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Viernes, 8 de agosto de 2008

El amor es libre

Mariana Pessah, fotógrafa, escritora y militante –“aktuante” prefiere ella– lesbiana feminista. Desde hace algunos años viene proponiendo en talleres y diversos trabajos una reflexión y puesta en acto de un modelo de amor que supere los límites que impone la vida “en pareja”.

 Por Leonor Silvestri

Tu taller sobre Amor Libre en el Encuentro de mujeres lesbianas y bisexuales que se hizo este año en Rosario fue el más concurrido...

–Sí, fue muy loco. Sabía que iban a ir varias, pero no esperaba tanto. La primera vez que hicimos esto fue en el Encuentro Lésbico Feminista de América latina y el Caribe en México con Ochy Curiel, y fue uno de los más concurridos, o sea que tanto no me sorprendió, pero igual que de 400 mujeres más de 100 vinieran, y que físicamente no hubiera más lugar...

¿Qué pensás que están buscando las chicas?

–El común denominador de las que asistieron no planteó un lugar rupturista sino que venía a buscar una manera de manejar los cuernos. “¿Le cuento o no le cuento si me gusta esa mina o me gusta la otra?” No van al punto de la cuestión de por qué hay que cerrar las relaciones. Hay un casete que te dice “así tenés que pensar” y lo repetís. También vinieron muchas muy perdidas que nunca habían escuchado hablar de nada de esto. Hay muchas que no son conscientes de que reprimen su deseo, ni siquiera piensan en su deseo y no van al punto de la cuestión: por qué hay que cerrar. Por ejemplo, una chica en un taller me contó: “Si yo estoy con alguien y otra me calienta, dejo esa relación y comienzo una nueva”, uniendo siempre sexo con pareja.

Existe el mito de que las mujeres somos más conservadoras...

–Yo creo en el sexo sin amor, porque también está el mito de que nosotras no nos calentamos: nosotras queremos coger y somos sexuales, queremos tener sexo salvaje. Siempre que haya mutuo acuerdo y cuidado, está todo bien. Si yo quiero que me latiguen y otra quiere latigarme, ¿por qué no? Todo lo que sea mutuamente consensuado, todo lo que sea placer consensuado forma parte de esto. Sin embargo, el taller fue muy bueno porque visibilizó, denunció y sirvió para empezar a hablar de este tema y además fue el único que cuestionó la monogamia. Estos talleres que yo armo son egoístas, los hago para poder entender más. El sistema no se me va a meter en el cuerpo. Si algún día estoy sólo con una mujer, será una elección, el tema es elegir.

¿Cómo se dice: amor libre, pareja abierta o relaciones abiertas?

–Yo le digo amor libre, es un término que viene de la anarquía, y por eso es político, o relaciones abiertas, que tampoco significa una pareja, pareja es dos, es cerrado. Relaciones que son muchas y van y vienen, de eso hablo. Para mí, amor libre y relaciones abiertas son sinónimos. Mi trabajo se enfoca en lesbianas feministas en ese marco teórico. Cito el trabajo empezado por Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre, Alexandra Kollontai, o Emma Goldman, Pizano también. Soy una anarquista, quiero hablar de este lugar políticamente, no sólo desde la cama.

¿Por qué pensás que la gente necesita relaciones abiertas?

–Yo partiría al revés: por qué la gente necesita cerrarlas, cuando es una imposición de la sociedad que dice que hay que cerrarlas y reproduce modelos. Se cierra el amor porque la sociedad necesita organizarnos, lo mismo que necesita policías y militares. Cuando hablamos de esto surge: “¿Hasta dónde vamos a llegar?”. Y yo cambio el énfasis y digo: “¿Hasta dónde iremos a llegar?”, que será lo bueno que podamos descubrir desde el amor y desde la libertad.

¿Lo practicás?

–Yo tengo una relación abierta. Hace 4 años que estamos juntas y 3 que vivimos juntas, pero desde hace un año y medio yo viajo mucho. Clarisse dice que nos aguantamos porque yo viajo, en chiste. Con Clari tenemos una relación profunda, pero en otras relaciones odio jerarquizar, decir que ella es mi relación principal, pero esa relación es más fuerte y eso se da como “naturalmente”. Es complicado el tema de nombrar, pero si no das nombre, no existe. Tampoco sé si vamos a estar toda la vida juntas.

