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Viernes, 25 de febrero de 2011

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La hora de elegir

Este último tiempo tuve la posibilidad de conocer a distintas chicas trans que, como yo, buscan desarrollarse, crecer, avanzar y disfrutar de lo que hacen; algunas de ellas son maquilladoras, peluqueras, camareras y hasta encargadas de edificio.

Creo que se manipuló mucho a lo largo de la vida y se mostró el peor costado; si vos decís “travesti”, enseguida se lo asocia a la prostitución.

Todos formamos parte de la idiosincrasia argentina, donde se encasilla a las personas. Son roles que vamos teniendo y que van cambiando de acuerdo con lo que convenga. La gente no quiere que seamos diferentes; no quiero generalizar, pero la sociedad necesita que todas las personas piensen igual y que se vistan igual. Les da miedo reconocerse como distintos y que alguien se acerque y se los diga. Los que son distintos son discriminados, ¿será por eso? Es una lucha contra prejuicios propios y ajenos.

No es fácil saber lo que uno quiere y darse cuenta desde dónde uno elige.

La construcción de una identidad, pensar en un proyecto para el futuro y entrar al mundo, insertarse, resulta inquietante y genera angustia. A veces, pensar que lo que elijamos tiene que ser para siempre le agrega más presión y nos paraliza. Pero en toda elección hay algo que se gana y algo que se pierde.

Mi actitud siempre fue positiva ante cualquier trabajo que tenga que hacer y disfrutarlo.

Tengo un espíritu explorador; tanto, que me lleva a meter los dedos en el enchufe para saber si es verdad la experiencia de la corriente eléctrica.

¿Qué es lo más honesto que puedo decir de mí misma? Que soy un ser afortunado. Desde muy temprano en la vida supe que tenía que construir una persona, pero, ¿quién se asusta? Las mejores cosas con frecuencia son difíciles y se necesita de mucho valor para enfrentarlas.

Eso es lo maravilloso y lo aterrorizante de haber llegado hasta aquí. Todo está sobre la mesa y al alcance de la mano, la libertad, la responsabilidad por las consecuencias de la elección y el premio o castigo, son nada más y nada menos que la felicidad o la falta de ella.

Hay que lanzarse y correr el riesgo: apostar es la única manera de implicarse en este proceso. Si no funciona el camino elegido, siempre hay tiempo para volver a elegir.

Valeria Licciardi

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