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Viernes, 20 de diciembre de 2013

Muñecas quebradas

El domingo se estrenó por Internet el primer capítulo de la serie española Muñecas, que viene para excitar y también para exponer los clichés de la comunidad de señoras. El voyeurismo lésbico, masturbación mediante, acaba por capítulos en la pantalla de la PC.

 Por Alejandro Dramis

Luces tenues para ocultarse en la oscuridad y no ser vista por ella, ubicada debajo del marco de la ventana de enfrente mientras fuma su cigarrillo con lentitud, casi inmóvil, como un cuadro algo porno de Hopper. La ansiedad y las sombras rodean a Iziar que, excitada e impaciente, espía a una mujer hermosa y semidesnuda, también visiblemente excitada, aunque inconsciente de este voyeurismo periódico que ejerce su vecina. Los minutos se suceden e Iziar —más caliente aún— descubre de pronto que la mujer a quien espía día tras día, y con la cual ya está completamente obsesionada, también mantiene relaciones con hombres. Relaciones heterosexuales, o mejor dicho bisexuales, que para Iziar no son más que eufemismos para la cobardía sexual de las lesbianas que no se asumen. Y por eso siente asco y se aleja de la ventana indiscreta.

Casi como un eco ibérico de la noventosa Vulnerables, pero en una versión lgbtiq, cinco lesbianas y un muchacho homosexual comparten un espacio de terapia psicoanalítica semanal en el cual intercambian sus crisis, experiencias personales, fantasías, morbos y conflictos con las sexualidades propias y ajenas. “Terapia psicoanalítica” opera aquí como un sinónimo de la guerra que se desata en defensa y ataque de los “ghettos lésbicos” a los que pertenecen las lesbianas “golden” (aquellas que nunca mantuvieron relaciones con tipos) y las que no; sobre la intolerancia que en muchas ocasiones también se vive tanto por fuera y por dentro de esos ámbitos.

El formato de la serie recuerda, decíamos, a la local Vulnerables, una ficción que permitió abrir la puerta de la intimidad a un espacio colectivo de discusión e intercambio de experiencias, pero a diferencia de esta última (y también de la más actual En terapia), las Muñecas ibéricas no postulan las sexualidades propias desde la vergüenza, el pudor o lo tabú, sino todo lo contrario, aunque en ese mismo mostrarse sin inhibiciones se filtran necesariamente las vulnerabilidades propias del sexo, el amor, y sus causas y consecuencias. Tal es el caso de la profunda obsesión que invade a Iziar a raíz de ese incontenible deseo de posesión carnal de su vecina, y ese “asco” que le produce esa heterosexualidad revelada a su mirada, que le permite poco después desembolsar sus juguetes sexuales y ajusticiar el morbo instalado por el erotismo de la situación.

Las preguntas que abren el juego de estas muñecas bravas se plantean de esta manera: ¿la práctica de la penetración define en mayor o menor medida el lesbianismo, la homosexualidad y la heterosexualidad? ¿O es sólo un instrumento de la ostentación machista y patriarcal de nuestra cultura, y en realidad carece de la importancia que se le otorga? Este espacio de reflexión terapéutica permite no sólo la catarsis sobre las frustraciones sexuales propias sino, también, el cuestionamiento de las reglas y prácticas sociales de manual típicas del ambiente, que pide a gritos una apertura.

Las chicas y el muchacho hablan de todo lo que tienen que hablar sin apelar a ninguna clase de estereotipos, modelos prefabricados de la sexualidad o explicaciones evidentes. Lo que se quiere decir aquí se dice en una lengua penetrante y húmeda. Muñecas aprovecha muy bien sus doce minutos de duración y, sin introducción alguna, abre una puerta al mundo lgbtiq para reivindicarlo y también discutirlo, sin la necesidad de tutelajes o de excusarse por utilizar un lenguaje directo que, todo aquel que no lo comprenda, tendrá que googlearlo para enterarse y, tal como ya hizo Iziar en esta primera entrega, arreglárselas solitx.

http://munecaserie.com/

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