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Viernes, 22 de julio de 2011

ES MI MUNDO

Muñecas bravas y quebradas

Por primera vez en Argentina, Limp Wrist, una de las últimas bandas del queercore más ruidoso, dará una serie de recitales donde explotará ese homoerotismo vertiginoso y rebelde que a su líder uruguayo le gusta gritar con todo su cuerpo peludo y desnudo.

 Por Diego Trerotola

Cuando el grunge, vía Nirvana, elevó algunos planteos del punk a una altura inesperada, fue gracias a su radicalidad que volaba, dinamita mediante, hasta atronar el cielo con las manos, como bien lo hizo esa banda de Seattle a principios de los ’90. Para escapar de ciertos vicios que el rock mainstream dictaba como sensibilidad hegemónica, Nirvana quería interrumpir la cadena de producción reaccionaria de la música industrial. Y lo hicieron de muchas formas, principalmente con canciones que eran un prodigio eléctrico y desestabilizador, yendo de lo sofisticado a lo brutal. Y también Kurt Cobain rubricó su postura radical, negro sobre blanco, en las notas publicadas en su disco Incesticide (1992): “En este punto tengo un pedido para nuestros fans. Si alguno de ustedes en algún sentido odia a los homosexuales, a la gente de diferente color o a las mujeres, por favor, déjennos tranquilos. No vengan a nuestros recitales y no compren nuestros discos”. Es difícil calcular la influencia de ese texto de Cobain, pero es posible que haya tenido mucha más importancia, haya permeado tanto más que ciertas ideas del movimiento queer que surgía en sincronía para desmoldar esa última década del siglo XX. Influidos o no por Nirvana, el crédito local Fun People, en especial alianza con She Devils, creó en los noventa su Hardcore Gay Antifascista, una serie de eventos que tuvieron el mismo criterio: alejar la homofobia de los recitales del hardcore vernáculo. Todo esto era apoyado por Nekro, integrante de Fun People, a través de una serie de fanzines, algunos de ellos recién reeditados en el libro Mi pequeña colección de funzinez, donde, por ejemplo, reproducía denuncias de crímenes de odio de Lesbianas a la vista. “Ultimamente hay chicos/as diciendo qué es lo que es y no es, que hay que ser o no ser, hacer o no hacer para ser punk. ¿Cómo? ¿Desde cuándo el punk tiene reglas??? El punk está muerto... porque ustedes lo mataron”, escribe Boom Boom Kid, una de las últimas encarnaciones de Nekro, que en manuscritas letras descontroladas, en esas hojas fotocopiadas de fanzine sin pulcritud de diseño digital, parafraseaba ese “Punk Not Dead” graffiteado millones de veces. Para desmarcarse del lugar muchas veces conservador, o al menos heterosexista, donde se acomodaba el punk, cierta tendencia del hardcore aceleró la homofilia y el feminismo dentro del rock local. Así, a mediados de los ’90, Nekro editó el EP El aborto ilegal asesina mi libertad, donde invitaron a la banda estadounidense de hardcore latino Los Crudos para participar del disco. Poco después de ese disco, Martin Sorrondeguy, cantante de Los Crudos que había salido del closet justo el año que moría Kurt Cobain, iba a crear Limp Wrist, la banda que haría sonar el queercore al máximo volumen. Y después de haber editado la discografía completa de Limp Wrist, Boom Boom Kid trae por primera vez a la Argentina a esta banda de putos rabiosos, ruidosos y gritones.

