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Viernes, 25 de febrero de 2011

ES MI MUNDO

Papitos

Rufus Wainwright hace pocos días anunció el nacimiento de su hija Viva Katherine, fruto de su relación con el alemán Jorn Weistbrodt y la maternidad de su gran amiga Lorca Cohen, la hija de uno de los cantautores y poetas más importantes del mundo, Leonard Cohen. Unas gotas de sangre real llegan a ponerle más vuelo a la dinastía Rufus y más inspiración para las letras de sus canciones.

 Por Mariana Enriquez

El año pasado fue muy intenso para Rufus Wainwright. Su primera ópera, Prima Donna –la historia de una cantante y su misterioso retiro–, tuvo críticas diversas, la mayoría negativas, todo un golpe para alguien tan vanidoso e inseguro como Mr. Wainwright. Pero su debut en la música clásica trajo alegrías: a la primera presentación, en Manchester, asistieron su padre Loudon Wainwright III y su madre Kate McGarrigle, leyendas del folk, reverenciados artistas que tuvieron un breve y tumultuoso matrimonio en los años ‘70, del que nacieron los talentosos Rufus y Martha. Que la ex pareja se presentara en público unida fue una rareza, incluso teniendo en cuenta que asistían al debut de su hijo, porque se llevaban pésimo. Es que Kate McGarrigle ya estaba muy enferma y cualquier resentimiento había pasado a un segundo plano. Murió de cáncer en enero de 2010, a los 63 años, en su ciudad natal de Montreal. “Le cantamos mientras se moría. Mi tía Jane le estaba tomando la mano. Cuando dejó de respirar, yo la estaba mirando a los ojos. Fue una experiencia extraordinaria”, le dijo a The Guardian. No es extraño que Rufus cuente detalles tan íntimos: todo el melodrama de los Wainwright-McGarrigle está escrito en canciones y entrevistas, y se puede decir que es el combustible creativo de la familia, desde “Rufus is a Tit Man” de papá Loudon, sobre los celos que le producía ver a su esposa dando de mamar, hasta “Little Sister” de Rufus, sobre las competencias infantiles con su hermana Martha, o “Dinner at Eight”, la dolorosa canción sobre la fracturada relación con su padre.

Un mes después de la muerte de su madre, Rufus editó su último disco All Days are Nights: Songs for Lulu, el único que tiene edición argentina (extraña decisión, porque se trata del más melancólico de sus trabajos y el menos pop: son canciones al piano, sólo el instrumento y su voz, sin las famosas y exageradas orquestaciones). Y el melodrama está presente, claro: en “Zebulon”, por ejemplo: “Mi madre está en el hospital, mi hermana en la ópera; / estoy enamorado otra vez, pero no hablemos de eso”, y más obviamente en “Martha”, escrita como si se tratara de un mensaje en el contestador automático: “Martha, es tu hermano. / Es tiempo de que vayamos al Norte a ver a mamá. / Las cosas son más difíciles para ella ahora. / Y la verdad es que yo ya no soy el mayor y vos la menor. / Martha, es tu hermano. / ¿Tuviste la oportunidad de ver a papá? / Me pregunto en qué anda. / Y la verdad es que ya no nos queda tanto tiempo / como para estar enojados el uno con el otro”. Además de las canciones autobiográficas, Rufus les puso música a tres sonetos de Shakespeare, riesgo que salió de maravillas. All Days are Nights: Songs for Lulu fue recibido con gran entusiasmo por la crítica y los fans, especialmente por quienes deseaban un disco así, más íntimo, más parecido a los momentos de los shows en vivo de Rufus, cuando abandona el artificio y desnuda sus canciones. El disco está sobrevolado por la ambivalencia: la tristeza por la muerte de la madre, la tranquila felicidad de una pareja estable y amorosa, la madurez artística y sus riesgos –reproducir el legendario show de Judy Garland de 1961 en el Carnegie Hall, como lo hizo en 2009 en Nueva York– y estrenar una ópera en Londres en menos de un año, son decisiones que estresarían a cualquiera.

