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Viernes, 13 de agosto de 2010

EDUCACION

La diversidad quiere ir a la escuela

Diez años después de los compromisos asumidos globalmente bajo el lema Educación para Todxs, por primera vez en América latina, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) se reunió con activistas de la región para analizar los “Retos para la educación en sexualidad: inclusión y valoración de la diversidad”. Un tímido primer paso para ver de qué manera convertir a las escuelas en lugares seguros e inclusivos para todxs, nombrando y respetando la diversidad sexual y de género. Una representante de Unesco y dos activistas hablan de este primer encuentro que se realizó en Chile, a principios de este mes.

 Por Diana Sacayán

desde Santiago, Chile

La autocrítica necesaria

Mary Guinn Delaney F., miembro de la Unesco, especialista regional de VIH/sida

¿Es la primera vez que la Unesco encara la discusión de educación y diversidad sexual?

—Sí en esta región; en otras, dadas las características de la epidemia del VIH/sida, se ha trabajado más el tema del punto de vista organizacional. Existe el mandato de trabajar en educación formal en prevención de VIH. Siguiendo la dinámica de la epidemia, surgen tres temas ineludibles: hombres que tienen sexo con hombres, comercio sexual y gente que se inyecta drogas, entonces se ha hecho un esfuerzo para orientar la prevención a esos tres grupos. En América latina, desde hace muchos años, se ha destacado el tema de hombres que tienen sexo con hombres, específicamente como un enfoque de la epidemia en la región, pero para la Unesco es la primera vez que se ha abierto a conversar con activistas de el movimiento Glttbi. Y lo que observo es la resistencia a adentrarse en el tema que vinimos a abordar, salvo por la voz de lxs activistas. Nosotras más que nada venimos como oyentes a aprender de este primer encuentro.

¿Te cuesta mucho separar el tema VIH de la diversidad sexual?

—Bueno, es allí donde están los recursos realmente, entonces, aunque vemos que es un tema que va más allá del VIH, también tenemos la responsabilidad de vincular lo que hacemos con los objetivos para lo cual nos fueron otorgados ciertos fondos. Pero no deja de alegrarme esta vinculación porque también significa que al hablar de VIH no hablamos sólo de salud o salud pública sino también de derechos humanos. Sin los derechos humanos más básicos no se podría armar una respuesta efectiva al problema del VIH, entonces así es que se da la oportunidad de adentrarnos en temas más profundos como la educación en la diversidad.

¿Cuál podría ser la influencia de la Unesco sobre los Estados miembros en este tema?

—Nuestra junta directiva son los mismos gobiernos, es el mismo sistema de Naciones Unidas, entonces es difícil salir con un tema que no sea identificado antes por los países miembros. Se puede abogar para que se tome el tema más en serio, pero estamos entre la necesidad de la responsabilidad de cumplir con lo que nos piden y avanzar con temas que para algunos países son más complicados que para otros.

¿Se podría, de todos modos, hacer una autocrítica desde la Unesco por la falta de abordaje en relación con la diversidad sexual?

—Por supuesto. Pero estamos hablando de una región donde hay una diversidad muy grande, entre el Caribe y Latinoamérica; entre el Cono Sur y los países andinos; entonces, en este nivel de generalización, puede ser muy difícil encontrar puntos comunes. Pero tenemos una historia muy larga de convenciones y acuerdos internacionales donde se han comprometido los países, Estados miembros, a ciertas acciones, trabajando con socios de todos los sectores, y por supuesto incluyendo la sociedad civil. Se puede lograr fuertes alianzas para insistir en que se cumpla con sus compromisos que son bien específicos como Educación para Todxs. Entre ellos, el de fortalecer la educación en sexualidad e incorporar una mirada en diversidad, de cumplir y mejorar los marcos legales de los países. Si no entramos en el tema de diversidad sexual en la educación formal, no podemos decir que estamos respondiendo de forma efectiva al VIH. Estamos haciendo un flaco favor a esos jóvenes que necesitan educación en sexualidad integral, de ahí parte el compromiso nuestro de, por lo menos, acercarnos. El mero hecho de encontrarnos con activistas ya es un paso importante, ya que esto no ha pasado antes.


El placer como derecho

Gloria Careaga, secretaria general de la ILGA (International Lesbian, Gay, Bisexual,Trans and Intersexual Asociation)

¿Cuál es la importancia de esta reunión entre Unesco y el activismo?

—La Unesco está orientada, precisamente, a la definición de las currículas y metodologías educativas en el mundo, por eso para nosotrxs estar en este espacio es importante sobre todo porque podemos aportar en esta decisión de empezar a incorporar la educación sexual con un abordaje en la diversidad, que hasta ahora no estaba contemplado. Nos da la gran oportunidad de definir —en tanto asesoría— cuáles serían las temáticas, los aspectos que tendría que contemplar la diversidad sexual que la Unesco está promoviendo.

¿De qué manera se podrá lograr el desmantelamiento de las estructuras discriminatorias en el sistema educativo?

