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Viernes, 14 de marzo de 2014

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Por primera vez en Buenos Aires, una muestra con 122 piezas de Mario Testino que se juegan entre lo correctamente publicitario y lo políticamente transgresor. El fotógrafo top internacional y siempre peruano deja en evidencia la relación entre moda y arte, barroco y globalización, fotografía y robo de almas.

 Por Daniel Gigena

Cuando se piensa en la obra de Mario Testino (Lima, 1954) afloran los lugares comunes: glamour, celebridades, Madonna y Lady Di (y, recientemente, Lady Gaga), fotos de moda. Es verdad que su trabajo en revistas internacionales como Vogue, GQ y Vanity Fair abonaron esos clichés que intentan explicar su obra. Sin embargo, algo tan inasible como desbordante en su fotografía, similar a una carcajada, reaparece de un retrato a otro, de una instantánea callejera (o de estudio) a una cuidada superproducción de alta costura en París o Machu Picchu. Ese aspecto solar de su obra –efecto madurado en la observación detenida de la pintura española y de Caravaggio, de las obras de Cecil Beaton y de Richard Avedon, de las experiencias de Vik Muniz y de Grillo Demo– explota, literalmente, en nuestra cara. Ese título, quizás el único rasgo punk de la monumental exposición en el Malba que inaugura hoy, funciona más como una provocación que como otro modo de denominar el formato favorito de Testino: el retrato. In Your Face reúne 122 fotografías, entre retratos y tomas directas un poco menos conocidas, como la que exhibe una amable tertulia entre Mariah Carey, Donatella Versace y una joven Beyoncé.

Se sabe que el retrato es una forma visual que precede a la fotografía y que desde siempre mantuvo relaciones cordiales con el statu quo. La pintura concedía eternidad a reyes y nobles, y –Revolución Francesa mediante– honor y respetabilidad a burgueses; incluso un lugar en el mundo a los proletarios. Hoy hay incluso retratos de mascotas, de antihérores, de seres imaginarios (gracias a los recursos digitales). Entonces, ¿qué pueden significar en la era de Instagram y de Facebook los retratos gigantescos de Testino? En la escala –de verdad inhumana– de las fotos exhibidas en los museos se encuentra una respuesta. Amante del Barroco, el fotógrafo peruano –tan famoso como su compatriota y tocayo Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa– es capaz de lidiar con monstruos modernos: el dinero, el narcisismo, el poder, la sexualidad. A ellos les concede tamaños brutales: la cara de Kate Moss nos enfrenta como si fuéramos moscas; la sonrisa de Diana de Gales tiene el tamaño de una fuente de porcelana; el desnudo de Demi Moore parece el bosquejo de un mural de autopistas. Entre publicidad y arte, Mario Testino ilumina fragmentos de lo que será el mercado de las imágenes del futuro.

Testino se fue de Lima casi cuarenta años atrás, porque las rígidas convenciones no sintonizaban con su estilo desprejuiciado (otro peruano no tan famoso como él, Jaime Bayly, registró en sus relatos ese entorno asfixiante). En 1976 se instaló en Londres, donde comenzó a realizar trabajos por encargo, y de allí, luego de viajar a Nueva York y revolucionar la Vogue local, tuvo una carrera ascendente que –¡horror!– se coronó semanas atrás, cuando fue condecorado como Oficial del Imperio Británico por la reina Isabel. Pocos años atrás regresó con gloria a su ciudad natal para fundar su propio museo, MATE. En Lima aún viven su madre, otros familiares y algunos amigos, entre ellos varios diseñadores de moda con los que, en revistas y en desfiles, elevó los textiles peruanos a la categoría de haute couture. Graciosas, un poco kitsch, las tomas de Kate Moss y de otras modelos europeas con prendas multicolores hechas en telares despiertan simpatía y una ternura que Testino sabe calibrar en puestas en escena operísticas o minimalistas (lamentablemente, esas fotos no están en In Your Face). Testino, que evita asumirse como homosexual o gay públicamente, no obstante ha declarado algo significativo y en cierta medida chistoso en reportajes: de joven quiso ser sacerdote católico.

Otro compatriota al que Testino menciona siempre en entrevistas –imposible no hacerlo, si se habla con honestidad de influencias– es Martín Chambi. Ese fotógrafo de origen indígena que forjó un testimonio gráfico incomparable de la sociedad peruana del siglo XX (Chambi murió en 1973) parece haber dejado una impronta profunda en la sensibilidad de Testino. De ahí que ciertas imágenes suyas, que a primera vista podrían ser consideradas de moda o del universo glamoroso de las celebridades o la gente vip, funcionan, con el paso del tiempo, como documentos de una tribu occidental amante del lujo, de la lujuria y, por qué no, también del ridículo. En ese sentido, que no es sólo simbólico, la sede del Malba parece el lugar apropiado para la muestra. Meeting point de (aspirantes a) ricos, famosos e ilustrados, el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires ha sabido entrelazar el arte con el espectáculo (y con el rendimiento económico), una fórmula sobre la que Testino podría dar cátedra ante ejecutivos de multinacionales. Pero, como si su obra tuviera varias capas y no solamente la superficie enceguecedora del culto laico del éxito, la teatralidad de las escenas (casi siempre parece haber más de una en sus producciones), las incongruencias gráficas que luego se convirtieron en marca registrada, los colores saturados y brillantes, el relieve inclinado de los primeros planos, que produce el efecto de que las modelos salen de la imagen, y los puntos de vista anómalos, casi deformantes, desmienten los elogios redundantes y demagógicos sobre su trabajo. Sin tratar de erigirlo en un guerrillero de la comunicación visual, su obra puede ser vista como una reivindicación del barroquismo, de la condición extranjera y extraña, y del erotismo como agentes de transgresión.

In Your Face se inaugura hoy en el Malba (Av. Figueroa Alcorta 3415).
Hasta el 16 de junio.
El lunes 17 de marzo, a las 18.30, Pablo Schanton y Fernando García darán la conferencia “El pop al ritmo de la moda”, y el lunes 7 de abril, Poncho realizará el “Poncho Disco Experiment” (ambas actividades son aranceladas).

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Kate Moss.
Londres, 2002.
Exposición Portraits.
 
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