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Viernes, 12 de agosto de 2011

El lento camino de desaprender lo que la escuela pretende enseñar

Mientras se suceden los fallos a favor de la identidad de género de personas trans –el último fue en Santiago del Estero y tuvo la particularidad de haber reconocido la identidad masculina de quien lo demandaba sin necesidad de dar parte a ningún otro organismo del Estado–, en las escuelas se sigue exigiendo que los nenes y las nenas se comporten como si fueran tribus antagónicas. El texto de Valeria Licciardi que sigue da cuenta de qué arduo se hace el camino cuando hay que desaprender todo lo aprendido.

 Por Valeria Licciardi

Desde hace un tiempo me estoy preocupando más por desaprender, que por aprender. Me he liberado de toda la basura asimilada y a medida que lo hago me siento mas libre.

Me viene a la cabeza un recuerdo que tengo del jardín.

Me encontraba en "el rincón de la mamá" jugando con una amiguita. Al parecer para la maestra todo era "normal", se suponía que veía un papá y una mamá. Pero no. Observando bien la escena la señorita ve que ambas estábamos jugando a las amiguitas que tomaban el te, y no sólo eso, lo hacíamos con nuestros hijos. Ella con un bebote y yo con un osito.

No tardó en acercarse y me trajo un autito. Recuerdo que me lo puso delante de mis ojos. Me dijo, señalando el autito, esto sí es cosa de chicos. Lo que recuerdo bien fue que lo agarré, lo tiré contra el piso. Ella me gritó y me dijo “¿por qué hiciste eso?”

¿Qué se suponía que le debía contestar? ¿Cuál era la respuesta? Por Dios, tardaría una vida en responder esa pregunta.

Citó a mi mamá, pero yo antes le conté lo que me pasaba. Le dije que la maestra no me dejaba jugar.

Siento que los colegios son sitios tristes que asfixian a los niños, destruyendo su alegría, cuando deben ser los lugares más felices del mundo. En la escuela se preocupan más porque formes bien la fila, cosa importante si las hay, y se olvidan de comunicarnos la posibilidad que tenemos de convertirnos en seres que aman o en seres frustrados.

Uno de los rasgos característicos de nuestra sociedad es que nos sentimos más cómodos si podemos meter a todos dentro de un molde.

No me siento cómoda cuando me piden definiciones.

Me encanta no tener definición. Me gusta ser una persona creativa, creo que en el momento que me defino, me estoy limitando y realmente no quiero hacerlo.

Soy pedacitos de mi propia construcción como persona. Trato de expresarme de la manera que surja en el momento que surja.

Mi mamá –y hablo de ella porque papá no tengo desde los 16 años–, me empujó a irme de casa, a que hiciera mi propia vida, sabiendo que la iba a tener como sostén ideológico, moral y por qué no económico también. Pero que hiciera mi vida, que lo intentara.

Me gustaría compartir mi experiencia.

Creo en las recetas y en las fórmulas. Lo primero de lo que les hablaría a mis hijos es de la muerte, para que vivan cada instante y disfruten del presente, También les diría que somos seres únicos e irrepetbles, unque a veces nos cueste creerlo. Los ayudaría a confiar en los demás, a creer y sobre todo a tener fe.

Hay algo que me ayudó y a lo que recurro cada vez que siento que tambaleo y es ordenar mis prioridades.

Encontrarse a uno mismo es un proceso lento y duro, igual a cualquier descubrimiento. Nunca es fácil, pero uno puede apoyarse en los demás para buscarse a sí mismo.

La semana pasada fui a visitar la cooperativa Nadia Echazu, en Avellaneda. Allí me encontré con muchas chicas que están construyendo su vida. Participan de un emprendimiento fantástico. A nivel laboral es único en el mundo, gestionado y administrado por las propias chicas. Está coordinado por Lohana Berkins, dirigente de la Asociación de Lucha por la Identidad Travestí (ALIT). Actualmente están confeccionando sábanas y tienen varios proyectos en camino, entre ellos lanzar una línea de ropa.

Es una iniciativa que tienen mucho trabajo atrás, pero es que solo con trabajo, con dedicación se logran las cosas.

Siento que podemos elegir, porque tenemos opciones. Podemos escoger cómo vivir nuestra vida. Podemos optar por la alegría, la libertad, la creatividad, el asombro o el aburrimiento y podemos realizar la elección en este instante.

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