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Viernes, 21 de enero de 2011

Pluma gay

Rubén Mettini Vilas cree que las librerías y editoriales dedicadas a la temática Lghtb tienen que dejar de existir. Eso, dice, hablaría de una integración que todavía no existe. Por eso, en el mientras tanto, vino a presentar su novela Tres noches (Odisea) en una librería especializada después de haber recibido un premio para literatura con temática Lghtb.

 Por Paula Jiménez

¿Cuándo te fuiste a vivir a España y por qué?

—Me fui becado como economista en 1974. Empecé a viajar con becas a Polonia, a Suecia y a Nápoles y de ahí me fui a Bilbao y luego a Barcelona, donde todo fue mal y cambié de carrera; empecé a trabajar en traducción primero y después hice filología románica, literaturas medievales y me puse a trabajar. Yo llegué a España con la transición hacia la democracia, a finales del ’76, en la época del destape, donde surgieron los movimientos feministas y se consolidaron los grupos de liberación homosexuales. Cuando llegué empezó a venir la gente que huía de lo que sucedía en la Argentina. Mis padres me aconsejaron no volver durante esos años porque les parecía un poco peligroso mi posible regreso.

Hay un personaje en Tres noches, tu novela premiada en el concurso de Odisea, que aborrece la pareja e ironiza diciendo que el amor entre dos hombres es “contranatura”. Yo pensaba si ese pensamiento no tenía sus raíces, justamente, en los tiempos de enorme represión...

—No, yo no lo pensé así. Sebastián, ese personaje que nombrás, puede ser un reflejo mío, en el sentido de que yo tuve poca suerte con mis parejas, pero estuve siempre rodeado de parejas que se han querido, que han durado mucho tiempo. Yo quise hacer aparecer un personaje que criticara a las parejas, pero que ha recibido mucho de ellas. Quería un personaje desagradable por tirar ese tipo de bombas discursivas, pero que después terminara construyendo parejas para sus amigos, por quienes da su vida. Pero ni yo ni este personaje ha vivido la represión de esa época.

Sin embargo otros personajes dejan ver que en momentos sociales de mucha represión es el amor lo reprimido y no el sexo.

–Gente como Reinaldo Arenas en Antes que anochezca, decía que le parecía imposible irse a la cama con otro gay, porque en ese momento los homosexuales se iban solo con heterosexuales. Gracias al movimiento de liberación, el Fuori de Nápoles y después el Frente de Liberación en Cataluña, se creó un cambio enorme. Alguna gente antes era la mariquita del barrio y había otra gente que casi se travestía para poder levantar, pero a partir de estas reuniones, de la formación de otros grupos, uno empezaba a tomar conciencia de que podía tener relaciones y hasta amar a otro igual, que es a lo que se abre Lucas, este personaje de mi novela. También es lo que pasó en mi época, yo venía de Avellaneda y era igual, había gente que era como las mariquitas, que se ponían en ese lugar por una necesidad de acercamiento a otros hombres...

¿Querés decir que la concepción de la homosexualidad, en aquel entonces, estaba ligada hasta para los propios homosexuales exclusivamente con esa identificación?

—Claro. Yo no critico si alguien quiere manifestarse de modo femenino o masculino, no estoy diciendo eso. Pero digo que en ese entonces había hombres que sentían como una obligación de identificarse con la mujer para poder tener amantes heterosexuales. No había otro modelo más que el heterosexual. La única forma de llegar era ésa, tanto en España como en Argentina, en esos años se daba en todo el mundo. Cuando llegué a Nápoles, el Fuori empezó a crear un grupo y una conciencia que abrió un camino importantísimo. Ahora un chico de 16 o 17 años se manifiesta sin problemas, aun sin haber tenido experiencias, para ellos a veces llega antes la conciencia que el impulso. El matrimonio igualitario aquí o en España es la formalización de todo ese camino que se fue haciendo a la sombra. En España ya se está hablando de la adopción. Ya muchas mujeres y hombres están adoptando. Nadie hubiera dicho que en España iba a haber una cosa así, sobre todo porque Italia está muy atrasada en ese sentido, entre Berlusconi y el Vaticano.

En tu novela decís que entre el ’76 y el ’80 España hizo un cambio muy profundo. Qué profundo debe haber sido, pienso, para que un país devenido de semejante dictadura, tan católico y severo, se transformara en uno de los primeros en el mundo en aprobar el matrimonio igualitario...

