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Viernes, 1 de febrero de 2013

EN TEORIA

Armario con doble fondo

¿Cuál es la relación entre la visibilidad y la invisibilidad? ¿Qué decimos y de quién hablamos cuando hablamos de “closet”? ¿Qué existencias representa y niega cada letra de la sigla LGBTTTIQ? ¿Cuáles son las utilidades y tensiones alrededor de las identidades sexuales y de género? Estas y más preguntas intentaron formular y responder teóricas feministas y queer desde diversas disciplinas. A partir de hoy, los primeros viernes de cada mes, Soy presenta una autora y un concepto clave. Hoy, “epistemología del armario” tal como lo encontramos en la obra homónima de Eve Kosofsky Sedgwick.

 Por Sonia Gonorazky y Verónica Marzano

Además de un buen título, “Epistemología del armario” es una expresión de alto impacto que muchas veces se usa sin saber exactamente a qué se refiere. En este texto fechado en 1990 la autora transita, iluminada por Foucault, los derroteros de la visibilidad y la invisibilidad Lgtttbi hallando el nexo con otras formas cotidianas que van mucho más allá de lo que entendemos por homosexualidad o por la invisibilidad de un grupo de personas. El armario es un modo de pensar la realidad, de moverse en ella.

Uno de los grandes aciertos del libro es instalar lo socialmente oculto y silenciado en condiciones de igualdad con todos los discursos y acciones que definen el modo de leer, entender y decodificar tanto a una sociedad como a una vida personal. Pero, ¿qué es una epistemología? ¿Qué podemos encontrar en un armario?

Según el diccionario, “epistemología” es la “doctrina de los fundamentos y métodos del conocimiento científico”. La autora se propone desentrañar esos métodos, lógicas, lenguajes de conocimiento que yacen en lo que entendemos por armario.

1. La epistemología del armario como oxímoron.

A diferencia del ejemplo que da el diccionario para explicar la palabra oxímoron, la epistemología del armario enfatiza la tensión entre opuestos que solo lo son en forma aparente y que tensan el peso retórico de esa contradicción para reforzarse: no se complementan ni se oponen sino que se fundamentan recíproca y equivalentemente. Mientras el diccionario atribuye al oxímoron un sentido metafórico, poético, sarcástico, la autora pone de manifiesto la intención disciplinadora del par “conocimiento como verdad” / “ignorancia como secreto Lgtttbi”.

“No cabe hacer una división binaria entre lo que se dice y lo que se calla; habría que intentar determinar las diferentes maneras de callar [...]. No hay un silencio sino silencios varios y son parte integrante de estrategias que subtienden y atraviesan los discursos”, cita Sedgwick y enseguida remarca que en las relaciones en torno del armario “el hecho de que el silencio sea tan intencionado y transformativo como el discurso [...] depende de que la ignorancia sea tan poderosa y múltiple como el conocimiento”.

2. Las elásticas y transparentes paredes del armario: sobre cómo se complican las cosas cuando el secreto es “este” secreto.

El secreto Lgtttbi comprende características que reflejan las particularidades epistemológicas de la identidad que encubre. Preguntas como “¿se lo digo para no mentir?” o “mejor no se lo digo, total no le importa” surgen permanentemente y en todo tipo de situaciones aun para las lesbianas más aguerridas, para los putos más asumidos, etc. Esta disyuntiva que conforma el nudo central de las vidas no heterosexuales es resultado de la falsa dicotomía entre lo público (siempre heterosexual, invisibilizado como lo normal, natural, común, conocido) y lo privado (siempre Lgtttbi, siempre oculto, siempre disidente). Dice Sedgwick: “Hasta en el ámbito individual es notable las pocas personas, incluidas las más abiertamente gays, que no están deliberadamente en el armario respecto de alguien que es personal, económica o institucionalmente importante para ellas”. A cada paso, con cada nueva relación nos encontramos como la primera vez, evaluando si el otrx en cuestión tendrá consideraciones lgtttbifóbicas o no.

Las múltiples posibilidades de lo que podría pasar ante la revelación definen las características del armario que cada quien construye. “¿Se enojará?”, “¿Pensarán que tomo ciertas decisiones porque soy lesbiana?”, “¿Creerá que solo quiero juntarme con mujeres?”, “¿Dejarán de reunirse conmigo para que no crean que son putos?”, “¿Querrán que no lo diga en todas partes?”, “¿Creerá que ella siempre me gustó?” son algunas de las dudas que atraviesan existencialmente las vidas heterodisidentes y los cuerpos que las portan, cada vez que deciden salir del armario, arriesgando ni más ni menos que su supervivencia ideológica, política, económica y a veces hasta física.

Estructura característica de la epistemología del armario Sedgwick enfatiza las características del conocimiento en una serie de puntos que vale la pena citar.

