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Viernes, 2 de noviembre de 2012

TEATRO

PARA ALQUILAR BALCONES

Encarnando a la jefa de familia, Maiamar Abrodos protagoniza una comedia grotesca y divertida, que tira por el piso esa maldita costumbre de encasillar a las actrices trans en interpretar papeles border o, incluso, hacer exclusivamente de trans.

 Por Leandro Ibáñez

En una humilde pieza de hotel –al mejor estilo conventillo porteño–, una madre soltera venida del interior con sus dos hijas, un abuelo que dejó su voz y su mente en aquella tierra que fue su único hogar y que supo trabajar hasta desgastarse los pies, y un marido obsceno y grasa, mano larga ante cualquier curva femenina, pero muy corta a la hora de traer un peso a la casa, enfrentan juntos los avatares de la economía familiar.

Aquí la que lleva las riendas es la madre, que, con la fuerza y el ímpetu de quien ha tenido que salir a trabajar desde su más tierna infancia, tira siempre para adelante, para que no falte lo esencial, para sembrar en sus hijas un futuro, en su padre un final feliz, y en su marido vaya a saber qué cosa. Ella se define por ellos, por los suyos, y desde hace tanto tiempo que hasta se olvidó quién es ella misma. En este tirar del arado para comer, y ante la llegada inminente del corso por delante de su pieza, una lamparita se prende y el viejo dicho para alquilar balcones se actualiza con pizza, empanadas y vino.

Inmersos en una escenografía ampliamente lograda, Maiamar Abrodos se carga encima el papel de esta mujer luchadora, con una plasticidad física y expresiva que sobresale. La exquisita manera en que recita el texto, con sus acentos e idiolectos, hace destacable a esta madraza venida del campo, que frecuenta ataques de nervios y gritos, pero la que también entiende el hogar como un espacio donde las risas, el baile y las alegrías de las cosas simples son bienvenidas.

El Corso es un cachetazo a todas aquellas obras de teatro, televisión y cine que convocaban y convocan a artistas trans únicamente para actuar en papeles de prostitutas, travestis, madamas, criminales, drogadictos o personajes perdidos en mundos oscuros y de confusión. Si los medios de comunicación continúan estigmatizando con un lenguaje soez, superfluo y denigrante a las identidades trans, El Corso les da vuelta y media eligiendo a Abrodos para un papel y un obra que ni siquiera roza lo queer. Jesús Gómez sabe dirigir al elenco y tomar lo mejor de cada uno de ellos, logrando que el producto final sea una orgánica familia con la que muchos espectadores se van a identificar.

El Corso. Domingos a las 21. El Portón de Sánchez, Sánchez de Bustamante 1034.

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