—Me parece muy importante que en la educación básica, en la educación primaria, exista una política clara de respeto e inclusión. No solamente de respetar la diferencia sino de potencializar las capacidades que la gente tiene para asumir su propia sexualidad. En este sentido sería fundamental que nosotrxs empezáramos a desmantelar el sistema binario de sexo género. Otro aspecto que me parece muy importante tiene que ver con la educación sexual desde una perspectiva de los derechos humanos y no quedarse solamente en el buen funcionamiento de la sexualidad. Lo que a nosotrxs nos interesa es que realmente todas las personas puedan tener acceso a un placer sin culpas, sin discriminación, sin coerción y sin violencias. Que la sexualidad, como un área muy importante de la vida de las personas, contribuya a su desarrollo pleno. El hecho de que se reconozca y se nombre esta diversidad, protege nuestros derechos, favorece nuestro desarrollo, pero sobre todo favorece la construcción de sociedades más complejas o sociedades que comprendan mejor su complejidad y que eso contribuya a relaciones más armónicas, en donde el odio y el rechazo no formen parte de la vida cotidiana.


La homofobia es un problema de ciudadanía

Violeta Barriento, de Global Alliance for LGBT Education (GALE)

¿Cuál es el contexto latinoamericano en relación con diversidad sexual y educación?

—Latinoamérica tiene una historia común que se expresa en fenómenos que distintos países en el continente comparten en la actualidad. En lo relativo a la esfera sexual del ciudadano, hay una dificultad para abordar el tema de la educación sexual, dificultad en reconocer la realidad de una sexualidad cambiante y diversa, dificultad para asumir los derechos sexuales del individuo o hacer del género y la sexualidad temas de la formación profesional universitaria. La sexualidad de los individuos y en particular la de individuos que no son varones heterosexuales se encuentra limitada en su ejercicio, presa de un contexto de estructuras materiales y culturales precarias. En este marco se sitúa la sexualidad no heterosexual, en primer lugar invisibilizada, silenciada o reprimida abiertamente por la homofobia, lesbofobia y transfobia. La diversidad sexual se reprime cancelando su expresión mediante el estigma y sacando ventaja de su escasa visibilidad dado su entrampe en el closet.

Lamentablemente, el contexto latinoamericano adolece aún de falta de desarrollo en su democratización entre hombres y mujeres, producto a su vez de estructuras coloniales en el pasado, culturas políticas autoritarias y desconocimiento de derechos de parte de los ciudadanos. De ahí que el problema de la homofobia sea un problema de ciudadanía. Sin embargo, esta perspectiva es aún difícil de ser reconocida a nivel mundial, al igual que es difícil hacer entrar el tema de derechos sexuales en las agendas de los gobiernos. Los principales obstáculos para la remoción de la homofobia se presentan en contextos donde subsisten fundamentalismos religiosos y debilidad del Estado democrático ante ideologías de origen religioso, estructuras mentales rígidas en torno de roles de género o expectativas sobre la familia; sociedades con grandes brechas de desigualdad de género, altos índices de violencia de género y violencia sexual. Es importante hacer la conexión entre todos estos fenómenos, ya que pueden ser indicadores uno del otro. Frente a ese contexto adverso a una sexualidad libre y en salud, proponemos la convivencia en la diversidad con el respeto de los derechos de todos. No existen derechos absolutos e ilimitados, y es un juicio de ponderación el que puede equilibrar el ejercicio de las libertades de unos y los derechos de otros.

A tu entender, ¿cuáles son los contextos favorables?

—A diferencia de épocas pasadas, las noticias que hacen visibles al movimiento LGBT se originan en otros aspectos distintos al sida. El nuevo milenio ha visto nacer a los principios de Yogyakarta en 2007. La lucha contra la homofobia y por la igualdad de derechos ha logrado ciertos hitos en el continente. Estemos o no a favor o en contra de la institución matrimonial, su aceptación en España, luego en Ciudad de México y ahora en la Argentina han sido avances en la agenda por la igualdad de derechos. La homofobia ha sido materia de una política de Estado en el Brasil mediante el programa Brasil sem Homofobia, y vista como un problema importante que pone en cuestión la ciudadanía. El Día Internacional contra la Homofobia, 17 de mayo, ha sido reconocido en una cincuentena de países, entre ellos Brasil, México, Costa Rica, y hay actitudes favorables hacia su celebración de parte de las autoridades en la Argentina y Bolivia.

¿Qué acciones concretas se han llevado a cabo por activistas con el apoyo de GALE en América latina?

—La Global Alliance for LGBT Education (GALE) contactó hace cinco años a activistas y expertos del tema de educación para abordar la cuestión de la educación sobre materias LGBT desde diversas áreas, por ejemplo, educar a las fuerzas policiales, personal sanitario, medios de comunicación y al sector educativo. En una reunión de consulta con activistas de América latina en 2008, éstos aconsejaron a GALE llevar a cabo un trabajo en educación en la escuela para este continente. Ese mismo año, GALE preparó un sondeo y lo lanzó en América latina, obteniendo respuesta de más o menos 150 personas involucradas en el activismo LGBT o en la educación. En los contenidos de la escuela, la diversidad sexual ya no es entendida como pecado o enfermedad, pero se indica que la orientación normal es la heterosexualidad y el sexo para la reproducción. Finalmente, dentro del conjunto de profesores, son las profesoras las que reproducen el discurso sobre la religión y los roles de género tradicionales, lo cual quiere decir que las mujeres siguen siendo reproductoras de un discurso patriarcal.

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