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Viernes, 15 de agosto de 2014

MI MUNDO

Reina dragona

Noy con Batato Barea y tantas eternas rebeldes antiimperialistas, en lugar de decir “performance” recurrían al vetusto pero muy nuestro y apropiado término de “numerito”, evocando aquellos números vivos de los tiempos en que el cine se llamaba biógrafo y daba trabajo a una legión de teloneros entre una peli y otra. Así también a la palabra “underground” cacofónicamente se la sintetizaba como “engrudo”. Los tiempos han cambiado y parte de esa Buenos Aires fantástica se reconstruye aquí en este diálogo con la ex “Sir James”, leyenda de la increíble movida ’80-’90. Siguiendo la diáspora tentadora de ciertas divas travestis que lograron asumir su destino gitano dentro del ilimitado territorio lgtb, ahora que Victoria Divine ha llegado de visita, era hora de sentarnos a escuchar su historia en los acogedores Salones del Templo Trans Colby, como ella misma llama a este lugar donde siempre espera un brillante arsenal de pestañas, plumas, brillitos, además de tantos etcéteras y secretos para el montaje donde las dragonas se vuelven parte de un sueño hecho realidad. En espacios como Club Namunkura, donde sabemos que, casi a las tres de la mañana, todavía es demasiado temprano para entrar. Pasen y lean... ¡Chin chin!

 Por Noy

Tenés unos inicios precoces, ¿verdad?

–Era una niña cuando viajaba con 15 años desde Burzaco en tren y ahí mismo me iba peinando, perfumando, maquillando. Como era fanática de Boy George venía a Galería Jardín, donde nos encontrábamos con otros clubes de fans de los ’80.

¿Y Bolivia?

–Al poco tiempo, vía Juan Calcarami en la Bienal de Arte, conocí a De Loof, el creador de Bolivia con la que nace otra época para la noche porteña. Allí comencé a travestirme un poco más. Me escapaba hasta el Parakultural, que estaba en la misma manzana, corriendo con tacos porque no quería perderme a la Batato, junto a Urdapilleta y Tortonese. Toda la modernidad más genial andaba por ambos lugares. Al poco tiempo comenzaron las fiestas-desfile en el Garage Argentino justo frente a Bolivia. Así, poco a poco, dejé de ser una mariquita bastante atrevida a esta que aquí ahora ves.

Volvamos a El Dorado. ¿Cómo surgió?

–Se unieron Sergio De Loof con unos empresarios. Uno de ellos noviaba con mi amiga y muy madrina de todas Miuki Madelaire. Me acuerdo de que desfilamos juntas en El Cielo. Otro target, pero habría que ver el video que tengo... Estamos todas...

Con el Dorado lo llamado “under” comienza a volverse “over”, podríamos decir...

–Sí, sí. Eso. El under resiste hasta los ’83-’85 y luego cambia, se hace mainstream. Se va para arriba. La jefa de Relaciones Públicas andaba con enormes agendas y con dos celulares de esos movicones enormes. Cuando comienza a aparecer gente tipo Franco Macri y todo su grupo de poderosos comienza la explosión mediática. El Dorado arrasa con todo: tipos poderosos chochos comiendo fideos moñito con manteca y pagando sumas exorbitantes además de propinas cuantiosas, claro. La Beto Bota compraba docenas de cajas de pizzas en el Ugi’s de la vuelta, las reciclaba con rúcula y otros menjunjes arriba y las mandaba por el mostrador muerta de risa. De Loof había hecho una ambientación digna de Visconti. Conmigo vinieron la Berta, Diana Diet, Laura Bastet y Pelusa. Los primeros dj fueron Carlos Alfonsín y Cristian Trincado, nada menos. El fenómeno se expandió hasta parecerse a una especie de Studio 54, no sé si mejor, pero por algo los medios siempre los comparaban. La hermanita menor, digamos... y hambrienta... Porque aquí podías reservar mesa para la cena y después decorcharte todo en la misma pista donde habías comido. El legendario RR.PP. Javier Luquez comenzó a ser protagonista de nuestra movida donde se mezclaba todo. Alejandro Kuropatwa venía con sus baronesas amigas y sacaba fotos. Curtíamos una especie de frivolidad salvaje, ardiente, eso que a todos nos gusta aunque muchos pretendan ocultarlo.