Sedgwick (1950 - 2009) se doctoro en literatura inglesa por la Universidad de Yale en 1975. Diez años despues publico su primer libro: Entre hombres. Literatura inglesa y deseo homosexual.

1. Identidad Lgtbi y resistencias a reconocerla: la sexualidad Lgtbi siempre parece poder revertirse. Nunca falta un abuelo, una tía, unx jefx que confíe en que “algún día se te va a pasar” o que “ya vas a conocer a alguien que...”. Ellos consolidan la duda permanente del “quién es suficientemente gay”, la imposibilidad ontológica de la certeza sobre las propias decisiones y convicciones.

2. El closet es de cristal: la sexualidad y la actividad sexual cotidianas funcionan como reguladores sociales y culturales de la vida. Anécdotas, experiencias, chismes, secretos a voces recorren las oficinas, las aulas, las cocinas, los baños. La verdad sobre el sexo es imposible de ocultar por mucho tiempo. Muchas veces la salida del armario significa apenas la cristalización de una información que ya circulaba como chantaje silencioso. “Finalmente la situación de quien sabe algo de uno mismo que puede que uno mismo no sepa es de entusiasmo y poder”, concluye Sedgwick.

3. El closet es contagioso: familia, cónyuges, amigos, suelen pedir que el secreto no sea revelado ante la comunidad de pertenencia. La idea de la exclusión y el estigma se extiende a otros.

4. Pánico homosexual: la identidad sexual o erótica es relacional. La revelación Lgtttbi suele interpelar la identidad ajena, que atrapada en la heterosexualidad forzosa pocas veces se ha interrogado acerca de su propia sexualidad.

5. Homofobia interna: dice EKS: “A veces el hecho de descubrirse no pone fin a la relación con el propio armario sino que incluye de forma turbulenta el armario del otro”.

6. La falta de una genealogía: las personas que componen el mapa Lgtttbi, a diferencia de otros grupos sociales discriminados, carecen generalmente de figuras reconocibles y citables que encarnen sus tradiciones, costumbres, etc., y que permitan construir un anclaje narrativo histórico. Cada lesbiana, trans, trava, puto, debe construir para sí mismx “una herencia utilizable; y una política de resistencia y supervivencia”.

7. “Visión minorizadora vs visión universalizadora” y “separatismo vs inversión”: la identidad Lgtttbi es leída desde al menos dos perspectivas contradictorias y opresivas. Por un lado, la contradicción entre disidencia sexual como la definición de un grupo de personas específicas (por ejemplo los conocidos “grupos de riesgo”) o como un conjunto de prácticas eróticas –siempre convenientemente reducidas a los usos y disfrutes de las partes genitales de los cuerpos–.

La segunda contradicción viene de la mano del separatismo (por ejemplo, la idea de mujeres que se identifican con mujeres) frente a la inversión (lesbiana es la que se identifica con varones). Ambos pares conviven en los discursos, prácticas sociales y políticas públicas y son centrales en las investigaciones y conclusiones de EKS. Aun hoy, a casi 25 años de publicadas, siguen vigentes teórica y políticamente, cuestión que lejos de obturar la elaboración de discursos y praxis ilumina acerca de la fuerte relatividad con que se construyen los regímenes de verdad.

Ver o no ver

Sedgwick nos alerta continuamente sobre el carácter social y macroscópico de la “presunta” ocultación del armario. Visibilidad y armario son caras de la misma moneda –y hasta tal vez la misma cara–, constituyendo una carga opresiva instalada en las miradas que eligen ver o no ver, no en la decisión más o menos manifiesta y en la tarea más o menos infinita de hacerse visible. Se trata de miradas ajenas, extrañas, y a las que ciertamente podemos intentar seducir, orientar, iluminar, pero nunca obligar ni dirigir.

Epistemología del armario propone que muchos de los nudos principales del pensamiento y el saber de la cultura occidental del siglo XX están estructurados por una crisis crónica, hoy endémica, de definición de la homo/heterosexualidad. Y propone que la mejor forma de comenzar a desentrañar la compleja relación Homosexualidad/heterosexualidad forzada es analizando los estudios gays y antihomofóbicos. Ha corrido agua bajo el puente desde la publicación de este libro, los paradigmas cognitivos y políticos (el poder en todas sus expresiones colectivas e individuales) del siglo pasado siguen siendo fuertes, normativos y sólidos. Consideramos que las textualidades y las relacionalidades 2.0 de nuestros tiempos y –en otro plano– los avances en el reconocimiento de la ciudadanía trans y las tecnologías de arquitectura corporal, permiten –a quienes se lo propongan– corroer parte de estas estructuras. La mesa está servida, nos queda decidir si sumarnos o no al banquete.

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