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Viernes, 3 de septiembre de 2010

¡EPA!

Tus hijos no son (del todo) tus hijos

“Desde que abrió sus ojos, Ludmila nos vio a ambas. Nos presentamos. Le contamos cómo se llamaba, por qué elegimos ese nombre, que ambas éramos sus mamás, que la amábamos mucho, que nosotras también nos amábamos, que juntas la esperábamos. Le cantamos canciones. Hemos compartido todo lo que cualquier familia comparte con una hija a la que debe cuidar y amar: cumpleaños, actos escolares, fiebres, canciones, berrinches, retiradas del colegio, madrugones, idas al cine, juegos, puesta de límites, risas, enojos, visitas a familiares y amigos, vacaciones, plástica y música, etcétera.” Este fragmento es parte del texto que hace una semana, en el mismo momento en que firmaban el acta que las unía en matrimonio civil, Mercedes Monjaime y Aguiar y Silvina Massa presentaron al Registro Civil para que se reconozcan los derechos filiatorios de la hija que tuvieron en común hace 8 años y que vivió hasta ahora con la mitad de sus derechos legales. Situaciones como la de Mercedes, Silvina y Ludmila son las que se supone venía a reparar la ley de matrimonio igualitario. Sin embargo, hasta ahora, la única posibilidad de reparación para esta inequidad de hecho es la posibilidad de que la madre no biológica adopte a quien ha sido y es su hija, sin obviar ninguno de los trámites e inspecciones a que obliga un trámite de estas características. Lo paradójico es que de este modo se estaría creando una nueva inequidad entre hermanos o hermanas de la misma familia. Para seguir con el ejemplo, si Silvina y Mercedes tuvieran otro hijo o hija podría ser anotado/a con los apellidos de sus dos madres —según puede leerse en el capítulo VII de la nueva ley que habla, justamente, de “Nacimientos”— y gozar de todos los derechos que esto implica al inscribirse en una familia que no termina en los vínculos primarios sino que, como toda familia, extiende sus ramas de parentesco a hermanos, hermanas, tíos, tías, abuelos, abuelas. En cambio, Ludmila, que ya ha tejido esos vínculos a lo largo de su vida cotidiana, sólo contaría con una adopción simple por parte de una de sus madres que no crearía vínculos de parentesco de segunda generación. Puede parecer un rompecabezas, pero lo cierto es que el mismo matrimonio podría tener hijos con distintas categorías para la ley. Dos agrupaciones —100% Diversidad y Lesmadres— se reunieron la semana pasada con el secretario de Interior, Mario Barbosa, para plantearle esta paradoja y se retiraron con el compromiso de evaluar de qué manera podría avanzarse en el reconocimiento de los hijos e hijas de parejas de personas del mismo sexo nacidas antes de la sanción de la ley de matrimonio igualitario. El modo en que esto puede resolverse aún está abierto.

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