–Eras tan almodovariana, princesita...

–Con mi nariz de antes, tipo Rossy de Palma. Pero al final de los ’90 decidí transformarla con una simple operación. Quería entrar de cara nueva en el tan esperado milenio. De todos modos los ’90 fueron “lo más”, al menos para mí y tantas que no puedo nombrar porque son miles y prefiero que ellas sepan que no las olvido incluso así.

También surgieron diversos espacios como hongos después de la lluvia dorada de champagne.

–Alaska llegó con sus crenchas fucsia desde Madrid a montar el Morocco. Juan Calcarami montó esa especie de campus del placer adolescente que fue The age of comunication. Caniche estaba también cerca y había otros más. Igual yo trabajaba en cualquier sitio que me pagara bien. La querida Clota Lanzetta me contrataba para Buenos Aires News, nada que ver con El Dorado. Mi vida era andar siempre en taxis, en uno de ellos conocí a Florencia de la V, a la que después invité a Buenos Aires News, donde aquel affaire-escandalete con el mago David Copperfield la hizo famosa de un día para el otro. Pero la esfinge era Cris Miró, siempre con esa cosa tan enigmática en la sonrisa y su glamour misterioso como de diva egipcia. Florencia era simpatiquísima y con el tiempo demostró además ser talentosa, hay que reconocérselo.

Volviendo a El Dorado...

–Ah, sí. Una noche aparece el divino de Juan Cruz Bordeu para invitarme a realizar un piloto de televisión abierta. Muy secretamente yo tenía ganas de levar anclas, decidí que, si el piloto se aceptaba, me quedaría. Pero ya ves, en el fondo, por suerte, no se dio.

Caprichos internacionales

¿Por qué querías partir?

–Toda loca tiene esos caprichos internacionales. El mundo nuestro es tan inmenso. No conocí ni la mitad hasta ahora. Además el cambio de dólar uno a uno me permitió aceptar la invitación de una amiga para conocer Miami y vivir en su casa. Me quedé casi un año, comenzaron a llegar otras locas trayendo noticias de aquí. La Moira, La Topacio, La Tía Luz. Al principio rodé un poco por la calle porque una tiene que hacer lo que cualquier chica puede y sin arrepentirse. Hasta que empecé a sentir una especie de obsesión por volar a Ibiza. Llegué en pleno verano del 2000. Aunque el furor absoluto ya había pasado triunfé como en un cuento de hadas. Enseguida conseguí dos trabajos que conservé casi una década.

¿Qué viviste en Ibiza?

–Un bar y otro restaurante me contrataron como hostess, o sea, esa especie de recepcionista que divierte y entretiene a los clientes hasta que no puedan más. Una noche conocí al magnífico, encantador, Brasilio de Oliveira, que de inmediato me contrató para ingresar en La Troya Asesina. La fiesta más clásica y mítica de Ibiza, inventada por él. Era hermano de los dueños de la Globo. Había vivido mucho tiempo en Roma, donde también se hacía otra megafiesta, La Vaca Asesina, pero La Troya se hacía en la enorme discoteca Amnesia, a todo trapo. Nunca vi nada semejante. Es la fiesta más icónica de la isla, y ahí estoy yo, que al fin de cuentas también soy algo así, a esta altura, querida.

¿Amores?

–Millones. Pero me casé dos veces. Con un español y me divorcié enseguida y antes de un año con el marqués Alessandro Melli-Lupi, italiano. Nuestro amor duró más de tres años. Fue el único novio que le traje a mi madre. El tenía un piso en Milán y otro en Ibiza. Pero no me gustó nada ese gueto aristócrata. Me volví marxista y ya a esta altura soy una trotskista asumida total.

Después de Ibiza ¿qué?

–En el 2008 me fui sola hacia Londres. Una valija, tres mil euros y este maravilloso cuerpo para dar amor (risas). La etapa española había sido puro hedonismo. Al llegar a Londres fue como saltar de un film de color a otro en blanco y negro. Inglaterra es totalmente otro trip. En España jamás había leído un solo libro durante años. Cuando murió mi padre, por esas cosas locas del destino, casi el mismo día recibí la ciudadanía española que tanto había estado esperando. Así me tocó vivir la peor tristeza y la mayor alegría al mismo tiempo.

¿Qué pasaba en Londres?

