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Viernes, 15 de junio de 2012

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Piedras en Tandil

“Por una mirada, un mundo; / por una sonrisa, un cielo; / por un beso... yo no sé / qué te daría por un beso”, decía Gustavo Adolfo Bécquer, y ahora los patovicas de Tandil lo van a tener que aprender de memoria.

Aunque resulte difícil de creer a esta altura, el sábado 19 de mayo me echaron de un boliche de la ciudad de Tandil, “Rodríguez Bar-Restobar” (Rodríguez 862), por estar besándome con otra chica. No pasaba nada más que un simple beso, y nos pidieron que nos vayamos sin alguna otra explicación, dejando implícitamente que fuera para “evitar” ver semejante “aberración” entre dos personas del mismo sexo... Cuando un amigo salió al cruce del señor “Seguridad”, a decirle que nos deje permanecer en el lugar, éste le respondió: “Flaco, calmate”, en un tono intimidante. Ante semejante situación, elegimos salir tranquilamente y sin provocar disturbios, ni inconvenientes a nuestros amigos.

Me sentí lo peor de lo peor, porque estábamos rodeadas de parejas y fuimos las únicas a las que sacaron. Es más: en un momento hasta pensé que quizá debíamos habernos ocultado, y eso me remite a las consecuencias de este tipo de violencias:

1º) Que sienta que tengo que ocultarme para mostrarle un poco de afecto a la persona que yo elijo.

2º) Cada vez que quiera darme un beso con mi pareja, nos vamos a tener que preguntar si al resto de la gente le molesta o incomoda (y consideremos constantemente, que en este caso hablamos de un boliche a las 4 am, y también que la mayoría de los presentes eran amigos nuestros). Seamos sinceros: ningún heterosexual, antes de besarse, toma en cuenta lo que piensa la gente que lo rodea. Y esto yo sí lo pienso. ¿Por qué?

3º) Porque con estas acciones nos mal acostumbran a ocultarnos. Si cada vez que lo hacemos nos echan, nos dan advertencias y nos hacen creer que la sociedad que nos rodea es así, y que las anormales somos nosotras, una comienza a pensar que no se puede hacer nada para cambiar la situación... Es entonces que una siente que quizás está errada, que quizá tiene que ceder sus derechos al otro para poder convivir, y hasta casi nos hacen creer que en cierto punto ese reflejo y esa opresión son merecidas. Y no es así. De ninguna manera.

Tengo tantos e iguales derechos que cualquier persona; si bien somos todos diferentes, tenemos que crear una convivencia de tolerancia entre sí; y esto que pasó sería uno de los ejemplos de lo que tenemos que evitar como sociedad. La gente que se esconde es porque está haciendo algo malo o ilegal, y yo básicamente no estaba haciendo nada del otro mundo, nada que me pueda diferenciar de las demás personas... Yo era una de las coordinadoras de la fiesta de la cual me sacaron, la chica en cuestión se volvía al día siguiente a Buenos Aires, era la última salida juntas y ése fue nuestro primer beso.

No soy la única persona a la que le pasó este hecho indiscutible e inaceptable de discriminación... Hay otro compañero de la facultad que vivió lo mismo semanas antes que yo y, como no se quejó, quedó todo como si nada, y fue entonces que me llegó el turno a mí...

Esta semana llegamos a una mediación con el lugar con un organismo de derechos humanos, se fijó hacer un espacio de cine-debate en el boliche (el 8 de julio) contra la discriminación y la homofobia en la que están comprometidos los patovicas de Asistir, ver la película... ¡y educarse! Además se recibe el apoyo de tres centros de estudiantes y el compromiso de los profesores de las diferentes facultades a estar ahí. No estamos solos.

Daiana González

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