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Viernes, 21 de enero de 2011

ES MI MUNDO

La herencia del mago

Silencio, severidad, nerviosismo, ira; eso es lo que los hijos e hijas de Thomas Mann dicen haber recibido de su padre, aunque habría que agregar en esa enumeración el genio creativo y una tendencia al suicidio que signó a una familia atravesada tanto por la literatura como por las grandes guerras del siglo XX. Ahora que se editaron por primera vez en español los cuentos completos del Premio Nobel alemán, una mirada curiosa sobre una familia tan disfuncional como cualquier otra.

 Por Facundo Saxe

¿Grandilocuencia? ¿Locura? ¿Una familia como todas? La familia del Premio Nobel alemán Thomas Mann es una gran estirpe en la que todo se mezcla y se confunde. De la genialidad al tabú, de la perfección al incesto. ¿Un hermano que tiene relaciones incestuosas con su hermana, que luego se suicida? ¿Un hijo que sabe que su desnudez turba al padre reprimido y disfruta con incomodarlo? ¿Incesto del padre hacia los hijos? No hay respuestas, estos y otros fantasmas sobrevuelan a los Mann. No en vano se los presenta como una familia que ilustra la historia alemana del siglo XX, con sus atrocidades y sus renacimientos.

Thomas Mann nace en 1875, hijo de una brasileña obligada a vivir en tierras germanas y un acaudalado padre comerciante. Tuvo cinco hermanos: Heinrich, el mayor. Las dos hermanas, Carla y Julia, suicidas (una siniestra simetría indica que los suicidios de los Mann siempre se dieron de a pares). Viktor, el quinto hermano, el gran olvidado.

Heinrich y Thomas fueron grandes escritores. Totalmente opuestos en la vida creativa y la vida real. Thomas fue frío y medido. Heinrich, pasional y descontrolado. Heinrich fue un gran amante de la vida y de las mujeres. El gran amor de la vida de Heinrich fue Nelly Kröger, su segunda esposa, una actriz de baja categoría que jamás fue aceptada por Thomas y Katia, su mujer.

Katia Pringsheim fue la primera y única esposa de Thomas Mann. Porque el joven Thomas se enamoró y se casó con ella con mucha rapidez. Thomas y Katia fueron el espejo de Heinrich y Nelly. La mesura versus el descontrol. La frialdad versus la pasión. Nelly fue aborrecida por Katia, quien se encargó de dejar a la historia la imagen de Nelly como una mujer poco inteligente y con serios problemas de personalidad. Una imagen que ha comenzado a ser revisada en los últimos tiempos.

Thomas y Katia formaron una familia perfecta en torno de su matrimonio. Concibieron seis hijos. Katia se encargó de fomentar y sustentar la imagen y la carrera de su marido. Y Thomas se preocupó. Vivió siempre preocupado. Preocupado, por ejemplo, por hechos como el ocurrido a principios de los años treinta, cuando el matrimonio Mann se encontraba refugiado en Suiza. La creciente situación de tensión en Alemania había hecho que Thomas y Katia no regresaran de sus vacaciones y abandonaran su hogar en Munich por la tranquilidad de Suiza. Pero en Munich, Thomas había dejado algo que lo preocupaba. Sus diarios íntimos habían quedado en la casa abandonada. La creciente persecución de los nazis a los intelectuales judíos y contrarios al régimen inquietaba a Thomas. Pero lo que más lo preocupaba era que pudieran encontrar sus diarios íntimos (el hecho está perfectamente retratado en la miniserie televisiva La Familia Mann de Heinrich Breloer).

¿Qué preocupaba tanto a Thomas? ¿Qué había en esos diarios? La respuesta fue dada veinte años después de la muerte del escritor. Thomas era homosexual (me gustaría poder decir gay pero los tiempos de los Mann son anteriores a Stonewall). Y guardó su homosexualidad como un secreto. Un misterio represivo que ató a toda su familia. De los seis hijos de Thomas y Katia, todos, en alguna medida, fueron escritores. De los tres varones, dos, Klaus y Golo, fueron homosexuales. De las tres hijas, una, Erika, fue lesbiana. Thomas nunca reveló abiertamente a sus hijos el secreto de alcoba que mantenían con su madre.

Pero todos supieron o intuyeron acerca de la homosexualidad reprimida del padre. Todos sus hijos odiaron o temieron a Thomas. Como manifiesta Golo Mann en sus memorias: “El podía proyectar un aura de bondad, pero en su mayor parte, nosotros sólo hemos experimentado el silencio, la severidad, el nerviosismo, o la ira”. El silencio y la frialdad se habían colado en sus corazones desde la infancia. Katia, la madre, los obligaba a mantener silencio absoluto mientras su padre, el genio, trabajaba.

