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Viernes, 14 de marzo de 2014

ADIóS A LA MACARONI

¿Destino Obligado?

 Por Diana Sacayán

El pasado jueves 27 de febrero la comunidad travesti matancera se despertó asombrada con la muerte de la Macaroni, la célebre travesti conocida como “La de las mil paradas”, ya que una podía encontrarla en Palermo, Constitución, Laferrère, Morón, Villa Luro, Flores. En cualquier punto del conurbano o capital estaba ella. Quien no conocía a Macaroni poco conocía sobre el mundo travesti callejero; de cuerpo impactante, 1,90 de estatura, tetones de los que ya no se ven, pelo largo lacio y caderones tremendos.

Hace más de 15 años que me crucé con ella por primera vez. Con una voz chillona pero enérgica, me saludó al grito de “quién te paró acá mugrosa”.

Yo me mantuve quieta en mi sitio, esperando que se acercara. ¡Pero si es la Sacayán!, exclamó. De inmediato sacó de su cartera Chanel una petaca de menta a la que le dimos unos sorbos para amortiguar el frío de julio en plena avenida Gaona.

Nos convertimos en amigas, aunque tenía una peculiar forma de ironizar con la amistad. Nos vimos por última vez el pasado mes de diciembre cuando me acercó su documentación para que la anotáramos en el programa de inclusión laboral para trans CFK.

Lo que más llamaba la atención de ella era una doble virtud: capaz de lucir modelitos imitados de las estrellas de Hollywood confeccionados por ella misma y capaz de enfrentarse a los cadenazos con la policía coimera de la comisaría 50 de Flores. En los noventa supo armar una revuelta en la misma comisaría seguida en vivo por Crónica TV. En ocasiones solía andar con un antiguo grabador a pilas y hacía sonar Thalía bien alto para dar una tacha de alegría a la excluyente práctica a la que nos sometieron sistemáticamente.

La noche de su muerte cenó con su madre en el barrio La Talita de González Catán, lugar donde supo armar su casa a fuerza de pulmón.

Cerca de las cuatro de la madrugada, los vecinos, consternados ante el fuego, se acercaron con baldes, tarros y todo elemento que sirviera para acercar agua. Una vez extinguido el incendio, el cuerpo de la Macaroni fue encontrado totalmente incinerado.

Las pericias policiales hablan de fuga de gas. Pero a Victoria, su amiga más cercana, le llama poderosamente la atención un detalle nada menor: que el candado que cerraba la puerta de la casa haya sido encontrado cerrado y del lado de afuera. En el funeral unas cuantas travestis la lloraron y se ocuparon de que en la corona quedara claro: “Macaroni, las maricas que te quisimos, te vamos a extrañar”.

Una compañera que se nos va. Una travesti más que muere en circunstancias dudosas, que nos paraliza y hace erizar los vellos de los brazos.

Es necesario seguir insistiendo en que más allá de los avances, que son muchos y positivos, nos toca desenmarañar de una vez por todas el velo de la lesbotransfobia asesina que sigue reinando impune.

POEMA I

Travas en los trenes
Travas en las calles, travas en oficinas
Travas en los bares, travas en los aviones y las rutas.
Travas en las casas y las plazas.
Travas en las esquinas y las piscinas
Travas deseadas y amadas a escondidas
Travas besadas en público.
Travas en tus sueños y fantasías
Travas periodistas, floristas y artistas
Travas con lentes y lentejuelas
Travas que amasan y abrazan
Travas cocineras y closeras
Travas
Travas originales y originarias
Travas insistentes y resistentes
Travas pensadores, travas tejedoras.
Travas livianas, travas lesbianas
Travas independientes, travas afrodescendientes
Las hay que meditan y otras que militan.
Travas informadas, travas informales.
Travas copadas, travas fumadas
Travas patéticas, travas auténticas.
Travas con piernas, sin ellas,
con brazos, ojos, bocas
tetas, penes, riñones, corazón.
Travas todo corazón: Lohana Berkins,
Marlene Wayar, Casandra, Vida Morán,
Susy Shock, Celeste Narvaja.
Todas confabuladas
venidas de Travestilandia
con el mandato de nuestra travestiarca: con el único
objetivo de irrumpir y seguir cuestionando
lo más íntimo
de la vibra heteronormal y binaria
y darles una oportunidad
de que conozcan lo maravillosas
que somos.

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