–Todo niebla sepia y más lluvia. De inmediato me puse full time a estudiar inglés y de paso terminé la secundaria en la misma escuela donde había dado clases mi admirada Virginia Woolf...

¿Ibas montada?

–No. Normalita. En ese momento sentía que el cuerpo me reclamaba algo distinto, otro cambio. Nada menos que el nombre. Comencé un tratamiento hormonal definitivo.

¿Cómo son las travas inglesas?

–Muy diferentes. No tienen, obvio, esa cosa latina o asiática de la belleza absoluta. Son más como un señor que decide ponerse peluca y las joyas de la abuela. No por esto son menos agraciadas, pero siguen muy masculinas para el típico transexualismo. Lo que esa clínica logró hacerme ver a fondo fue la diversidad en serio. Hasta entonces pensaba que a las travas sólo podían gustarle los hombres, cuanto más machos, mejor. Después de tantas y tan valiosas charlas con los analistas llegué a la conclusión de que también, aun siendo trans, te puede interesar otra mujer.

¿Seguiste estudiando?

–Sí y no bien terminé la secundaria, ya becada muy bien, me anoté en la universidad. Ahora estoy por recibirme de productora en cine y tv. ¿Viste que los hermanos Wachowski, creadores de Matrix y tantas otras maravillas, uno de ellos, Lana, es trans? Y bien, yo voy a terminar siendo una especie de Lana Wachowski o la María Luisa Bemberg travesti, ¿qué me decís?

Acá cambió mucho el tema con la Ley de Identidad de Género.

–Sí, claro, la ley firmada. Pero todavía por la calle la homofobia es insoportable. Además, la carne argentina siempre ha sido digna de exportación por lo buena que está. Y como somos tan vacas a nosotras en la India ni nos comen. Siento que somos hermanxs con x pero tenemos que unirnos cada vez más, si no nunca vamos a salir adelante.

Volvamos a El Dorado, ¿querés?

–Me encanta recordarlo. Al fin de cuentas fue lo que más duró. Me acuerdo de que ya en los ’90 yo tenía un taller que se llamaba La Escuelita de James, mi primer nombre, Sir James. Allí agrupaba a una banda de niños drags como Fiona, que esta noche va a cantar, Selene, Madame Elvira y Charly Darling, aparte de tantas que quisieron tomar clase pero no pasaron ni el test. También vendrán más tarde Betty Maquillaje, La Barbie, tantas. Porque a esta hora –son las dos de la mañana– es demasiado temprano todavía.

¿Victoria Divine, ex Sir James?

–Ex nada. Me puse Divine en homenaje a ella, la diva icónica de Waters y mi madre drag.

¿En que parte de Londres vivís actualmente?

–En Hampstead, el barrio donde vivía el poeta W. Keats. Soy vecina de Emma Thompson, Tim Burton. Me besuqueé con John Waters en una librería. En mi Facebook tengo un mensaje de feliz cumple de Joe Dalessandro. Me tomé unos tragos con Udo Kier, el drácula de Warhol antes de volver, para que me diera suerte.Trabajo en la productora Pimball en Londres.

Haceme una postal de Inglaterra...

–Los ingleses en la cama son de una actitud demasiado pasiva. Les va mucho el crossdressing, aun a machos totales les encanta vestirse de mujer, reventar sus bombachas de satén victoriano. Es como una especie de vicio heredado de Shakespeare. Imaginate la Quentin Crispin, ésa sí que era lo más de lo más. Hace poco salí de paseo por Londres y confieso que me aburrí un poco. Hasta las drogas han cambiado. Después de tantos veranos curtidos en el fragor de Ibiza ya no me pasaría toda la noche arañando el techo.

¿Qué conclusiones tenés luego de este largo camino, muchacha?

–La sensación de haber pasado una parte muy difícil. El infierno ha terminado. Para sacarse esas ideas autoinquisidoras de la cabeza hay que continuar creando en cuerpo y mente. En mí ha habido un cambio de 180 grados. Por ejemplo en la música, que siempre me alimentó tanto. Si ahora tuviera que elegir a alguien, te digo Chavela Vargas y punto. No sé quién es Miley Cyrus, no me llega. No me interesa lo que cante Justin Bieber. Estoy volviendo a mis raíces. Siempre que puedo al levantarme desayuno con María Callas o Billie Holliday.

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Imagen: Sebastián Freire
 
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