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Viernes, 31 de mayo de 2013

ENTREVISTA

Felices juntos

Incomodadores polirrubro, los directores publicitarios Bosco & Jojo, más crecidos y más asentados, después de años de yirar por todos los circuitos queer de esta ciudad y de muchas otras, de filmar con Wong Kar-wai y de décadas de trabajo codo a codo, hoy son los mentores de POPA, el espacio de arte más puto de la ciudad.

 Por Dolores Curia

“Nos conocimos en un ascensor a finales de los ’80, en una fiesta de Navidad clandestina. Nos volvimos a encontrar en muchas otras fiestas. Nos seguimos cruzando en la noche, eventos, discotecas. Primero, nos hicimos amigos. Después, nos pusimos de novios, pero era una época muy agitada, salíamos mucho, era todo muy arriba, mucha fiesta, así que como novios no duramos ni tres meses. Y, luego, fuimos socios hasta ahora”, cuentan a modo de resumen de tanto camino hecho de a dos Marcelo Bosco y Jo Johannes (mejor conocidos como Bosco & Jojo). Un dúo que allá por los ’90 recicló su background de arquitectura, pintura y calle, para convertirse en directores de publicidad, creativos multifunción y motores del mítico espacio nocturno de artes y copas que fue club Kim y Novak, atendido por sus propias drags. Casi por casualidad terminaron a cargo de la dirección de arte de la mítica Happy together (ganadora en Cannes en 1997), que funcionó como puntapié para un envión que nunca más paró. Bosco & Jojo después de tantos años de trabajo conjunto se presentan como un dúo que se complementa en todos los niveles. Y lo son: se engaman al vestirse, se terminan las frases, se rematan las anécdotas, hablan casi exclusivamente en plural, comparten fetiches ochentosos y guiños cómplices. Desde febrero de 2011 dirigen POPA, justo a la vuelta de Fundación Proa (un punto de referencia no sólo por el juego de palabras de los nombres, sino, también, un aliado con el que suelen coordinar inauguraciones el mismo día para aprovechar el caudal de público que mueve el gigante de La Boca). Después de tanta gira, hoy, más crecidos y más calmados, cuentan que ya casi no salen de noche, que por fin ven la mañana, y reciben a SOY bien al sur de la ciudad, temprano, con un mate en una mano y algunos dardos en la otra para lanzar contra el acartonado mundillo del arte al que buscan incomodar.

Un pico importante en sus carreras fue Happy together, del director chino Wong Kar-wai, que hoy tiene tantos seguidores en el mundo y acá.

Jojo: Wong Kar-wai vino a buscar locaciones para filmar un poco acá y otro poco en Hong Kong, para rodar una película independiente. En ese momento acá se estaba filmando también Siete años en el Tíbet. Muchos de los directores de arte acá estaban trabajando para ellos, entonces, cuando llegó Wong Kar-wai terminó con nosotros. También influyó que la historia fuera la de una pareja gay que venía a Buenos Aires a reencontrarse. ¿Y quién mejor que nosotros para pensar una estética gay y buscar discotecas?

Bosco: El director fue reescribiendo el guión, basado en un cuento de Manuel Puig, “The Buenos Aires affaire”. El quería ambientarla como el libro, en los ’60. Acá, en el ’92, no había nada. Lo llevábamos al Cotolengo, pero no era tan fácil darle el despliegue que él quería de muebles, vestuario. Así que terminó ambientándola en la actualidad. Iban a ser tres meses de rodaje acá y se quedaron casi siete. Siete meses casi sin dormir. Al final, ganó Cannes y por ese premio nos empezaron a llamar de todos lados para dirigir publicidades. Aparecieron proyectos en Barcelona y Estados Unidos. Y después nos agotamos.

Pero pusieron un bar...

–Sí, Kim y Novak no nos dejó descansar. Fue un bar icono de su época. Funcionó desde 2004 hasta 2010. El día que cerró Cromañón justo abrimos nosotros. Se generó toda esta cantidad de público sin lugares para ir a bailar, por obvias razones. Fueron seis años de abrir de martes a domingo hasta las seis de la mañana. Imaginate cómo quedamos que ahora ya casi no salimos de noche. Ahí paraban todos los artistas y las drags.

¿Cómo surge la idea de la galería?

Jojo: Siempre empezamos al revés. Vemos la casa y después pensamos para qué sirve. Lo mismo pasó con Kim y Novak. No teníamos el plan de armar una galería hasta que, recorriendo La Boca, vimos esta casa y nos pareció perfecta para un espacio de arte, por lo espaciosa, lo luminosa. A mí me permite tener acá mi taller. En estos últimos años retomé la foto y la pintura y la galería me sirvió como incentivo para hacer y mostrar.

