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Viernes, 8 de abril de 2016

A LA VISTA

A cuatro tetas

Son dos mamás. Una gestante, la otra no. Las dos deciden amamantar a su bebé. Pueden hacerlo y lo hacen. La que no es gestante, ¿merece el derecho a una licencia para amamantar? Guía práctica para responder a esta pregunta.

 Por Paula Jiménez España

Tras cuatro meses de tratamiento y un par de consultas para asesorarse en la Defensoría LGBT, Luciana Bustamante, que es madre no gestante, juntó coraje. Lo que tenía que hacer era ir a la empresa de químicos donde trabaja y pedir su correspondiente licencia para amamantar a Martina, su hija recién nacida. En la empresa se quedaron con la boca abierta al escucharla y, con alguna dificultad para emitir palabra, intentaron negársela. Guiados por su razonamiento binario, los jefes y compañeros de Luciana -mayoría de cis hombres- esgrimieron una razón insólita que supusieron imbatible: ninguno de ellos había solicitado licencia para darle la teta a sus bebés (imagínense que si lo hubieran hecho, esta nota sería muy otra). “La primera reacción que tuvieron fue decir que el tiempo de lactancia es para la mamá biológica -cuenta Luciana- y argüían cosas como: yo fui padre y no tuve esa licencia. Les tuve que volver a explicar que yo no había sido padre sino madre y que el tiempo de lactancia me correspondía igual que a cualquier mujer porque no soy una mujer diferente”. Sin embargo, aunque diga que no, sí se percibe en ella una diferencia que no consiste en lo que seguramente dejó perplejo a los empresarios, sino en la inhabitual pasión que expresa al momento de hablar de su proceso de amamantamiento. Este deseo se empezó a gestar cuando su pareja quedó embarazada finalmente, tras siete intentos. A partir de entonces y durante un tiempo, Luciana no lograba dar con ningún médicx que la pudiera orientar porque a todxs lxs que fue a consultar su propuesta “les parecía medio rara” (algo inexplicable cuando se suelen hacer estimulaciones para aumentar el nivel de prolactina y producir leche en las madres adoptivas, es decir, no biológicas). Fue entonces cuando apareció la doctora Alejandra Marina Mercado, una médica de un barrio periférico de la ciudad del Neuquén, con la que Luciana se contactó a través de su blog. Alejandra, de modo totalmente gratuito, la acompañó en este proceso al que ella describe con un goce maravillado, sucedáneo al de haber parido. “Yo me retiraba diez minutos leche de cada mama, al principio lograba sacar tres o cuatro gotas, pero aún así sabía que había casos de madres no gestantes que habían podido. Primero no lograba demasiado, pero con la ayuda de la médica, pude. Y la verdad es que es algo muy hermoso. Yo no atravesé el proceso de gestación pero el de amamantar me parece super lindo, quería que mi cuerpo pasara por esto. El día que nació mi hija –yo presencié el parto– el obstetra me preguntó si había logrado realizar el tratamiento y en ese mismo instante me la puso en los brazos. Diez minutos después de nacer le estaba dando el pecho. Ahora Martina tiene un mes y veinte días y está preciosa: toma cuatro tetas”.

Por su parte, en la empresa la cosa no fue tan difícil porque, según Luciana, fueron el desconocimiento o el desconcierto y no la mala voluntad lo que les hizo disparar esa primera respuesta. Poco después de su planteo, tras asesorarse, el grupete de químicos aprobó la licencia y entendió los límites con los que hasta allí habían interpretado esta parte de la Ley del contrato del trabajo, que reza que “Toda trabajadora madre de lactante -‘toda’- podrá disponer de dos (2) descansos (…)”. A criterio de Luciana lo que con esta ley se ofrece no es lo óptimo: “Por momentos es insuficiente el tiempo que se otorga de lactancia. Lo que te dan en la empresa, como a cualquier madre, son dos descansos de treinta minutos, previo al ingreso o retirarte antes. Aun así cada tres horas tengo que ir a sacarme leche, si no lo hace el bebé naturalmente lo tenés que hacer vos. Este tiempo debe otorgársele a la madre durante un año y si el médico lo recomienda seis meses más. Calculo que es para todos los convenios igual”. El caso de Luciana es, al menos dentro de lo que hasta aquí se ha visibilizado, el primero en plantear el intríngulis de esta ley que según explica María Rachid, es confusa: “Nosotros, desde la Defensoría, presentamos dos proyectos, uno en ciudad y otro en Nación para corregirla”. Por ahora, mientras esperamos que se modifique y que la sociedad se siga aggiornando a la existencia de las nuevas maternidades, tal vez haya que seguir explicando que una madre no es lo mismo que un padre y que los varones biológicos no suelen dar la teta.

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Imagen: Sebastián Freire
 
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