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Viernes, 16 de marzo de 2012

Tener Códigos

Hasta ahora sólo se difundieron unas pocas ideas de la futura reforma del Código Civil, pero ya circulan gritos de espanto desde los medios e instituciones que se oponen a garantizar una sociedad más inclusiva. Se habla del “divorcio express” y de “los niños huérfanos de vientre subrogado”.

“La sociedad conyugal ya no es la de los tiempos de Vélez Sarsfield”, dijo Julio César Arias Navarro, abogado especializado en Derecho de Familia, y si bien puede ser una verdad evidente, también es necesario decirla en voz alta para que desbarranquen los argumentos reaccionarios de quienes piensan que todo debería seguir igual. Arias Navarro también podría haber dicho “sociedad” a secas, sin adjetivo, lo que tendría igual nivel de verdad. Invocar a Vélez Sarsfield es un flashback a fines de la década del ’60 del siglo XIX, cuando elaboró un Código Civil que, tras casi un siglo y medio de implementación con modificaciones mayormente epidérmicas, sigue vigente, reproduciendo normativas e ideas que dejan fuera a muchas personas que nacieron, viven, necesitan y/o desean desarrollarse en familias que no necesariamente están incorporadas y protegidas por alguna letra de la ley. Personas que son errores de ortografía para el viejo Código Civil; personas y familias con presente que ahora tienen un futuro cercano y auspicioso. Al menos, si se ponen en vigencia las modificaciones que propone la Comisión para la Elaboración del Proyecto de Ley de Reforma, Actualización y Unificación de los Códigos Civil y Comercial de la Nación, creada el año pasado y formada por Ricardo Lorenzetti y Elena Highton de Nolasco, respectivamente presidente y vicepresidenta de la Corte Suprema de la Nación Argentina, junto a la jurista Aída Kemelmajer de Carlucci.

“La verdad, me siento Napoleón”, dijo Cristina Fernández de Kirchner, en el discurso de inauguración de las sesiones legislativas del 1º de marzo, presentando algunos avances de la modificación de los códigos civil y comercial con una alusión a la inspiración que tuvo Vélez Sarsfield del prócer galo que fue “autor de la codificación civil francesa”. Acto seguido, en sus breves adelantos del contenido de la reforma, la Presidenta nombró la simplificación del juicio de divorcio, bastando la voluntad de uno de los cónyuges, sin necesidad de expresar mutuo acuerdo (“para evitar las ficciones que hay que montar y lo saben los abogados y lo saben los jueces”), también la nueva codificación inaugura los contratos prenupciales y reconoce las uniones de convivencia, además de una ley de adopción “para completar y proteger a la familia y a los menores, que de esto se trata la legislación o, por lo menos, debería tratarse”. También, el Código Civil actualizado “va a abordar la reproducción humana asistida, que debe tener legislación y también la gestación por sustitución, sobre todo para aquellos casos que por más que haya fertilización asistida la mujer está imposibilitada de concebir, se hará con control judicial. Y será motivo de discusiones, pero son discusiones que la sociedad tiene que dar como dimos la discusión por el matrimonio igualitario, porque vivimos en el siglo XXI”. Cierto es que, tras el matrimonio igualitario, hay ideas que atrasan un siglo, o dos, y para mirar bien en qué mundo vivimos, lo mejor es que existan leyes que no ayuden a sostener ficciones (léase también hipocresías) casi siempre dolorosas, que muchas veces construyen mártires de personas que no quieren interpretar ese papel. ¿Se puede seguir asfixiando a gente a través de la imposición de una forma monolítica de reglamentar la unión, la familia, la gestación, sin posibilidad de alternativas sinpor eso quedar desprotegida o, en el peor de los casos, ser blanco de la violencia institucional? A vuelo de pájaro, la misma existencia de el matrimonio igualitario impone volver a discutir algunos códigos. De hecho, ahora el divorcio implica a personas que antes eran indiferentes a esos asuntos porque no podían casarse, hecho que cambia el punto de vista o, al menos, lo amplía. También la existencia legal de parejas homoparentales debería extender ciertas cuestiones relacionadas con las leyes sobre derechos reproductivos, fertilización y gestación. Aunque también es verdad que se trata de una cuestion lgbtt sino que muchas personas heterosexuales están fuera del marco de protección que debería dar la legislación. Por eso, tal vez lo más importante ahora es que ya no tenemos que sostener posiciones exclusivas sobre nuestros derechos, invocando que somos una minoría largamente relegada, sino que, gracias a un presente inclusivo, estamos en condiciones de ser parte de un todas y todos, considerando que nuestra lucha es realmente colectiva y que trasciende, pero que no invisibiliza, nuestra orientación sexual e identidad o transgresión de género.

