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Viernes, 2 de mayo de 2008

ENTREVISTA > ROBERTO PIAZZA

Yo soy mi propia mujer

Dice que si abriera la boca la farándula temblaría, por eso la usa sólo para hablar de él. Para describir sus diseños de alta costura alcanza con una palabra: exceso. Además, el hombre canta, produce sus propias obras de teatro y planea ponerse en la piel de Paco Jamandreu, el único antecesor que reconoce. Aquí, miedos y alegrías de un sobreviviente de su generación.

 Por Marta Dillon

¿Cómo fue ser un pionero del coming out?

—Pionero fue Paco Jamandreu, pero después vengo yo. Y eso que a Paco lo tenía que sacar Evita de la cárcel a cada rato. Yo lo hice de loco, de histriónico, pero ya nadie me iba a matar por eso. En realidad mi gran audacia fue decir que todos los diseñadores de moda son gays.

¿Sin excepciones?

—Si querés podemos dejar un dos por ciento librado al azar. Y sí, también está Calvin Klein que es un reventado, fiestero, cualquier cosa, pero yo te estoy hablando de vestidos como éstos (señala a su alrededor unos percheros rebosantes de brocados, perlas, corsets y vaporosos volúmenes). Todo lo que ves en esta casa, todo es femenino, la moda es mujer, el arte es mujer, el mundo es mujer, siempre fue así, desde el génesis y todo lo que ves acá es femenino y yo tengo que saber lo que siente y piensa una mujer.

¿Vos decís que los gays saben lo que siente una mujer? Me permito la duda...

—Totalmente. Yo sé de tu sensibilidad, de lo que te gusta como mujer, vos entrás acá como clienta y yo sé positivamente el objetivo que estás buscando, para qué querés el vestido, a quién querés gustar, qué querés con tu marido, todos los secretos que no te animás a decir.

Estás pensando en una mujer heterosexual...

—Ya sé que hay miles de mujeres, pero a la hora de ser una novia todas quieren lo mismo. A la hora de querer entrar a una fiesta y sentirse divinas, todas quieren lo mismo. Mis amigas lesbianas también, en otro estilo... Una vez logré que vengan a una fiesta de largo y tacos altos ¡me he reído tanto! Nunca más, ellas de pantalón con una blusa linda pero nada de tacos.

¿Nunca intentaste vestir hombres?

—Nooo, para mí el hombre es un objeto sexual total y absoluto. O negocio, o plata.

De amor ni hablar.

—Sí, me he enamorado algunas veces y ahora estoy con alguien... pero entre dos hombres es complicado. Porque el hombre es infiel, al hombre le gusta coger.

A nosotras también.

—Bueno, pero a ustedes les alcanza con la pareja en cambio el hombre quiere coger con vos, con aquél, con éste, con el otro, con ella, conmigo. Y yo soy así, incluso soy machista, aunque trate de controlarme.

¿Machista dentro de la pareja?

—Sí, por eso es difícil. No dejo de ser un hombre, no soy la mariquita mujerona, ese concepto que tiene gente como Lucho Avilés que me hizo la discriminación. Yo no soy eso, soy un hombre que me gusta un hombre. Nada más. La mujer es sensualidad y el hombre sexualidad. Si ponés una mina en bolas en un escenario es una escultura, un tipo en bolas es porno. Por eso en las esculturas clásicas los hacían con penes chiquitos.

Bueno, tal vez engañaban en posición de descanso.

—Yo los he puesto con la pija parada en un desfile, un demonio con una de cuarenta centímetros caminando entre las modelos. Pero ahora es todo más tranquilo, más armonioso.

¿Eso porque estás más grande?

—Eso porque en el año 2000 cambió mi vida, hice un crac para bien. Se me acumuló todo, desde abuso sexual infantil hasta la discriminación. En el 2000 volví a intentar matarme por cuarta vez.

¿Seriamente?

—Siempre fue muy seriamente, desde la primera vez, a los 15. Es que desde los seis sufrí abuso sexual por parte de un familiar directo. Y tenés que sumar un padre abandónico, una madre ausente y alcohólica pero divina... una vida bastante complicada pero muy dual, porque tuve la fuerza de llegar a ser quien soy. Y eso que me metí en alta costura, que era un terreno de batalla para un pibe como yo que en esa época era más callado. Ahora tengo 49 años y digo lo que se me cantan las pelotas a quien sea, total qué me importa, antes me quedaba callado por miedo, aunque los miedos los vas arrastrando, desde que era chiquito hasta hoy.

¿Miedo a qué?

—Mis miedos nacen desde el abuso, y también por tener un padre discriminador y machista que me legó un mandato al fracaso permanente. Si bien yo hago terapia hace muchos años, cada vez que me voy a dormir yo me encuentro con el infierno. Siempre.