¿Cómo empezaste?

–Cuando me separé, después de una relación de 6 años súper hermética, la conozco a Clarisse, y empezamos a estar juntas; hasta estar con ella nunca imaginé que yo fuera esto que soy hoy. No sé cómo pasó, pero comenzamos a charlar acerca de la fidelidad; a medida que nuestro afecto crecía, yo le dije que no sabía qué era ser fiel o infiel y que a aquel tipo de la relación de antes no quería volver porque reprimí muchas veces lo que sentía y deseaba. Desde que estoy con Clari no he estado nunca con tantas mujeres, y nunca he amado a alguien tanto como la amo a ella, porque con ella descubrí la libertad. A mí me gustan las mujeres, ¿por qué tienen que dejar de gustarme? Hay una a la que amo profundamente, pero no es la única que me gusta. Yo le pongo palabras al deseo, no tengo sólo deseo por esa única mujer a la que debería jurarle amor eterno, tenemos una relación hablada. Clarisse me dice “si un día nos separamos, vos seguís viviendo acá, juntas”, nuestro amor va más allá del sexual, que de todas formas existe, que nos une.

¿Conocés otras mujeres que trabajan este tema?

–Somos pocas las que venimos trabajando en esto, hay algunas que lo trabajan más teóricamente, pero no en la práctica. Yo quisiera un grupo de estudio, además de los talleres vivenciales. Yo no quiero dar cátedra. Es más: alguna vez quisimos abrir un albergue transitorio de lesbianas, porque no hay, pero con un precio económico, que no se lucre. Los espacios donde relacionarse en una sexualidad más libre como hacen los varones(cogederos, sex shops, saunas) se pueden proponer, pero sin ánimos de ganar dinero.

¿Por qué es tan difícil vivir relaciones abiertas?

–Es un tema que cuesta muchísimo porque te metés con los cimientos, y la base, de ir al fondo, y no queda nada en pie: tocás la familia, la religión, tu madre tu padre, la economía y todo lo que te enseñaron. Vamos más allá de una relación convencional y nos unimos a la destrucción de la familia y armar núcleos afectivos, no familias alternativas como se les dice ahora, que continúan con el peso tan fuerte del patriarcado y de la Iglesia. Yo quiero destruir, partir de cuajo. Tendríamos que volver a inventar nuevas formas de relacionarse porque hasta el medio arquitectónico predispone y arma; si viviéramos de otra manera, en contacto con la naturaleza, donde yo pudiera tener mi propio espacio en comunidades, quizá todo se resolvería.

¿Cómo es el día a día en una relación abierta?

Con Clari tenemos algunos acuerdos que son importantes y que no son inamovibles. Por ejemplo, en espacios, juntas no nos ponemos a flirtear. Y en la ciudad, Porto Alegre, donde vivimos, no buscamos a otras personas. Cada relación tiene sus propios acuerdos, éstos son nuestros acuerdos, cada una tendrá los suyos. Los celos se deconstruyen en la cancha, los celos son miedo a perder. A mí me gusta otra persona, pero te sigo queriendo, y no quiero elegir. Yo la he ayudado a traducir e-mails para una mujer española con la que estuvo. Y eso nos une más.

¿Pero vos siempre volvés a Clarisse?

–Yo estoy con ella, no vuelvo porque no me voy. Aunque esto genera conflicto porque genera jerarquías.

¿Tu postura genera algún conflicto con las personas que te conocen?

–Estamos llenas de moralina y misoginia, a mí hasta me han llegado a decir “puta reventada”; y muchas no me lo dicen, pero sé que lo piensan. A su vez me han hecho preguntas por el estilo: “¿Y si los brazos de tu Clari abrazan a otra mujer?”. “Y bueno –digo yo–, son sus brazos, no los míos, y no me pertenecen.”

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“Los celos se deconstruyen en la cancha, los celos son miedo a perder. A mí me gusta otra persona, pero te sigo queriendo, y no quiero elegir. Yo la he ayudado a traducir e-mails para una mujer española con la que estuvo. Y eso nos une más.”
Imagen: Mariana Pessah
 
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