El grito profano

Si el harcore punk eligió en sus orígenes una palabra traída de la pornografía para catalogar la velocidad y el primitivismo que le imprimen el particular sonido duro, lo que en realidad desnudaban y ponían en acción sus tres acordes furiosos era no sólo una diversión tribal sino también una forma de protesta frente a una nación reaganeana que se consolidaba a principios de los ’80 en EE.UU. Aunque yendo a ciertas raíces del punk, al agit-prop descontrolado que impacta desde un eco ensordecedor, pocxs eran lxs que dentro de ese movimiento se atrevieron a pensar al sexo, la orientación sexual o la identidad de género como formas políticas, como sustancia de su estética desobediente. Si desde sus inicios la escena del hardcore punk fue minoría, como sostiene American Hardcore, el documental de Paul Rachman, entonces lo de Martin Sorrondeguy era una triple minoría: hardcore latino queer, primero con Los Crudos y luego con Limp Wrist. Uruguayo emigrado a los dos años a EE.UU., Sorrendeguy salió del ghetto latino para unirse al breakdance, una cultura nacida en otro ghetto, el negro. En ese momento flirteó con el movimiento disco house de los ’80, donde había cierto ambiente gay, pero no se atrevió a sociabilizar sus deseos. Recién en una gira con Los Crudos, tal vez agitado por el descontrol de sus propios recitales, comenzó a dejar de reprimirse. De ahí a plantear una sensibilidad común con el homoerotismo punk del movimiento queercore, que ya tenía más de una década de vida, había sólo que hacer un quiebre, que se llamó con justicia Limp Wrist, que significa muñeca quebrada, una forma ya medio arcaica de denominar a los invertidos. No hay que olvidar tampoco que punk, en el slang estadounidense, también significaba puto, aunque parte del movimiento hardcore haya querido olvidar esa acepción de origen. ¿Acaso la muñeca quebrada no permita sonar más violentos, porque da más elasticidad para lograr vértigo sónico al tocar la batería o rasgar el bajo y la guitarra? Lo que permitió el pulso marica de la banda es salir de la agenda que el punk, que ya cumplía la mayoría de edad y se estaba institucionalizando. “Hay más seguridad hablando de los mismos temas que habla el punk, pero cuando empezás a hablar de cosas que no todo el mundo apoya es como medio complicado... Pero a nosotros no nos importa. Queremos tomar el espíritu de los primeros punks, gente de comunidades diferentes, homosexuales, lesbianas, travestis y demás... Eso fueron los orígenes del punk... Ser políticos y confrontar a la sociedad porque somos ‘chicos raros’. No pensamos igual que la sociedad. Cuando la sociedad es racista no vamos a ser racistas; cuando la sociedad es homofóbica no vamos a ser homofóbicos”, respondía Sorrendeguy al fanzine Homoxidal 500, allá en los inicios del milenio, cuando surgió espontánea y efímeramente un movimiento queercore local, donde se logró editar Perversos, desviados, invertidos, el único disco que compilaba en América latina a bandas homocore como The Haggard, She-Devils, Islam y Limp Wrist, que aportaba su hit “I love hardcore boys, I love boys hardcore”, donde cantan que “los bisexuales de cresta y tachas me calientan”. Así, el porno queer, vía fetichismo hardcore, se exhibe con Limp Wrist como forma de profundizar el DIY (hacelo vos mismo), que desde su más extrema independencia se ubica fuera de los circuitos tradicionales, saliendo de la música industrial para defender una autoedición, autogestión, como anarcoestética musical y sexual. Mientras Pansy Division, otra importante banda queercore de los ’90, surgió de la idea de llevar al circuito gay una diversidad musical, Limp Wrist arrancó desde una estrategia opuesta, quería subrayar y hacer circular cierta homofilia del ambiente hardcore, redimensionando el homoerotismo que se plantea en el pogo, ese impacto de los cuerpos como orgía explosiva. Pero, esos cuerpos no son los de un ambiente a la moda, cuerpos de mercado, como cantan en “Rainbows”, proponiendo una diversidad extrema en su pluralismo, donde no basta un arco iris construido por la comunidad glbt, debería haber varios para aquellos que no encajan en él. Es que, aún hoy, es difícil que alguien identifique al hardcore dentro de la sensibilidad gay, como ellos mismos describen en “OD’d on Pop”: “Mierda, algo salió mal,/qué está pasando./Esta música es demasiado rápida,/es una canción muy corta/la voz suena para el orto./No puedo seguir el ritmo./¿Cómo carajo voy a mover mis pies?/¿Estás seguro que esta banda es gay?”. Cada canción de Limp Wrist es una forma de confrontación, un llamado a la rebelión del queercore, enfilándose del lado de las mariconas, los leather y la drag kings, como cantan en Punk Ass Queer, su grito de odio a la normalidad; pero también celebrando la gallardía de punks pionerxs que salieron del closet, como lo hacen en “Ode”. Hay, siempre, apología del eterno espíritu de fanzine queer, esas fotocopias que son como “Tom de Finlandia para adolescentes”, y cierto humor corrosivo en las inversiones zarpadas que vomitan o en imágenes iconoclastas como el poster de “Los putos odian a dios”, dando vuelta la proclama de la derecha religiosa antigay. El antiasimilacionismo a grito pelado, panfleto-trueno, anti-mercado del deseo, que empuja al baile tribal, a lanzar la molotov sonora al oído en conserva, pero sin nunca esconder la mano, sino para ofrecer todo el cuerpo en acción, servido sobre la escena, como en cada recital de Limp Wrist, cuando Sorrendeguy apenas en calzoncillo, o tal vez con una media de red o un minishort, se mezcla con las hordas de traspiradxs que corean el mismo himno de bronca y felicidad de ser queer. Ahí, en ese enjambre, en ese rito comunitario de agitación se puede escuchar el núcleo duro del ruido revolucionario, siempre que los esfínteres estén bien abiertos.l

Limp Wrist se presenta, siempre junto a Boom Boom Kid, el viernes 22 y domingo 24, a las 19, en Niceto Club (Niceto Vega 5510), y el sábado 23 de julio, a las 20, en el Club Imperial de Rosario (Sarmiento y el río).

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