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Viernes, 11 de octubre de 2013

Enredadas

Mañana se casa Daniela Mercury con Malu Verçosa. Ahora que hay casamiento en Brasil, las novias –cuya salida del closet puso su granito de harina a la torta igualitaria– no van al Registro Civil, hacen festejo simbólico, casi religioso, en honor al Día de la Virgen Aparecida.

 Por Ofelia Martís

La feminista mediática Camille Paglia, zorra vieja del Norte, ya había fichado a la Mercury varios años atrás (ver sus columnas en salón.com del año 2008). Conoció a la cantante cuando daba unas conferencias en San Salvador de Bahía y recibió una caja con la colección de CD atados con una cinta roja más la invitación al recital. Se enamoró “platónicamente, ya que está bien casada” (con un hombre), decía entonces, y en cuanta entrevista pudo la nombró como quien tira un mediomundo al Mato Grosso y, por supuesto, para usarla como cañón de sus disparos políticamente lúcidos a veces, engañosos otros y casi siempre molestos: “No me gustan las lesbianas y yo no les gusto a ellas. Las chicas deberían entender que está muy bien que salgan y que les gusten las chicas, pero eso no tiene nada que ver con pretender que no existe el mundo de los hombres (...). Las escenas lésbicas son mucho más excitantes cuando están protagonizadas por actrices no lesbianas, como Catherine Deneuve y Susan Sarandon, por ejemplo”. La cantante brasileña entraba (o sigue entrando, depende de qué quiera decir Paglia cuando dice no lesbiana) en esa categoría excitante.

Paglia, con sesenta y cinco años y separada de la artista Alison Maddex, describe su aspecto actual como una cruza de Oscar Wilde y Dorothy Parker y alardea de que “mi vida romántica no existe, excepto porque los últimos años tengo una especie de culto por la superestrella brasileña, Daniela Mercury: sé todo lo que hace, el día a día, le sigo los pasos por las redes sociales”. El beso que se dio con Alison... mientras cantaban “Uma noite e meia”, suerte de himno lésbico equivalente al “Puerto Pollensa” y que popularizó la lesbianísima Marina Lima, fue entronizado por Paglia como “un pas de deux cuya carga erótica proviene de la confianza que la heterosexualidad les da a estas dos mujeres mientras proyectan una bisexualidad irresponsable”.

La besada sobre un escenario es una dosis concentrada de las besadas multitudinarias con las que a las lesbianas feministas históricas se les ocurrió escandalizar a peatones que no necesitaban nada más explícito que un beso entre mujeres para escandalizarse.

Contemporáneamente al beso en cuestión (2007), circularon rumores de que la cantora tenía un romance con una arquitecta en Nueva York, que no fueron desmentidos sino desestimados por la prensa oficial de Mercury (“la artista no hace declaraciones sobre su vida privada”). Al poco tiempo se casaba con el publicista italiano Marco Scabia, con quien adoptó tres niños y de quien se divorció a fines de 2012.

Anillos y red social

Las novias se fueron a París en abril de este año, se casaron allá, ya que todavía no estaba permitido el matrimonio igualitario en Brasil (en muchas notas se habla del Registro Civil, aunque ellas describen una ceremonia de compromiso y filorreligiosa en Sacré Coeur oficiada por ellas mismas), sacaron fotos románticas (el anillo en foco) y Daniela las subió a la red social con la siguiente declaración: “Malu ahora es mi esposa, mi familia y mi inspiración para cantar”. Así como la revelación de Ricky Martin venía protegida por los hijos mellizos, la de Mercury viene con el sello matrimonial, declaraciones sobre sueños con un futuro embarazo y que la relación con los tres hijos pequeños que vienen del matrimonio de Mercury ya se están adaptando a la nueva mamá. La prensa, atenta al morbo que genera esta idea de familia sacrosanta sin la cual parecería que es muy difícil pensar nada, fue en busca del ex marido. La revista Caras le pregunta con total impunidad si no se siente traicionado doblemente por el hecho de que sea una mujer, si no habrá sido una revancha de Daniela porque él era un hombre muy asediado y si no le molesta que sus hijos compartan casa con la otra. El hombre responde como un manual de militancia por la diversidad abierto y con una lógica implacable va desarmando las bestialidades de cada pregunta, como si todo posible despecho se desvaneciera frente a la urgencia de educar a los lectores de la revista. Las novias, en otro número, ambas de larga cabellera y sonrisas sensuales, cuentan que se aconsejan en cuanto a esmaltes de uñas y otras coqueterías. Una se sintió atraída por las mujeres desde los 19; la otra ha tenido historias, pero ninguna de tanta importancia como para revelarla en público. Si este caballo de Troya de la feminidad al palo pudo ser visto en un momento como un atentado contra la disidencia que lleva en su cuerpo la torta masculina, bigotuda, butch o como quieran insultarla, también hoy puede ser leída como libre circulación de las prácticas por fuera de las identidades. Aunque en el camino se recurra a la familia, la propiedad y la patria. Libre apropiación de ceremonias, liturgias y estados civiles que sólo la existencia de la ley puede hacer posible. Además de su talento para renovar la canción brasileña y el aval de la Paglia, Mercury tiene en su CV el haber sido vetada por el papa Benedicto, quien no la dejó cantar en el Vaticano porque la estrella había participado en una publicidad de preservativos. Como si nada, como si no se necesitara un cura, un aval o un permiso, la cantante y su novia anuncian que se casan mañana con una gran fiesta, se besaron por primera vez frente a la Iglesia de la Virgen Aparecida. La palabra bisexual asoma tímida en esta nota y no figura en el relato del relato de la historia de amor entre estas dos mujeres. Ni las chicas ni la prensa echan mano de ese concepto que sigue trayendo incomodidad y tal vez quede algo apretado para una homosexualidad, se desdibuja a medida que adquiere derechos, y una heterosexualidad que desdibuja a medida que de repente, sin dormir, se va a la playa y se besa descaradamente.

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