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Viernes, 8 de octubre de 2010

PD

Una ley sin transición

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Mi transición la comencé hace cinco años, con un tratamiento hormonal y una cirugía de extirpación de glándulas mamarias (mastectomía), todo este proceso lo realicé de manera ilegal y clandestina, porque la ley actual prohíbe este tipo de tratamientos y cirugías sin autorización legal de un juez.

Al no tener los medios económicos para realizar el proceso legal de autorización, me llevó a poner en riesgo mi vida y mi integridad física, en una cirugía sin controles ni análisis previos, además de decir que no fue positiva físicamente.

Muy recientemente pasé por la misma cirugía, en esta ocasión el cirujano me solicitó aprobación psicológica y psiquiátrica, patologizándome para poder realizarla, en la que se me extirpó el sobrante de glándula.

En resumen, tuve que pasar dos veces por el quirófano, por el desconocimiento y la falta de preparación legal y sanitaria que hay con respecto a personas trans. Son los dos extremos que nos dejan socialmente. La ilegalidad o la patologización.

Por el solo hecho de expresar mi identidad he sufrido discriminación familiar, social, laboral, sanitaria y afectiva. Mi cuerpo, éste que muchas veces no lo he sentido mío, lo comprueba.

Las próximas leyes a debatirse en diputados, además de que ninguna incluye un proyecto de salud que es básico y vital para personas trans, sólo se refieren al cambio registral de sexo y de nombre en el DNI, pasando por alto todo este proceso de construcción previo. El proyecto de Silvia Ausberger que fue presentado en 2007 habla de un Comité Interdisciplinario con médicos de diferentes especialidades, por lo que las personas trans debemos pasar, para la “comprobación” de nuestra identidad. Sobre todo evaluaciones psicológicas y psiquiátricas, para la patologización y el diagnóstico de una enfermedad que necesita cura. La ley que impulsa la federación lleva la patologización implícita al pedirnos que demostremos, pública y permanentemente, mediante una declaración jurada, que somos lo que decimos ser, basándose en construcciones binaristas de género.

Siento que el cambio registral es el premio a todo el proceso de normalización de mi cuerpo, no al reconocimiento de quien soy. No puedo dejar de preguntarme: ¿me darían el nuevo DNI sin ninguna transición? Y mientras, ¿quién reconoce todo el proceso de construcción que he tenido que hacer? Que el Estado se haga cargo de las violaciones a nuestros derechos que sufrimos a diario, somos excluidos en la educación, el trabajo, la salud, la vivienda, la libertad.

Mi voz y la voz de las personas trans cuando se redactó esta ley no fue escuchada, la carrera política de algunas organizaciones no lo permite, el rally ya ha comenzado, se sucede la presentación de este proyecto “salvador” en diferentes ciudades argentinas y, en definitiva, no va a cambiar mucho de nuestras realidades. Mi cuerpo transexual siempre lo seguirá siendo en los controles médicos, en los baños públicos, en la intimidad.

Que se impulse un debate con personas trans del territorio nacional y con las organizaciones que impulsan estas leyes para que se escuchen nuestras diferentes necesidades urgentes.

Que este proceso político nos incluya, que nadie más que nosotros decida sobre nuestros cuerpos.

Fernando Rodríguez
Transexual Masculino
Encuentro por la Diversidad.

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