandaba con mis amigas hace dos años y ver qué tipo de palabras usábamos. Las anotamos para no olvidarnos, entonces es como que tienen un valor. La gente muchas veces cierra sus fotologs porque cambia el estilo, la moda, etcétera. Y eso se pierde. El único registro que queda lamentablemente sigue siendo lo escrito. Entonces a mí me gusta mucho ese registro. También me gusta recordar qué colores se usaban y ese tipo de cosas.

La última novela, Sólo te quiero como amigo, cuenta la separación de una pareja de chicos. ¿Qué te interesa de lo gay en la literatura?

—Me interesa lo gay y a veces no me gusta la idea de que haya una literatura gay. No me gusta porque me parece raro, por más ejemplos que me den, siempre me va a parecer raro que una condición sexual implique una cultura, aunque tenga una explicación histórica, lógica y entendible. Cuando ponés un personaje gay inconscientemente ponés todo el contexto, todos los problemas que hay alrededor de la condición gay. Si hay un personaje gay entonces se reflexiona un poco sobre su condición. Es raro que ocurra que haya un personaje gay, pero que nunca se hable de su homosexualidad. Es como si hubiera un personaje de una rubia y ser rubia te llevara a la condición de las rubias en la sociedad. En realidad es como una característica más, que aporta, obviamente, porque venís con una experiencia de vida de estar en ese lugar, pero puede no centrarse en eso. De todos modos, me súper interesa lo gay. Por ejemplo, la moda gay es muy interesante. Yo no soy un experto, pero desde los ojos de mi inexperiencia veo que tiene otro ritmo que es diferente. Durante mucho tiempo estuvo estancada en la moda de la rave, que pegó mucho en el imaginario gay. Me sorprende cómo agarrabas una revista de 2000 y una de 2005, y cómo la moda era siempre igual... Es un universo. Lo gay me interesa porque me parece algo bastante exótico y me llama la atención porque yo soy gay. Es como cuando agarro una revista para gays y digo “no me interesa nada de todo esto”, y sin embargo yo soy, estaría destinada para mí... Porque no me quiero depilar definitivamente, ni nada. Han cambiado mucho últimamente, también, es verdad. Pero hay como una cosa que siento alejada. Es como cuando voy a un boliche y lo veo de afuera.

Eso pasa mucho en tus novelas... Como que ves las cosas como un observador de afuera.

—Sí, en vez de relacionarme veo cómo se relaciona la gente entre sí. De todas formas estoy atento a todo, y a cómo se viste y se comporta la gente, ¡pero me visto horrible! Me interesa a nivel discursivo. Por eso tengo un personaje que es Dani Umpi, separado. Trabajo siempre con una especie de entidad creada. Cuando estoy en el escenario es una cosa y después, nada, re Pocha. Pero sí, me gusta escribir lo que veo, a veces voy a un boliche y me cuelgo. Y cuando quiero ver pasaron un montón de horas y ni siquiera traté de conocer a alguien. ¡Estoy tan pendiente de ver cómo se relaciona la gente que se me olvida que fui a levantar! o

Dani Umpi toca mañana a la medianoche en el ND Ateneo, Paraguay 918

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Imagen: Sebastián Freire
 
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