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Viernes, 7 de enero de 2011

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Con el casillero lleno

Creo que uno de los grandes problemas de la humanidad, y la fuente de muchas de nuestras miserias, es esa obsesión, a veces patológica, de categorizar todo. Nuestra necesidad de meter a los demás en una cajita con muchas etiquetitas que digan qué hay adentro.

Ok, entiendo que a veces eso puede facilitar las cosas, y que muchos de los logros de la humanidad se basan en el pensamiento abstracto, la deducción y la generalización..., pero también en otras ocasiones eso nos causa más de un dolor de cabeza.

¿Cuál es la necesidad de incluso etiquetarnos a nosotros mismos? Incluso dentro de esta comunidad, me ha sucedido miles de veces a mí, a otras personas con las que hablé, de recibir comentarios “encasilladores” (como por ejemplo, un amigo que siempre había salido con hombres hasta que un día le gustó una chica... y sus amigos que se consideraban “realmente gays” se sintieron casi ofendidos por eso y le hicieron comentarios bastante feos) o preguntas del tipo “¿te gustan los hombres o las mujeres?” (¡qué sé yo! yo me enamoro de personas... para el caso, ¿qué es ser hombre o mujer?, ¿por qué el ciento por ciento de nosotros tenemos que considerarnos “hombre” o “mujer”?).

Son tantos los aspectos que nos definen, ¿qué pasa cuando dos de ellos van en sentidos opuestos? Como en la nota de tapa del último SOY, ¿qué pasa si “encajo” biológicamente en una categoría y mentalmente en otra? NADA, ¿qué problema le genera eso a la gente? No entiendo esa necesidad de decirte “vos sos biológicamente TAL; entonces, tu mente está MAL, tenés que cambiar tu cabeza para que todas tus etiquetitas concuerden y todos seamos felices”..., menos vos, que vas a vivir para siempre fingiendo ser algo que no sos.

No sé, tal vez escribo acá porque creo que todos los que vemos libremente nuestra sexualidad y escapamos de alguna forma a la casillita que nos correspondía, en lugar de ir y meternos en otra casillita como unos nabos (o pretender meter a quienes no se quieren someter), deberíamos tirar el tablero a la mierda y decir “¡AL CARAJO CON LAS CASILLAS!”, dar el ejemplo, y no sólo en la sexualidad, en todos los aspectos de la vida. porque al fin y al cabo, en eso las etiquetas no ayudan, sólo nos limitan e imponen una pared exclusivamente mental que no podemos pasar. Es una pena desperdiciar la vida así.

Saludos
Ale

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