¿Cuál es el perfil de artista y de público que busca POPA?

Bosco: Tiene que ver con una visión abierta y no solamente homosexual. Sobre todo porque manejamos una noción muy amplia de “puto”.

Hay una actitud puto...

Bosco: Tengo amigas con tres hijos que son más puto que el más puto de los putos de mis amigos. Una cosa es ser gay “genitalmente” y otra es ser gay por todo lo demás. Estamos en un momento, sobre todo por los avances que hubo en este país en los últimos años, en el que esa división va desapareciendo, aunque muchos todavía no lo hayan captado. Una actitud queer es la forma en la que te divertís, ves la vida, metés un chiste.

Jojo: Para mí son todos putos hasta que demuestren lo contrario. Hasta mi mamá es puto. No nos relacionamos con la gente de una manera si es hombre y, de otra, si es mujer. Ahora estoy en pareja con un chico, pero hasta no hace tanto tuve una novia. Le damos a todo el mundo un trato similar, desde humor, desde la confianza, desde el desprejuicio y la guarrada.

¿Cómo trasladan esa idea a la galería?

Bosco: Pensándola como todo lo contrario al gueto. La mitad de los artistas que tenemos acá sí son gays. Rubén Lartigue, José Otero o el diseñador de Bandoleiro (Gerardo Dubois), por ejemplo, siempre exponen y tienen una estética que va en esa dirección. A nadie se le pregunta con quién coge para exponer, obvio. Cuando mandamos un mail grupal les ponemos “chicas, pónganse las pilas”, pero en ese “chicas” quedan incluidos siete que están casados con mujeres. Lo sectario ya fue. Hoy vamos viendo a nuestro alrededor que es frecuente tener una actitud queer. Esteban Campili y Nico Rodríguez son chicos hetero que están haciendo una obra muy gay. Se llevan 20 años, pero tienen cosas en común desde la temática, la paleta, la ironía.

¿Cuál fue la muestra más queer que pasó por acá?

–Sin duda, On Drag, sobre drageo y travestismo. Fue la primera. Queríamos abrir la galería con algo fuerte. No teníamos artistas propios, pero sí a todas las camareras drag de Kim y Novak, que terminaron siendo las estrellas de la muestra. Tanto Kim y Novak y POPA son espacios de arte relacional, donde lo importante no es la venta de obras, sino las relaciones que se generan entre los participantes. En la época del bar, se llenaba de gente que vivía sola en un monoambiente. Kim y Novak adoptaba el rol de living. También venían actrices, Coppola vino a filmar, Alan Pauls venía a escribir. Después vinieron muestras individuales. Una grande en junio de 2012, con 40 artistas (fotógrafos, diseñadores y pintores) para homenajear a Farrah Fawcett, que tuvo la mala suerte de morirse el mismo día que Michael Jackson, así que nadie le dio ni pelota. Pasaron por acá Leo García, Monoto (el bajista de Miranda!) que nos visita y compra obra.

¿Qué artista queer, vivo o muerto, soñarían con tener?

Bosco: Bruce Labruce nos encantaría. No es un sueño imposible: estamos con tratativas para traerlo.

Jojo: Nos gusta mucho el arte porno. Soñamos con traer a Terry Richardson.

Bosco: Y después, ya que vamos a soñar, estaría bueno revivir a un par. Desde Warhol o Basquiat hasta invitar a leer algo a Truman Capote. Y si vamos más atrás, podemos llegar hasta Miguel Angel: todos los grandes artistas tuvieron una visión queer de las cosas.

¿Qué líneas ven en el arte contemporáneo local?

Bosco: Estoy decepcionado del arte argentino. Lo que encuentro y rescato trato de traerlo para acá, pero en general veo que todo es muy pretencioso. Todos intentan mostrarse, ser polémicos. Pero antes que mostrarse hay que tener algo para mostrar. No es fácil encontrar, más allá de las poses, cabezas abiertas y creativas y esa consigna de arte queer que nosotros pretendemos mostrar acá. Una galería superpulcra y lujosa que te sirve un vino riquísimo, no sé cuánto me podría representar a mí como artista. Hay pocas galerías con propuestas jugadas, justamente, porque para ser jugado hay que ser contraeconómico. No queda otra. Como yo lo soy, no tengo drama en hablar de lo careta que es el circuito y lo canuta que es la movida del arte. Más allá de Brandon, hasta donde sé, no hay otro espacio como éste, tan abierto a la diversidad y que no les chupa las medias a los personajes de ArteBA y sus códigos de nenes bien.

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