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Viernes, 15 de febrero de 2013

LUX VA AL CARNAVAL DE PEHUAJO

Espuma por la boca

Tirando papel pecado y disfrazadx de margarita para los chanchos, nuestrx cronista fue a buscar a su tortugo... y se cansó.

¡Saturnales a mí! Fin de semana de Carnaval largo, y con lo que me gusta que el disfraz se prolongue y que la carne se agite lubricada por agua de pomo. Para empezar a mover el cuerpo me hago mi propia road movie y ruteo para Pehuajó, donde además de corso como los de antes (o sea, a contramano) se hace el Festicine, que invita al Espacio Queer de La Plata (siempre a contramano) a pasar películas que me ponen a punto para apretar el pomo. Además, extrañaba la fragancia a provincia de Buenos Aires, perfumes a asado al disco, a bosta de vaca, a pasto ardiendo bajo el sol volcánico de verano. Antes de entrar a Pehuajó, en la ruta, me bajo a ponerle flores robadas al monumento a Manuelita, recordando a la María Elena Walsh, a quien habría que declarar santa patrona de las lesbianas que abandonaron sus pueblos. Y por eso mi visita es política, para neutralizar la moral homófoba y expulsiva de ciudad chica, infierno grande. ¡Hay que conquistar el interior! Y lo mejor es hacerlo en Carnaval, jornada de la inversión. Primero me presento en sociedad, me acredito en el Festicine y veo la película de Mujerón, trans ecuatoriana que vive en París, ejerciendo la prostitución en los bosques de Boulogne y vuelve a su pueblo natal para visitar a su familia sudamericana. Realidades que se cruzan: calles de tierra, bosques, diversidad dentro y fuera de la pantalla. La confusión me atrapa y eso me gusta: pinta tus aldeas globales y pintarás tu mejor disfraz. Y ya era la hora de ir para el corso, alrededor del Parque San Martín, sobre la avenida Perón. ¡Corso, corso, qué grande sos! Me rodeteo el pelo y soy la Evita del Carnaval. No bien entro, lxs del Espacio Queer me reconocen a pesar de mis afeites peronistas y me llenan la jeta de espuma. Soy como Eva Duarte rabiosa, echando espuma frente a los oligarcas. Pero acá no puedo enojarme porque parece que la patria sojera no existe por acá y todo tiene gusto a nacional y popular: guirnaldas de bombitas de colores, la cantina con choripanes mariposas, alegría suelta como lentejuela mal cosida. La murga Soñadores de la Luna despliega la mascarada insolente, con su chancho obsceno, su batucada-terremoto, sus pelucones eléctricos. No puedo quedarme entre el público y me sumo a la comparsa justo cuando viene un grupo de “mascaritas”, grupo de travestis enmascaradas y enfurecidas. Y entre ellas estoy yo, con el ritmo en carne viva, puro músculo al son del redoblante. No pregunten cómo terminé en un trencito tipo carnaval carioca y, un poquito caminando y otro poquitito a pie, arrancamos para la plaza Dardo Rocha, frente a la municipalidad. Entre árboles y monumentos, encontramos el hueco para que la troupe variada pudiese copar la plaza en una orgía espontánea que, para cuando el sereno vino a decirnos que esas cosas no las podíamos hacer en un lugar público, ya nos habíamos acabado toda la espuma del pomo y teníamos la felicidad pintada en el rostro en forma de sonrisa colectiva de batalla ganada. Ese fue nuestro mejor disfraz para enfrentar al mundo.

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