—Sobre todo se mantuvo rígido hasta la muerte de Franco, esa mentalidad perduró y eso hace que mucha gente joven sea atea, porque quedaron quemadísimos de ese pensamiento, entonces, como reacción a eso, tienen una concepción muy libre de la sexualidad. Y esto de la adopción, que era el punto más sensible, porque es algo que casi afecta a los heterosexuales, se empieza a ver como una cosa absolutamente normal.

Llevemos el tema de la liberación al campo de la literatura. Tu premio es a una producción de literatura Glttb, ¿vos pensás que existe una literatura gay, o, mejor dicho, cuál sería la necesidad de que existiera?

—Bueno, esto ha surgido en las dos presentaciones que he hecho del libro en Madrid y Barcelona. Yo no creo que como género exista una literatura gay, sobre todo porque los temas gays se fueron metiendo en el ámbito general de la literatura. Lo que sí creo es que hay una necesidad, al menos transitoria, de que exista una literatura para la gente que quiera leer eso. Es de difícil clasificación. No lo veo como un género sino como una temática.

¿Y cuál sería esa necesidad?

—Para heterosexuales que quieran leerlo, por conocimiento, pero sobre todo para lesbianas, trans y homosexuales, para poder acceder a una literatura que esté hablando sobre ellos. No diría que es un género; probablemente, ojalá, tienda a la desaparición... En este momento es de difícil encuadramiento, pero es importante que exista todavía. Y es importante que una persona pueda encontrar una novela gay o trans en una librería, es una necesidad de un lector potencial que podría querer leer estas historias. Además, otra cosa, la literatura gay anteriormente acababa mal, la lesbiana en un convento, el gay asesinado, en este momento se necesita una literatura Glttb donde salgan todos los temas de la vida de los gays y las lesbianas, y que los personajes puedan acabar amándose como tantísima gente en la realidad. La editorial Egales lo ha tenido esto muy en cuenta.

En tu libro genera mucho interés la creación de un personaje gay que está entrando en la tercera edad...

—Para mí era un desafío porque era un personaje mucho mayor que yo. Era un hombre que había enviudado. Hay muchos elementos reales en esta construcción, no autobiográficos. Me encontré con gente que había quedado viuda y la verdad es que lo utilicé mucho. Una de las personas que habían quedado viudas me preguntó “¿cómo sabías todo lo que pasaba?”. “Esas cosas te las robé a ti”, le contesté. Ese personaje tiene una base real, gente que a pesar de la adversidad sigue teniendo ganas de vivir. Otra cosa que utilicé fue la reactivación de los recuerdos cuando ya la cabeza no funciona, a través de las sensaciones. La memoria del cuerpo. Esto es la cita de Kavafis: Recuerda cuerpo. La magdalena de Proust, está ahí también. En este caso, en el del personaje Lucas, todos sus recuerdos están asociados a explosiones de su sexualidad en diferentes momentos de su vida.

En la novela aparecen muchas mujeres fuertes al lado de estos personajes. Esto muchas veces se ve en la literatura, pero también en la realidad, hombres gays muy apegados a mujeres importantes en su vida...

—En Barcelona me dijeron que las trato muy bien, porque yo siempre estoy rodeado de mujeres, me llevo muy bien. Los personajes femeninos me gustan más que los masculinos. Las mujeres que enviudan manejan su viudez mucho mejor, cuando les toca. A mí me producen admiración ciertas mujeres que tienen la fuerza que un hombre no tiene. Por eso los personajes femeninos me fascinan y tiendo a centrarme en ellos, porque dan vida en un lugar en el que los hombres no. Cuando yo iba a dar clases a una residencia de ancianos, ellas estaban siempre cosiendo o pintando y los hombres nada, con un diario, aislados. Yo, en lo personal, siempre me salvaguardo con mujeres cercanas, confidentes.

¿Cómo ves el panorama de la literatura Glttb en España?

—Se está editando. Está centrado en las editoriales Odisea y Egales, esencialmente. A veces se dice que se editan títulos malos, pero en la otra literatura pasa lo mismo, hay literatura buena y mala, y hay gente de la que uno no compraría un libro, pero otro lo iría a comprar, como pasa siempre. Sólo que se nota mucho más porque la edición de la literatura gay es más limitada. Hay un poco de todo. Lo que pasa es que, evidentemente, estas editoriales lanzan libros que pueden ser de una calidad más baja o como anzuelo tener mucho contenido sexual; de todos modos, si lo comparamos con la otra literatura ocurre igual. No habría que juzgarla distinto. Siempre es uno mismo el que tiene que saber lo que quiere leer.

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Imagen: Sebastián Freire
 
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