¿Todo te remite al abuso?

—Y sí, y el miedo al fracaso. Por eso yo no tendría que haber entrado a Cantando por un sueño, yo no puedo competir, si yo compito conmigo y me golpeo solo.

¿Qué fue lo que te enojó tanto de lo que dijo entonces Lucho Avilés?

—El tipo me trató en femenino, hizo una parodia de mí como si fuera un afeminado, me dijo que estaba gorda, vieja, fea, pasada de moda, todo lo que se te ocurra, todo lo que me decía mi papá en definitiva. Por eso me paralicé, quedé en el medio de ponerme a llorar o agarrar al tipo del cuello. Igual voy a llevar el juicio hasta las últimas consecuencias. Ya arreglé con Ideas del Sur porque me pidieron disculpas y van a anunciar mis desfiles en el programa, pero a Avilés no se la voy a perdonar.

¿Nunca se disculpó?

—Nunca, y me dolió mal. Por la exposición pública y la lastimería de la gente. Tengo más de 10 mil mails de gente que me apoya pero es todo lástima, lástima, lástima... y así no puedo trabajar, las mujeres que entran a una maison vienen a buscar belleza, frivolidad, alegría, no alguien que da lástima. Y eso que yo le pedí disculpas a Avilés por haberlo insultado, pero él no, él siguió hablando hasta que lo pararon los abogados. En fin... un poco de pena me da, es una loca chimentera.

¿Por qué serán tan homofóbicos los programas de chimentos que están llenos de gays?

—¿Viste vos? Es raro, pero los capitalistas y los productores los buscan porque tienen una chispa que no puede tener otra persona, entonces tienen esa ironía que nos salva de tantas cosas... y la hacemos bien, imaginate si a mí me llamaran para hacer chismes, ¡mamita, no queda ni la perico parado! Dejá, prefiero seguir llevándome bien con todo el mundo, y si son gays mejor, porque además yo estoy en la lucha antidiscriminación desde hace años, desde que puse a mujeres gordas, viejitas, discapacitadas...

¿Otra belleza o freaks?

—Una mannequin con un vestido veo belleza pura, como si fuese un cuadro. Cuando veo una señora de 85 años vestida, maquillada, peinada y demás me emociono, sobre todo si esa abuelita, esa madre o esa tía que no tengo está contenta, es como que ahí puedo ver la belleza interior. Para mí el placer máximo era vestir a mi madre.

Hay un estereotipo clásico que dice que los gays están enamorados de su madre.

—Y sí, esa es la ley. Ahí está el secreto, es el edipo. Es que si vos no hacés el patricidio no podés hacer el matricidio y si no hacés el matricidio seguís enamorado de tu madre y sos gay. Yo el patricidio no lo hice, lo hice recién hace muy poquito.

¿Y ahora cómo es tu familia?

—Ahora mi familia es mi amigo Mario, y mi pareja con el que llevamos ocho años...

Para no poder estar con un hombre parece mucho tiempo...

—Ya es incesto, te diría... y después está mi perra y mis amigos. Igual no soy muy familiero ni de andar juntando gente. Para mi cumpleaños sí porque me conviene.

¿Por qué?

—Porque hago fiestas de 500, 600 personas, invito a la farándula, a mis clientas millonarias ¡y me regalan de todo! Aunque para los 50 va a ser como un velorio, todo de negro. Odio ese numerito inmundo. Mejor pienso en casarme.

¿Lo harías?

—Claro, me lo sugirió la (María José) Lubertino y lo estoy pensando seriamente, sería un gran golpe. Porque además es lo mismo, si él forma parte de la sociedad, compramos la casa juntos, tenemos casi todo juntos (y también por separado, por si acaso)... ya tengo preparado todo para mi herencia por las dudas que me caiga algo en la cabeza y mi familia se quiera llevar todo.

¿Tu pareja es tu heredero?

—Mi pareja en parte y mi amigo Mario otra parte, él hace 30 años que vive conmigo, es de Santa Fe como yo y está solo, y bueno, repartimos los bienes entre los tres, se muere uno y heredan los otros dos. Somos tres putos... solos.

¿Cómo te imaginás la boda?

—Un golazo, porque aparte se lo pienso vender a alguna revista ¡claro!, ¿sabés el puterío que voy a armar yo con eso? Y sí, tengo que agradecerle a la vida estar donde estoy a pesar de todo, he pasado por tantas cosas... y mi generación sobre todo.

¿Muchos amigos muertos por el sida?

—Te diría que el 80 por ciento, sí. Soy un sobreviviente en todo sentido, por estar vivo y por ser Roberto Piazza.

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Imagen: Juana Ghersa
 
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