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Viernes, 13 de mayo de 2011

A LA VISTA

¿Propiedad de quién?

Luego de Drag Kings, cosas de machos, el grupo de teatro En Vilo presenta Propiedad privada, una sátira donde continúan vistiéndose de hombre para combatir con humor y sarcasmo los estereotipos sexistas de cada día.

 Por Leandro Ibáñez

Qué mejor plan para un viernes a la noche que una milonga cristiana en el barrio de San Telmo. Y cuánto mejor si debajo de los trajes de los dos malevos protagonistas se encuentran dos mujeres interpretándolos.

Ubicados en nuestros asientos, Lola, la sometida culpógena asistente de la congregación, nos reparte unas estampitas y unos números para participar del concurso de una canasta de alimentos de dudosa procedencia. Las luces se apagan y comenzamos a ser parte de esta “crencha cristiana” en honor a Carlitos de la Púa, poeta malevo que, cercano a la Huesuda, se confesó por las dudas. Ricardo y Roberto, los compadritos de la milonga, nos van poniendo a tono y nos recitan uno de los poemas del homenajeado: “Amasijo habitual”.

La durmió de un cachote, gargajeó de colmiyo, se arregló la melena, y pitándose un faso salió de la atorranta pieza del conventiyo... y silbando bajito rumbió pa’l escolaso.

Luego, “Balada para un loco” y un valsecito entre hombres, como en los tiempos de El Zorzal Criollo, aunque ahora remixado con notas electrónicas. Cual “cosa de machos”, el cafishio de Ricardo y el fanfa de Roberto se trenzan por la posesión de la tierna Lola, que parece más interesada en María que en cualquiera de estos dos atorrantes.

Y si hasta aquí, en este bailetín, veníamos disfrutando de un buen show de tango, bastó la llegada del despistado clérigo para que el discurso intolerante y homófobo quedase del todo claro. Roncarolo, luego de haber interpretado el achuramiento de Roberto, se calza el hábito sacerdotal y nos alecciona sobre el divorcio, la apostasía y la conducta de aquellos que deben ser recluidos en una isla. El tango, sostiene el religioso, es obra divina, porque mediante sus letras manifiesta el rol que deben cumplir el hombre y la mujer en esta vida católica.

En Propiedad privada, con tonos de comedia y picarescos, Alejandra Arístegui (Lola), Marcela Díaz (Ricardo) y Patricia Roncarolo (Roberto) satirizan los roles del macho arcaico y violento, usando el tango como discurso sexista, donde la mujer es “una salchicha que se disputan dos perros”. Un pequeño escenario, adornado con bombitas de colores y algunas proyecciones audiovisuales son suficientes para que estas tres actrices bailen y canten en vivo, rompiendo con el característico playback de los espectáculos protagonizados por drag queens o, como en este caso, drag kings. Con la dirección de Arístegui, el grupo combina el lado más machista del tango y la institución eclesiástica católica para reírse, y a la vez denunciar, la manera en que la Iglesia cree ser propietaria del cuerpo de las mujeres y regente de los vínculos afectivos y sexuales de los seres vivientes que habitan bajo el cielo celeste de este mundo.

Por último, y para terminar tan particular velada, nos despide el chileno Rosamel Araya y sus tíos, cantando sus clásicos boleros, como el femicida “Señor abogado” y el denigrante “Propiedad privada”.

Para que sepan todos que tú me perteneces, con sangre de mis venas te marcaré la frente, para que te respeten aun con la mirada, y sepan que tú eres mi propiedad privada.

Porque siendo tu dueño no me importa más nada que verte sólo mía, mi propiedad privada.

Drag Kings, propiedad privada,
Viernes a las 21. C.C. Caras y Caretas,
Venezuela 370.

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