Los hijos fueron concebidos en parejas (más simetrías) de hombres y mujeres. Erika y Klaus, Golo y Monika, Michael y Elizabeth. Los hijos mayores, Erika y Klaus fueron escritores. Erika se convirtió en una gran actriz. Y ambos recorrieron el mundo viviendo de su padre y luchando contra el nazismo. Ambos le reprocharon a Thomas su tardanza en oponerse al régimen hitleriano. Los hijos eran combativos, como el tío Heinrich.

Erika tuvo varias relaciones sentimentales con diferentes mujeres: Pamela Wedekind (conocida por ser hija del famoso dramaturgo alemán Frank Wedekind), la periodista Betty Cox y la escritora suiza Annmarie Schwarzenbach. Pero la gran compañera de vida de Erika fue la directora Therese

Giehse, con quien estuvo hasta el final de sus días.

René Crevel y Thomas Quinn Curtiss fueron los grandes amores de Klaus, ambos ficcionalizados en una de sus mayores obras: El Volcán. Klaus no reprimió ni ocultó su sexualidad y luchó políticamente contra el nazismo y la marginación (escribió un artículo, famoso en su época, en el que definió a la homosexualidad como “un amor como cualquier otro, ni mejor ni peor. Con tantas posibilidades de lo sublime, enternecedor, melancólico, grotesco, bello o trivial, como el amor entre un hombre y una mujer”).

En 1938, Erika y Klaus viajaron a informar sobre la Guerra Civil española. En esa misma época estuvieron bajo investigación del FBI. En plena época de persecución a los comunistas, los Mann fueron de las primeras víctimas. Klaus decide volver a Europa y, luego de varios intentos frustrados, se suicida en Cannes en 1949.

Thomas Mann no dejó ver sufrimiento alguno por la muerte de su hijo, en su diario íntimo mencionó el suicidio de Klaus simplemente como “un acto irresponsable”. Es que Thomas Mann vivió para su obra literaria. No para sus hijos. Como dice el escritor español Luis de Villena: “A Thomas Mann no podía asustarle nada, porque su literatura es siempre una escritura de conflictos. Y al autor de Muerte en Venecia la homosexualidad le era muy familiar. Pero nunca supo ayudar a su hijo, bastante tenía con él mismo. En realidad los genios no debieran tener hijos, no los necesitan, su herencia es su obra y para ella viven”.

Por supuesto, la simetría de los Mann exige otro suicidio: Michael, el hermano varón menor, también se suicidó, pero algunas décadas después, en 1977. Antes había editado parte de los diarios íntimos del padre. Thomas Mann había instruido que fueran abiertos y publicados veinte años después de su muerte.

Thomas había temido las revelaciones de esos diarios íntimos, pero luego de su muerte ordenó que fueran dados a conocer. ¿Qué buscaba con una revelación póstuma de su homosexualidad reprimida? Más fantasmas sin respuesta.

El deseo homosexual es un elemento innegable en el tejido de la escritura de Thomas Mann. Ese deseo que él reprimió siempre está ahí en sus obras. Latente o en la superficie (basta con mencionar Muerte en Venecia o Mario y el mago), siempre se encuentra en la matriz de su creación. Claro, este deseo, este amor homosexual, nunca se consuma. El amor homosexual trae consigo la perdición, la muerte. Y el matrimonio es el principio creador de familias y Estados. La represión (sublimar, Mann era seguidor de Freud) de las energías sexuales fue el principio creativo que hizo nacer las obras perfectas de Thomas Mann. La creación de una familia y una gran obra literaria fueron las únicas herramientas que tuvo Thomas Mann para lidiar con una homosexualidad que lo hacía diferente al resto. Thomas Mann no pudo hablar de sus sentimientos homosexuales, pero defendió los principios de la democracia y, finalmente, fue uno de los mayores intelectuales antifascistas. Luchó con lo que tenía. Eran tiempos difíciles. Para todos. También para sus hijos, que le temieron. Sólo Erika logró reconciliarse con su padre.

El resto de los hermanos vivió su vida bajo la sombra de la tragedia. Golo, el historiador, también homosexual, vivió odiando a su padre. Monika y Elizabeth lucharon con Erika por el legado literario del padre.

En la actualidad, el heredero de la familia Mann es Frido Mann, nieto de Thomas e hijo de Michael. El suicidio siempre los persiguió y el mismo Frido reconoce las tendencias suicidas de la familia. Frido y Toni (su hermano, el otro nieto, que vive como jardinero en Zurich y reniega del pasado familiar) son los herederos de un legado familiar complejo y trágico.

Thomas Mann fue uno de los más grandes escritores de la humanidad. Dejó una obra enorme y perfecta. Y una vida llena de simetrías, la mayor, la simetría de sus creaciones: primero, los hijos de la ficción, sus libros. Y luego, los hijos reales, Erika, Klaus, Golo, Monika, Michael y Elizabeth, los hijos que sólo conocieron como padre a un ser distante al que llamaban “el mago”.

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