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Viernes, 23 de agosto de 2013

A LA VISTA

Lesbianas por la vida

Una selección de testimonios, un formato amigable y la información clínica más actualizada es lo que recopila el manual Todo lo que querés saber sobre cómo hacerse un aborto con pastillas. Una organización de lesbianas feministas no sólo brinda información sobre el uso del misoprostol, sino que incorpora la noción de orgullo. Orgullo de transmitir datos útiles.

 Por Andrea Guzmán

El libro, después de estrenarse en Internet con más de 100 mil descargas, ya ha lanzado su segunda edición en versión impresa. Lesbianas y Feministas por la descriminalización del aborto es una organización militante de mujeres reunida hace cuatro años. No exentas de polémica, se dedicaron a la difusión de información por diversos canales sobre los detalles instructivos y precauciones acerca del aborto con misoprostol, un medicamento para el tratamiento de úlceras considerado la forma más segura para abortar antes de la semana 12 de embarazo. Manejan la línea telefónica “Más información, menos riesgos”, que recibe alrededor de 500 llamadas por mes y compilaron todo lo necesario en el manual de descarga gratuita. Se trata de las recomendaciones de la OMS (Organización Mundial de la Salud) y la Flasog (Federación Latinoamericana de Sociedades de Obstetricia y Ginecología).

Según el Ministerio de Salud de la Nación, en Argentina las mujeres abortan en promedio dos veces en la vida. El colectivo de lesbianas actúa como respuesta a la cantidad de muertes por abortos clandestinos y el poco acceso a fuentes de información confiable sobre métodos de aborto no quirúrgico. Sin embargo, su militancia tiene que ver con instalar un discurso hacia una perspectiva lésbica del aborto y una participación activa de la comunidad homosexual en actuarlo y pensarlo. Lo consideran una contestación política al orden heteronormativo, a la visión patriarcal y condescendiente hacia las mujeres y a la visión heterosexual del sexo, la anticoncepción y los métodos de interrupción del embarazo. “El discurso sobre el aborto viene relacionado con la revictimización, y en realidad no es así y no tiene por qué ser así. Si las mujeres la pasan mal, es por los obstáculos que se les pone para concretarlo y, aun así, cuando lo politizás desde la mirada lesbiana del aborto, lo que sentís es orgullo”, dice la abogada Luciana Sánchez, una de las caras visibles de Lesbianas y Feministas. Responde a esta entrevista junto a la estudiante de Bioquímica Verónica Macek, también militante del colectivo.

Hace cuatro años compilan y difunden información. ¿Qué cambios han notado en la recepción e instalación del tema?

Luciana Sánchez: Las mujeres que nos llaman a la línea lo hacen por temas puntuales, pero están cada vez más informadas. De esto nace la idea de que el aborto no tiene por qué implicar tragedia, son todas mujeres que abortan tranquilas con toda la información a mano, y es un salto muy importante al discurso que se venía dando: el del drama.

Ya no se trata sólo de la difusión de información segura, sino de la idea de orgullo.

Verónica Macek: Sí, el orgullo de abortar tiene que ver con esto de la visibilización. Yo tomo esta decisión y también puedo darle esta información a mi vecina, a mi amiga. Podés visibilizar que abortaste y nosotros podemos visibilizar que somos lesbianas: politizar el cuerpo para poder expandir esa decisión y esa información. La lesbiana pone el cuerpo cada vez que dice que es lesbiana, y la que aborta pone el cuerpo cuando lo hace. Es una militancia corporal. No es un discurso de estar solamente a favor. No: yo aborté, yo soy lesbiana; yo soy lesbiana y aborté.

L. S.: Sí y ha causado escándalo cuando hemos hablado de estas ideas. Del aborto lesbiano, del orgullo y el deseo de abortar, de que en realidad las mujeres abortan porque tienen el deseo de ser lesbianas, es decir, abortar tiene que ver con otras cosas, con concretar otro tipo de deseos.

¿Cómo se relaciona, en la práctica, ser lesbiana y asesorar sobre el aborto?

