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Viernes, 12 de diciembre de 2014

SANTIAGO DEL ESTERO

Nunca más

El asesinato de Pamela Moreno fue brutal, con esa saña que equipara los crímenes contra travestis. La respuesta de amigas, militantes y familia rompe esa inercia e interpela a la complicidad social.

Al cliente en cuestión le gustan las motos, sobre todo las Harley Davidson; y si tienen el tanque de nafta tuneado con calaveras y llamaradas, mejor. Alto, fornido, grandote, posa imponente en las fotos de su perfil de Facebook, con un look que evoca a un nazi hecho y derecho. Ario, alto, rubio de ojos claros, dice ser ingeniero agrónomo egresado de la UCA, casado. Se lo conoce en el ambiente del rock santiagueño como un gorila homofóbico y golpeador, y está acusado de haber golpeado y agredido hasta la muerte a la compañera travesti Pamela Moreno. Luego de haberle roto varios dientes y destrozarle nariz, él –o quien haya sido– colocó el cuerpo inconsciente de Pamela sobre la ruta para poder pasarle por encima a lo largo de su cuerpo, pero no lo logró: sólo pudo desde la rodilla hasta el hombro, como una macabra banda de reina de belleza, según cuenta Luisa Lucía Paz, la referente de ATTA en Santiago del Estero. “La pasó por encima una vez y volvió marcha atrás, por eso la autopsia habla de que su carne tenía lesiones de arrastre”, recuerda.

La activista por los derechos Glttbiq de la ciudad de La Banda, Pamela Ordóñez, recuerda a su tocaya: “El viernes 5 hicimos una marcha reclamando justicia, acompañando a la mamá de Pamela. Y para mí fue muy fuerte escuchar a una madre hablando de su hija, del amor de su vida: sabiendo que era una trabajadora sexual, esa señora no tuvo problema en caminar descalza, pidiendo por el esclarecimiento del caso”, recuerda Pamela, quien está al frente de la Oficina de Diversidad bandeña. Entre familiares, amigos y vecinos se escuchaba decir que Pamela Moreno era buena compañera, excelente persona, que estaba feliz en pareja y que se llevaba bien con su familia, con quien compartía almuerzos y cenas. Por su historia personal, Pamela asegura que fue muy doloroso escuchar decir a la señora Sandra Gómez: “Me robaron el amor de mi hija, me dejaron sin nada”.

A Luisa Paz le resultó llamativo el buen tratamiento de la noticia en varios medios provinciales: “Fue nombrada del modo correcto, según figura en su cambio de DNI, y los pormenores del caso fueron tratados con respeto en líneas generales”, admite.

Para dar con el presunto asesino –quien, según los medios de comunicación, tendría los brazos con marcas compatibles con las de una pelea–, la policía contó con los datos aportados por las compañeras travestis de Pamela, ya que el cliente era conocido, pagaba muy bien y era un “coloqueta”, según palabra textual usada por Luisa Paz.

Como si fuera una jugada del destino, el pasado lunes 8 de diciembre, Día de la Virgen, hallaron muerto en su celda a Pablo Peralta, asesino de Ceci Montenegro, otro crimen de odio hacia la comunidad travesti y transexual en Santiago del Estero. Peralta cumplía una condena de 19 años de prisión.

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