Rufus afirma que, en efecto, fueron momentos de máxima tensión, pero aliviados por la presencia de su novio Jorn Weistbrodt, alemán, productor teatral, miembro del staff de la Opera de Berlín, su pareja de más de cinco años. Una tranquilidad que, sin embargo, llegó con el tiempo: al principio, confiesa Rufus, creía que tener una pareja lo aburguesaría y arruinaría su capacidad de escribir canciones; que necesitaba del estímulo de las noches y las compañías y las fiestas. “Hace cinco años que estoy sobrio, y mis adicciones eran endemoniadas: metanfetamina, alcohol, sexo... Esa parte de mi personalidad sigue allí, solamente trato de que no actúe. Pero durante un tiempo creí que eso afectaría, también, mi parte creativa.”

El intenso 2010 trajo también a su sobrino Arcángelo, el hijo de Martha. Nació prematuro –más melodrama: la madre agonizante pudo conocerlo gracias a eso– y disparó en Rufus las ganas de ser padre. En una entrevista de febrero de 2010, poco antes de que se editara su disco, decía: “Con Jorn estamos explorando muchas opciones. Todavía es top secret, pero tener un hijo es algo que está en nuestros planes”.

Los planes se hicieron realidad la semana pasada, cuando Rufus y Jorn anunciaron el nacimiento de su hija, Viva Katherine. Pero como parecen incapacitados para el perfil bajo, lo más impactante fue saber que la madre de la niña es la mejor amiga de Rufus, Lorca Cohen, la hija de uno de los cantautores y poetas más importantes del mundo: Leonard Cohen. Así se entrelazan las dos familias musicales más importantes de Canadá, los McGarrigle y los Cohen, en una dinastía que debe hacer las delicias del romántico Rufus. En su website, escribió que él, Jorn y Lorca son los “orgullosos padres”: ya se sabe que van a criarla entre los tres. La niña nació en Los Angeles, donde su madre tiene una finísima tienda de antigüedades. “La angelita está evidentemente sana, presumiblemente feliz y ciertamente es muy hermosa. Papá Nº 1 quiere invitarlos a un cigarro digital y dar la bienvenida a la niña con una frase de su canción folk francesa favorita, ‘A la claire fontaine’: Il y a longtemps que je t’aime, jamais je en t’oublierai (‘Hace tiempo que te amo, jamás te olvidaré’).” La locura periodística que siguió al anuncio (¡es la nieta de Leonard Cohen!) estuvo llena de especulaciones: la más acuciante de las dudas estuvo en torno de la maternidad de Lorca, porque muchos medios reportaron que fue la donante. Rufus salió a desmentir: “Lorca es la madre de Viva. No tuvo a la niña en su vientre para nosotros; somos una familia de cuatro”. Jorn y Rufus están comprometidos desde hace un año. Lo anunciaron sobre el escenario, en un show en el Royal Albert Hall de Londres; ese mismo día se compraron anillos en Tiffany’s. Varias veces jugaron con la idea de casarse en algunos de los estados de EE.UU. que permiten el matrimonio, o en Alemania, donde sin embargo el matrimonio no tiene status legal, pero la unión civil es muy amplia. Ya encontrarán la manera de hacerlo, probablemente a lo grande. Hay fotos de ambos por toda la web, en las que se puede comprobar lo apuesto que es Jorn; son –¿y cómo no con un Wainwright?– absolutamente públicos con su relación. Jorn suele subirse al escenario para saludar o besar a su novio –y hasta para cantar–, van a todos los estrenos juntos, son inseparables. En 2007, Rufus hablaba liviano y divertido de su entonces recién conocido novio: “No es posesivo para nada, lo cual es muy inteligente si vas a salir con un músico que anda de gira, y eso hace que yo le tenga más devoción. Además es hermosísimo y el sexo es fabuloso”. Ahora habla de otra manera: “Sin él, no sé si hubiera sido capaz de lidiar con todo el drama y el estrés del año pasado”, dice. Ahora, los fans están esperando una foto de la niña que ya tiene encima la presión del mundo musical: de ella, con semejantes genes, se esperan maravillas. Desde aquí, más modestamente, esperamos que todos sean lo más felices que puedan ser.

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Rufus Wainwright y su novio Jorn Weistbrodt, alemán, productor teatral, miembro del staff de la Opera de Berlín, su pareja de más de cinco años.
 
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