L. S.: Hay algo muy concreto y es que somos lesbianas quienes sostenemos la línea e hicimos el manual. Por razones históricas y políticas, las feministas heterosexuales no hicieron la línea, trabajaron el aborto y su legalización desde otra mirada. Las lesbianas pusieron sobre la mesa todos los espacios de salud sexual y reproductiva ocupados por heterosexuales mientras se discutía el matrimonio igualitario, identidad de género, fertilización asistida.

V. M.: Cuando te ponés a trabajar en una militancia más territorial es un escándalo, porque ninguna feminista tradicional está dispuesta a poner eso en juego. Las feministas tienen el acceso al aborto quirúrgico, hay una cuestión de clase en el medio. Tienen espacio en la academia o lugares de comodidad.

¿Tienen muchos puntos de contradicción con las posturas del feminismo frente a este tema?

V. M.: La primera reacción del feminismo respecto de la línea fue de miedo, de que fuéramos presas, de que el debate se fuera al carajo. Después fueron saliendo personas que decían haber tratado estos temas desde siempre y creemos que está buenísimo, pero que eso creaba una serie de privilegios en la información; ahora se abrió el juego, se puede hablar sin miedo al respecto. La ley de matrimonio igualitario legitimó las parejas del mismo sexo, la línea legitimó el misoprostol.

L. S.: Creemos que el discurso de la vergüenza viene de las elites e incluso dentro del feminismo. Existe una idea de clase donde la lesbofobia está implícita, la mujer lesbiana siempre está en la clase baja. Hay una apropiación muy fuerte de una tradición de años de las lesbianas, no es que Lesbianas y Feministas se hizo cargo de este tema, la enfermera que te hace el aborto en el barrio desde 1980 seguro es lesbiana. Si no sos lesbiana, esa utilización del cuerpo en contra del sistema heterosexual no sucede.

Han planteado el misoprostol como la herramienta del aborto lesbiano, pero también incluyen la idea de aborto popular.

V. M.: Sí, plantear que el único aborto posible sea en el hospital es restringirlo a quienes tienen ese acceso; para nosotras, el aborto popular es el aborto que podés hacerte vos misma, en tu casa, de forma segura.

L. S.: Y además de recuperar esa política lesbiana de la apropiación del propio cuerpo, del deseo, el aborto con misoprostol tiene que ver con apropiarse de un medicamento pensando para que los varones, los banqueros del primer mundo, no tengan úlceras. Es una subversión.

¿Cómo responden a la idea de que militan por un tema que no les compete directamente?

L. S.: Desde el paradigma heterosexual del aborto no se plantea que las lesbianas aborten, que los varones trans aborten, que las travestis tengan una participación activa en actuar, hacer y pensar los abortos. Es pensar el sexo desde lo heterosexual, desde la cohabitación, la repetición, la penetración. Lo vemos en esta idea de que si a la gente la llenamos de anticonceptivos, se acaba el aborto. Eso es falso y atenta contra la autonomía de las personas. Esta idea del continuo de la anticoncepción durante toda la vida porque toda la vida es heterosexual, es fértil, útil. Que no hay un deseo y una apropiación del deseo.

V. M.: La visión del aborto heterosexual tiene que ver con una falla, el fracaso del anticonceptivo, de la educación, del Estado. Por supuesto todo el mundo tendría que tener acceso a los anticonceptivos que quisiera en el momento en que quisiera, pero el aborto es una lucha paralela.

L. S.: Por otro lado, el condicionamiento que se impone a las mujeres a través del deseo de la maternidad no se cuestiona, eso es heterosexual. O sos una tarada y te lo merecés por gila, o sos una tarada porque sos una víctima y tiene que venir alguien a hacerte un aborto, olvidate de hacértelo sola. La línea refuta todo esto: llaman 20 mujeres por día que no son ningunas taradas. Estamos todas abortando de manera permanente con misoprostol y podemos instalar una lógica del aborto que no sea heteronormativa y que no sea la que proponen las elites.

Torta venite: Fiesta Posaborto.
Toca señorita Carolina. Sábado a partir de las 15, Arzobispo Espinosa 1167.

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