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Viernes, 31 de octubre de 2014

TEATRO II

En el campo, las espinas

El corazón del incauto, un melodrama rural donde el deseo se viste de mujer y se desviste en un trío.

 Por Facundo R. Soto

La paja desparramada por el piso, los grillos que no se ven cantando en la oscuridad, y un pequeño altar con una Virgen crean una atmósfera que desde el comienzo no deja respiro, y que con un sólido conflicto atrapa al espectador. La ambigüedad de los personajes exhala un aire de tensión, de algo no dicho que intenta liberarse pero se contiene. El campo, el pueblo, y la religión por un lado. Y el deseo, salvaje y perverso que emerge, y no hay vuelta atrás. Mariano Mazzei que coprotagonizó la película Un año sin amor, es ganador del premio ACE 2003 como revelación masculina y Premio Teatro del Mundo como mejor actor, otorgado por la UBA, construyó un personaje que dice con el cuerpo lo que no se puede decir con palabras. Quizá su paso por el musical Hair tenga que ver con su destreza, a veces desde la inquietante quietud. Georgina Rey, conocida por sus trabajos en El tiempo no para, El hombre de mi vida, Guapas, Farsantes, crea un mundo interno que manifiesta a través de sus gestos, de su mirada concentrada, trabajando cada mínimo detalle con excelencia. Ella es María, la que reza, la esposa sombría del capataz, Honorio, pero también es la hermana de su marido cuando Honorio se viste de mujer. Impecable la actuación de Martín Urbaneja, donde la sordidez, ayudada por Nora Dell Oro en el vestuario, es una de las mejores, o la mejor, que se ha visto en lo que va del año, lo transforma en una inquietante mezcla de Ziggy Stardust y Norman Bates, en el silencio del campo donde los ladridos del perro irrumpen como señal de algo que viene. No es sin su consentimiento, el de su esposa, la que le cose las polleras; hasta el peón de Honorio, Justo, empieza a aparecer con frecuencia en sus salidas al pueblo. Por momentos el humor es tan fino que unx se pregunta si estamos frente a una obra camp, sobre todo en el desopilante momento en que Honorio se desnuda frente a Justo, donde lo inesperado sorprende y se vuelve tan increíble e inverosímil como bizarro, pero enseguida la historia sigue y se hilvana con aceitada perfección, como las polleras que María le sigue haciendo a su marido, pero que ya no tiene sentido volver a ponerse. Martín Urbaneja, que también es uno de los protagonistas de Ante la ley, la película que se centra en la nouvelle de Carlos Correas La narración de la historia, y que cuenta la historia de un levante callejero por parte de un estudiante universitario a un “morochito” en la estación de Constitución, hace eco en esta obra, donde también la política, las clases sociales y el sexo se unen. Acá es el terrateniente el que seduce y embauca a su peón, para su propio fin, que también es el de María. Ella es parte de ese juego de travestismo, ya que se vuelve condición de goce para la excitación del sombrío matrimonio, con la esperanza de poder hacerle el hijo, que nunca llega. Pero en un momento todo se derrumba, ¿o se construye? Y la pregunta por el deseo sigue abierta.

El corazón del incauto. Martes a las 20.30, Hasta Trilce, Maza 177

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