Grito en el cielo

Si bien hasta ahora solo se difundieron unas pocas ideas de la reforma del Código Civil y Comercial, ya fueron suficientes para que circulen sesgadas por los medios e instituciones que se oponen a garantizar una sociedad más inclusiva. Por ejemplo, la simplificación del juicio por divorcio ya se conoce como “divorcio express”, frivolizando la eliminación de la burocracia del dolor que implica andar durante años confrontando entre cónyuges, muchas veces multiplicando la violencia que origina la separación. Esta versión despectiva tiene el mismo tufillo conservador que los argumentos apocalípticos, hoy un poco risibles, que esgrimían quienes se opusieron a la Ley de Divorcio a fines de los ’80. Lo que no sorprende, aunque sí resulta cada vez más paradójico, es que la Iglesia Católica que responde a la ideología vaticana, siga queriendo confrontar con los cambios propuestos, tras haber tropezado con su propia necedad y desborde durante las discusiones del matrimonio igualitario. Los representantes católicos se quejaron de no haber sido consultados para la reforma. Primero, la institución eclesiástica debería crear leyes o mandamientos para sus feligreses y no imponer al resto de la sociedad, creyente o no, sus ideas morales, mayormente moralistas. Además, la Iglesia ni pide consulta, y menos la tiene en cuenta, de quienes no forman parte de ella sobre la ideología de supremacía masculina y del lugar oprimido de la mujer en su institución, entre otras cuestiones que rigen su funcionamiento desigual basado en ideas reduccionistas sobre género y sexualidad. “La regulación del matrimonio tampoco es feliz, porque utiliza un lenguaje que facilitaría la eliminación del deber de fidelidad entre los cónyuges”, declaró Antonio Marino, obispo marplatense. Lo que realmente no es feliz es imponer límites externos al amor, compromiso y fidelidad diversa que pueden tener las personas para buscan su propia forma de bienestar familiar. La corporación de abogados católicos ya sacó un documento alertando sobre la fecundación in vitro, porque parece que esta práctica que se lleva adelante en todo el mundo se lleva puestos a muchos embriones que quedan sin fecundar. ¿Estarían de acuerdo si se fecundaran todos los embriones que anden perdidos en un ovario? La maternidad subrogada es considerada inmoral, sin más argumento, y la fecundación post mortem tendría como consecuencias una figura de alta originalidad: los huérfanos artificiales. La actualización del Código Comercial incluye leyes contra el “abuso de la posición dominante en el mercado”, que según al Presidenta, sería una modificación importante para el control de los monopolios. El Vaticano, casi como gesto desesperado de pérdida de su expansionismo religioso, quiere seguir aplicando la idea de un monopolio moral, que también habría que regular. Con su espíritu conservador, la Iglesia intenta rebobinar el reloj de los cambios, volviendo ya no a los tiempos de Vélez Sarsfield sino a los de Napoleón, antes de 1801, cuando redactó el Código Civil. La Iglesia vaticana quiere cambiar democracia por teocracia, dando otra batalla prenapoleónica, tratando de olvidar que ya perdió una que ella misma creó durante la discusión del matrimonio igualitario. Por suerte, muchas personas y familias no olvidamos, porque sabemos que estamos construyendo historia.

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