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Viernes, 10 de abril de 2015

CUERPO NO HUMANO

Juguetes rabiosos

Dos nuevos dildos en el mercado causan revuelo y respuestas socarronas: un dildo eyaculador y un vibrador que permite sacarse selfies vaginales. Más allá de los enfoques que retratan estos lanzamientos como noticias bizarras, ¿cuál es la potencia subversiva detrás de los juguetes sexuales que ahora vienen también en versión inteligente?

 Por Laura Milano

Stephanie Berman creó Semenette, un dildo que permite realizar una inseminación artificial casera. Gracias a este simpático aparato, ella y su esposa pudieron concebir a su hija Isabella. Semenette actúa por medio de un sistema de bombeo similar a las jeringas para rellenar pavos y permite realizar inseminaciones en el hogar sin necesidad de recurrir a un doctor (de hecho, la firma ha producido un instructivo tutorial para demostrar cómo utilizar el producto que ya tiene más de 76.000 visitas en YouTube). En la web de Semenette se invita a usar el producto para “imitar el sentimiento y la experiencia de la eyaculación tradicional en la privacidad de su propio hogar mientras obtiene un poco de diversión”.

A tono con el auge de las selfies, el segundo dildo que salió al mercado permite a sus usuarias hacerse “autorretratos vaginales”. El vibrador Gaga Svakom cuenta con una cámara de alta definición en la punta que permite registrar lo que está sucediendo en el interior del cuerpo de la mujer durante la masturbación. Para ver las grabaciones o transmitir en directo se debe conectar el cable del vibrador a cualquier dispositivo electrónico que cuente con una ranura USB. También se puede transmitir la grabación intravaginal por medio de FaceTime, la aplicación de telefonía con video para el iPhone, iPad, Mac y iPod touch. Posee una cámara con flash de luz LED para iluminar el interior y así poder tener una mejor imagen.

Desde la máxima que dice que el sexo sin pene no es sexo hasta aquella que afirma que el dildo es una reproducción del modelo patriarcal y fálico en la sexualidad lésbica, las opiniones en torno del mundo-dildo apuntan contra estos productos al tildarlos de imitaciones del pene. Como si estos preciosos objetos actuaran para nosotrxs como sustitución de una falta, como reemplazante plástico de un órgano masculino que hace a la “verdad” del sexo. Pero lo cierto es que no: los dildos no están aquí como reemplazo ni imitación de nada.

¿Será que detrás de estas opiniones en contra de los dildos hay un golpe al ego fálico? Lo cierto es que estos dispositivos –como reza el slogan del dildo eyaculador— “son mejores que el verdadero”. Puramente tecnológicos y ajenos a la posibilidad de igualarse, los dildos se transforman permanentemente corriendo siempre detrás de la novedad y la posibilidad de innovación en el mercado de los juguetes sexuales: nuevas apariencias, tamaños, diseños, texturas, velocidades de vibración, con dispositivos eyaculadores, arnés, regulación de la temperatura, comestibles; o en sus versiones “inteligentes” con cámara de video, luces LED, conexión USB, etc. Pero el dildo también puede ser do it yourself/hazlo tú mismo y convertirse en una creación autogestiva con elementos que encontramos en la casa. También pueden devenir dildo diferentes partes del cuerpo: manos, brazos, pies, codos, lenguas, dedos. Las posibilidades son infinitas, justamente porque no estamos imitando nada sino creando formas que se amolden a nuestros deseos.

Además, ¿por qué pensar que los dildos son sólo productos para mujeres solteras, lesbianas o transgénero FTM? Nuevamente, porque se piensa que algo nos falta. Sin embargo, los dildos son usados por múltiples corporalidades para infinidad de usos y exploración de los placeres. Lo cual habla no de un ausente sino de una multiplicación de experiencias sexuales a través de un dispositivo tan horizontal e igualitario a todxs, para penetrar y ser penetrados.

Para leer mejor el porqué de los dildos en nuestras camas, vale mejor pensarlos como aparatos que evidencian la artificialidad de todo lo que consideramos natural y central de la sexualidad. Paul B. Preciado, en su Manifiesto Contrasexual, afirma que “la invención del dildo supone el final del pene como origen de la diferencia sexual”; es decir, a partir del dildo puede deconstruirse al pene como órgano sexual activo y central de la sexualidad en un sistema hétero. Porque si sacamos el pene del centro de la escena, ¿qué es la masculinidad?, ¿qué es el sexo? Estos son los interrogantes que escribe el dildo con su punta redondeada y plástica y que nos permiten acceder a formas disidentes de pensar y vivir la sexualidad.

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